por Sara Rodríguez Canal.
“La educación no se vende”, “contra la educación mercantil”,
“por una vivienda digna”, “no a los desahucios”, “no al paro”, “malditos
aquellos que defienden al trabajador con palabras y lo traicionan con hechos”.
Estos son algunos ejemplos de algunas frases que recorren las calles de nuestro
país día a día desde hace demasiado tiempo ya. En manifestaciones, en
pancartas, en redes sociales… se puede comprobar el descontento de la población
en general con los desahucios, las leyes
en la educación o el paro, entre otros. El optimismo baja mientras el
descontento sube. Gente querida a la que tenemos que decir adiós y ver marchar
para que puedan tener un futuro.
En la exposición de Florentino Díaz, se puede apreciar
claramente este ambiente. Al entrar puede que estés un poco desconcertado,
contrariado. Hasta que poco a poco se empieza a apoderar de ti esa sensación
que vives en casa o en el colegio, ese sentimiento para con la sociedad. Ese cabreo descomunal y
ese malestar que te retuerce el estómago porque por más que intentas hacer
cosas para mejorarlo, a veces incluso empeora. ¿Cómo poner fin a una situación
así?
En esta exposición, con un tono crítico y humorístico a la
vez, se puede ver reflejado el sentimiento que inunda el país. Como poco a poco
algo que nos parece familiar carece de sentido, como una casa embargada, en
ruinas. Se pueden seguir los pasos, escultura tras escultura, que la llevan hacia la ruina, como al país.
Ocurre lo mismo en el ámbito escolar, en las aulas de colegio, institutos y universidades.
Pero antes de pasar a este ámbito quiere dejar claro algo que está día a día en
boca de todos: “soy español y estoy en paro”.
Todas las obras están hechas de restos, de cajas por
ejemplo, de materiales reciclados. En muchas de las cajas podemos observar
mensajes, publicidad, el nombre del contenido…
Su exposición, denominada La casa
desolada cuenta con unas iniciales que son L.M.D, que concuerdan con las iniciales de la Bolsa de
Metales de Londres. Esta fue un resultado directo de la revolución industria y,
además, proporciona el foro global para todos los que deseen manejar el riesgo
de los movimientos futuros del precio en metales y plásticos no ferrosos,
extraña característica ya que la mayoría de sus obras son en madera, aunque hay
un par de ellas en metal.
Volviendo al tema de las aulas, podemos ver la decadencia de
estas, en una de ellas con la palabra “arte” escrita en mayúsculas. A la vez,
en la mayoría de las obras podemos ver una figura de gran nariz y en alguna
ocasión con bigote. En los títulos de las obras podemos ver que es una alusión
al famoso personaje de comic Filemón, aunque, en mi opinión, puede referirse en
el fondo a los culpables del estado del país y de la sociedad.
El autor ha recurrido a un tema palpitante en estos momentos
que mueve a grandes masas de gente, algo cercano con lo que todos nos sentimos
identificados y con materiales que podemos encontrarnos día a día en nuestra
vida, aunque no prestemos atención. En
esta exposición podemos ver una verdadera muestra de rebeldía, de inconformismo
con lo que nos rodea. Nos hace ponernos de pie y luchar por lo que creemos, no
dejarlo derrumbarse. Hay que estar al pie del cañón porque, al fin y al cabo,
es nuestro país, nuestro hogar, donde hemos nacido y queremos un mejor futuro
para las personas que lo forman. Con
poco puede llegar a expresarse mucho.
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