M. Luz Souto – Seda de Caballo
│ Manuel Vilariño
Cuando el pasado sábado
abandonaba el Espacio Promoción del Arte en Tabacalera, la
Antigua Fábrica de Tabacos en Madrid, me vino a la memoria una frase del
recientemente fallecido Arthur
C. Danto, gran filósofo y crítico del arte y uno de los más influyentes en el
posmodernismo, que afirmaba: “la belleza, para el arte, es una opción, no
una condición necesaria”. La decadencia del edificio y su mal estado de
conservación junto con la suciedad que en estos días se acumula en las calles
madrileñas se sumaron también para reflexionar acerca de esta frase de C. Danto
para encontrar un significado a de la exposición Seda de Caballo de Manuel
Vilariño (A Coruña, 1952) fotógrafo, poeta, pintor,
inventor de realidades,
Premio Nacional de Fotografía 2007.
Sorprendida desde el
comienzo del recorrido no sólo por la oscuridad de la primera sala solo
iluminada por una gran pantalla donde aparecen y desaparecen imágenes que luego
me volvería a encontrar, sino más bien por el sonido que se escucha y que hasta
no leer el cartel que lo explica no supe que se trataba del sonido de las
ballenas; sin dejar de mencionar la montaña de “cúrcuma” palabra que tuve que
buscar después en el diccionario para saber su significado; me adentré por las
diferentes naves de la antigua fábrica para poder realizar esta crítica,
encontrándome fotografías en blanco y negro de cabezas de pájaros cuya mirada
parecían que observaban a los visitantes para saber cuál es la reacción de
éstos al contemplarlos y si entendemos lo que su autor nos quiere transmitir. Más
adelante aparecen fotografías que me transmiten una rara sensación, quizá son
los pensamientos de Vilariño ya que en ellas aparecen unidos a la mente humana seres
del mundo animal y vegetal muertos, testigos de la naturaleza muerta que tanto caracteriza
a este autor.
También me encontré con
borrosas fotografías de un rinoceronte y un búho expuestas en solitario sin
llegar a entender que sensación me producían aparte de la impresión de que
estaban desenfocadas a propósito para incitar algo pero no llegué a saber el qué.
Continuando por las
diferentes salas destartaladas por el paso del tiempo, me volví a sorprender
por el contraste cromático de un panel de fotografías pero que me provocaban un
desagradable rechazo al ver animales muertos, como si hubieran sido
sacrificados sin entender el mensaje que conlleva esta composición. No se pero quizá
el símbolo de la cruz o el escapulario que aparece junto a un cocodrilo, de las
velas, nos indican la relación de este mundo terrenal con el mundo del más allá,
una estética que es frecuente en la obra expuesta de este creador pero que me
cuesta trabajo entender.
Llego hasta la obra que da nombre a la exposición, Seda de Caballo,
un inmenso ovillo hecho a base de crin de caballo de diversas tonalidades,
proyectándose sobre la pared
poemas que encierran el mensaje que su autor nos quiere transmitir, pero
lamentablemente no encuentro ninguna relación con esta gran esfera forrada de pelo, como si fueran extensiones.
Fotografías de montañas
negras con nubes blancas, paisajes marítimos rocosos, acantilados, naturaleza pura
como referencia a su tierra de origen; también naturaleza viva en directo a
través del video donde aparece el autor como parte de ella, mar, rio, montes,
vegetación, como si fuera una deidad céltica gallega, significando su contacto
con la naturaleza, plantado un árbol como símbolo de vida, provocando un
contraste en el visitante debido a que lo que ha visto hasta ahora es
naturaleza muerta, quizá sea, como apunta el comisario de esta exposición
Fernando Castro Flórez “ … habla de una nostalgia de la belleza que le
obliga a mantenerse en vecindad con la muerte …..”
Buscar conexiones, relaciones,
simbolismos, mensajes de este autor a la hora de escribir sobre esta exposición
era algo inalcanzable para mí, pero he llegado a entenderle un poco mejor
cuando escuché las explicaciones que Vilariño hace sobre ella y he aprendido
que nunca es tarde para entender otra opción de Arte Contemporáneo.
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