Crítica a la exposición
de Manuel Vilariño, por Carlos Lorenzo Mouronte
¿Qué hay después de
la muerte? Ésa es la gran pregunta sin respuesta que nos hacemos una vez en la
vida, la cual nos estremece y a su vez nos inquieta. El hombre siempre se ha
interesado por el Más Allá precisamente por el hecho de que desconoce y
desconocerá las respuestas. La muerte, ese sueño eterno en el que todos algún
día nos sumergiremos para no despertar nunca más. La muerte es uno de los
grandes enigmas aún no resueltos. De este tema nos habla Manuel Vilariño con su
exposición sobre naturaleza muerta llamada “Seda de caballo” situada en la
Tabacalera, hoy utilizada como galería artística.
Esta exposición nos
introduce en una sala oscura. El llanto de unas ballenas rememora aquellas
personas perdidas que, aunque las llames incesantemente, nunca volverán. Mientras
una serie de cantos pisanos nos envuelven y nos estremecen, unas calaveras
giran aleatoriamente prediciendo la Fortuna. La Fortuna, al igual que el
destino, nos persigue día tras día recordándonos lo frágil que es la vida y
cuántos han caído por el camino sin poder decir, ni si quiera, un adiós. Con la
cúrcuma el autor transmite el peso doloroso por la pérdida de su mujer. También
nos enseña que los demonios de nuestro interior pueden ser muy fuertes y que
aunque tengas todos los medios posibles y una gran fuerza de voluntad no
siempre se gana la batalla. Pero lo más importante que nos da es que hay que
seguir adelante viviendo la vida que otros ya no pueden.
Tras pasar esta
sala, una serie de fotografías te van abrazando mientras te paseas por un largo
pasillo. La luz nos ayuda a distinguir cada rasgo y cada gesto. Al principio
nos petrifica la mirada incesante pero serena de un grupo de aves. Esa serenidad
transmite seguridad y a la vez te sientes atraído. Si permaneces un rato
observando te parece como si sus miradas penetrasen en tu interior y examinaran
tu alma. Avanzando por el camino descubres que los sueños se hacen realidad, al
igual que las pesadillas. La realidad te golpea de tal forma que te das cuenta
de que, primero perteneces a algo, luego caes en el olvido. Solo unos pocos se
hacen un hueco en la historia, los demás pertenecen a un todo que, con el paso
del tiempo, cae en lo más profundo de una oscuridad infinita, un abismo insondable.
Siguiendo por la senda del tiempo, te encuentras con aquellos instrumentos
abandonados y perdidos. A su vera se encuentran animales de todo tipo que,
mirando detenidamente, descubres una relación en su forma, en su movimiento,
pero no en su comportamiento.
Deteniéndote ante
el “Paraíso fragmentado” te das cuenta de que todos estamos atados de pies y
manos en la mayoría de las decisiones que tomamos en la vida. Pero a veces hay
que romper esas cuerdas y arriesgarse. También descubres que aunque todos
parezcamos diferentes como las distintas especies de animales que existen en la
pieza fotográfica, actuamos igual ante situaciones difíciles. Avanzando
descubres cosas olvidadas que en su momento fueron algo muy preciado. Ves que
el destino está escrito, así que el camino que elijas será el “correcto”,
aunque a veces sea difícil verlo, como vemos en “Cruz de luz borrada”. También nos
enseña que es importante no obsesionarse con qué hay más allá, sino que
disfrutemos de la vida porque un día nuestra llama se apagará. La serie de “Al
despertar” nos muestra la serenidad y la belleza del mar el cual nos fascina y
nos atrae. Así vemos que el arte es un enigma el cual solo nosotros podemos vislumbrar.
No hay comentarios:
Publicar un comentario