Recientemente
fui a ver la exposición de José Ramón
Amondarain, tras un largo paseo por Madrid, por zonas que aun llevando toda
la vida viviendo en esta ciudad no conocía, encontré la galería Max Estrella
donde se hallaba la muestra “Amar Gana”. El nombre de la galería al verlo
simplemente me gustó ya que me recordaba al protagonista de una de mis obras
literarias favoritas de Valle- Inclán, “Luces de bohemia”, esto ya me
predispuso a tener una buena actitud hacia la exposición. Este sentimiento no
cambió cuando entré en la galería, ya que a pesar de no comprender habitualmente
el arte contemporáneo, caí rendida a los pies de Amondarain al ver tal
exhibición de conchas, lo que me recordaba a mis veranos de niña en la playa,
parecía sentir una brisa marina cargada de recuerdos. A medida que me adentraba
en la exposición recordaba como de niña recogía todas las conchas que me
encontraba y las guardaba, aunque nunca con un fin simplemente eran bonitas,
comencé a preguntarme si podría haber sido una artista con mis conchas como el
autor con las suyas.
Es posible
que con la idea de recoger esas conchas con distintos nombres de personajes
célebres como Picasso o Duchamp entre otros, como si fuesen retratos, es
simplemente un juego para el autor, que pretender romper con la seriedad de los
retratos, haciendo ver que cada retrato tiene el simbolismo que tú le quieras
dar pero siempre es lo mismo en el fondo, en su obra son diversos tipos de
caracolas o conchas pero al final son lo mismo, moluscos, otra característica es
que esos moluscos que el fotografía son inertes, es decir que los moluscos son
perecederos, bajo mi punto de vista está jugando con una cuestión, la idea de
que todos morimos y que tú puedes ser retratado y al morir el retrato seguirá
dándote vida. Es posible que me deje llevar por mis propias reflexiones pero
también creo que al elegir elementos marinos, con nombres de personas, deja
entre ver la idea de que la vida son ríos que van a dar a la mar que es la
muerte. Aunque también puede ser una provocación a que el espectador interactúe
con la obra al recordar, al igual que yo lo hice, esos recuerdos de vacaciones
en el mar.
Al principio
al ver esos nombres tan significativos bajo las conchas intentas darle algún
sentido o relacionarlos, pero poco a poco te das cuenta de que es un juego no
tienen relación los nombres y las conchas, simplemente tiene el sentido que tú
le quieras dar, como cuando haces un castillo de arena decorado con conchas, a
cada conchas le das una función una puede ser una ventana de un torreón o
simplemente una decoración más, lo que también puede llevarte a pensar, debido
a la personificación de las diversas caracolas, ¿somos simple decoración en el
gran castillo de arena que es el mundo?
Esta
divertida y desenfadada exposición no dejó de sorprenderme, ya que tardé un
rato en darme cuenta del anagrama que formaba el propio nombre de la
exposición, pero al darme cuenta pensé que Amondarain debía ser divertido e
ingenioso. Acto seguido entre en otra sala en la que el artista jugaba con nombres
de algunos personajes para crear una frase totalmente aislada del personaje, el
ejemplo es amar gana y su significación, anagrama, al igual que los nombres de
muchos otros artistas como Andy Warhol y su anagrama equivalente: hold any war.
Al fin y al cabo creo pienso que no es más que una llamada de atención a la vez
que una apelación a nuestro intelecto. Esta muestra del artista nos hace ver que
es alguien divertido, ingenioso y capaz de romper con la realidad y la sobriedad
de forma sutil y elegante.
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