lunes, 18 de noviembre de 2013

La marcha del millón de hombres

por Sara Rodríguez Canal.

“La educación no se vende”, “contra la educación mercantil”, “por una vivienda digna”, “no a los desahucios”, “no al paro”, “malditos aquellos que defienden al trabajador con palabras y lo traicionan con hechos”. Estos son algunos ejemplos de algunas frases que recorren las calles de nuestro país día a día desde hace demasiado tiempo ya. En manifestaciones, en pancartas, en redes sociales… se puede comprobar el descontento de la población en general con los desahucios,  las leyes en la educación o el paro, entre otros. El optimismo baja mientras el descontento sube. Gente querida a la que tenemos que decir adiós y ver marchar para que puedan tener un futuro.
En la exposición de Florentino Díaz, se puede apreciar claramente este ambiente. Al entrar puede que estés un poco desconcertado, contrariado. Hasta que poco a poco se empieza a apoderar de ti esa sensación que vives en casa o en el colegio, ese sentimiento  para con la sociedad. Ese cabreo descomunal y ese malestar que te retuerce el estómago porque por más que intentas hacer cosas para mejorarlo, a veces incluso empeora. ¿Cómo poner fin a una situación así?
En esta exposición, con un tono crítico y humorístico a la vez, se puede ver reflejado el sentimiento que inunda el país. Como poco a poco algo que nos parece familiar carece de sentido, como una casa embargada, en ruinas. Se pueden seguir los pasos, escultura tras escultura,  que la llevan hacia la ruina, como al país. Ocurre lo mismo en el ámbito escolar, en las aulas de colegio, institutos y universidades. Pero antes de pasar a este ámbito quiere dejar claro algo que está día a día en boca de todos: “soy español y estoy en paro”.
Todas las obras están hechas de restos, de cajas por ejemplo, de materiales reciclados. En muchas de las cajas podemos observar mensajes, publicidad, el nombre del contenido…  Su exposición, denominada La casa desolada cuenta con unas iniciales que son L.M.D, que concuerdan con las iniciales de la Bolsa de Metales de Londres. Esta fue un resultado directo de la revolución industria y, además, proporciona el foro global para todos los que deseen manejar el riesgo de los movimientos futuros del precio en metales y plásticos no ferrosos, extraña característica ya que la mayoría de sus obras son en madera, aunque hay un par de ellas en metal.
Volviendo al tema de las aulas, podemos ver la decadencia de estas, en una de ellas con la palabra “arte” escrita en mayúsculas. A la vez, en la mayoría de las obras podemos ver una figura de gran nariz y en alguna ocasión con bigote. En los títulos de las obras podemos ver que es una alusión al famoso personaje de comic Filemón, aunque, en mi opinión, puede referirse en el fondo a los culpables del estado del país y de la sociedad.

El autor ha recurrido a un tema palpitante en estos momentos que mueve a grandes masas de gente, algo cercano con lo que todos nos sentimos identificados y con materiales que podemos encontrarnos día a día en nuestra vida, aunque no prestemos atención.  En esta exposición podemos ver una verdadera muestra de rebeldía, de inconformismo con lo que nos rodea. Nos hace ponernos de pie y luchar por lo que creemos, no dejarlo derrumbarse. Hay que estar al pie del cañón porque, al fin y al cabo, es nuestro país, nuestro hogar, donde hemos nacido y queremos un mejor futuro para las personas que lo forman.  Con poco puede llegar a expresarse mucho. 

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