miércoles, 13 de noviembre de 2013

"Impresiones." Critica de la exposción "Seda de Caballo de Manuel Vilariño. Elena Sanz Sánchez


 
IMPRESIONES.
 
Desolación, miedo, frío, muerte, acabados imperfectamente perfectos… Sutileza contenida y desmoronada al mismo tiempo… Pero también belleza y calma, buena soledad y extrañezas positivas. Sensaciones frías y calientes arrejuntadas, con un orden desordenado. Ganas de salir corriendo y de quedarte… Todo esto es lo que el artista Manuel Vilariño consiguió transmitirme en su “Seda de caballo.”, expuesta en la antigua Tabacalera de Madrid.
Un espacio tan abrumadoramente mal conservado que engancha. Oscuridad y desconchones te adentran en un mundo bestial y único, tenebrosamente bello que te invita a pasear por sus pasillos y recorrer sus diáfanas salas con desconfianza pero también con un sabor dulce y expectante en los labios.
Gran elección.

                Las paredes de Vilariño, plagadas de fotografías con una excelente calidad artística, dejan entrever el perfume de la dama de negro que al artista le ha tocado aguantar (sin taparse la nariz) recientemente. Su Julieta muerta es tu acompañante en todas las salas de la exposición. De ahí viene posiblemente la inspiración, de ese olor a la muerte de una amada.


                La primera impresión que nos llevamos de Vilariño es la montaña de cúrcuma, que transporta al artista a su juventud, en la India. Para él tiene tintes olorosos contrapuestos a la muerte. Impregnante.
En contrapunto, la Tabla BWA… Inquietante. Multimedia. Un juego con la muerte, en damero… ¿Quién puede realmente jugar con la muerte? ¿Alguien es capaz de ganarla?

                Y ya de lleno en la exposición, tras el juego mortal de la pantalla… Me di de bruces con un panel plagado de diferentes animales que me miran fijamente, pájaros oceánicos con intenciones e inteligencia casi humanas… ¿Reflexiones sobre las antiguas bestias medievales, quizás? El término “Gorgona” se me viene a la cabeza… El desnudo que te provocan es algo sobrehumano, enfermizo, aterrador, electrizante, adictivo… ¿Qué pretende con esto el artista? “Petrificación” diría yo.

Avanzas. Pasas de lo animalístico a lo humano… Ó mejor dicho, a lo post-humano. Cráneos, músculos, huesos numerados… Y animales muertos. Transgrediendo así la naturaleza muerta, sosa, sin vida… Noche y piedra.


                Y otro panel más, si cabe más impresionante que el anterior. Artefactos industriales y animales mutilados… Dos conceptos sin relación aparente. Pero, ¿por qué no juntarlos? Es un encuentro fortuito que, es este caso, ha resultado. Queda bien. Y ya está.
Los objetos usados expresan su contemporaneidad simplemente. No hay que pensar, y eso a veces está bien.

                De pronto y sin querer te encuentras con “Abada”. Distorsionado. Oscuro. Nebuloso. Mitológico. Bello. Estos son los restos de este rinoceronte.

                Más paneles…  imágenes de animales fallecidos, paradisiacos, donde se ha evitado la putrefacción con un simple “click” (¿Sabrían esto los de Kodak en sus inicios?) Éstos, rodeados de coloridas especias (“comida igual a vida”), presentan una tentadora contradicción, como estar entre la luz y las tinieblas al mismo tiempo. Múltiples colores, nuez moscada, nuevamente cúrcuma… Todo engendrando la metamorfosis de la materia.

Y cruces de pimentón con animales muertos, y sellos, y fragmentos óseos con cableado… No tengo palabras.

              ¡Por fin! Seda de caballo… Salvaje, bosques, cedro…Una bola gigante de madera y pelo de ese desbocado animal. Aporta olores, significados latentes de lo que retrata la retrospectiva del artista.

                Bodegones contemporáneos nos evocan a bodegones barrocos, clásicos españoles. Velas. Velas como posible signo de la existencia humana, que se consume lentamente… Muerte.

                Montañas negras, nubes blancas. Auroras antes del amanecer… María Zambrano debería de estar bien orgullosa. Resultan unas fotografías tremendamente bellas, a mi juicio. Simulan ese despertar que todos anhelamos…
Y playas, acantilados negros. Quietas, ruidosamente silenciosas, poéticas… Serenidad, quietud. El final de lo humano como animal y el principio de lo sobrehumano. Sobrecogedor.


 

               

 “En la campana de la noche hay un búho dormido,

                 una llama
                                   ceniza
                                                    nada.”

Soledad, nocturnidad, desolación, muerte… Esto es lo que te llega si estás atento.




Elena Sanz Sánchez.

No hay comentarios:

Publicar un comentario