La
belleza del final de una vida
Por
Amanda Pascual
La
obra ''Seda de caballo'' de Manuel Vilariño
está formada por una serie de fotografías, vídeos y esculturas a
través de las cuales el autor pretende unir el silencio, la soledad
y la muerte en la misma cosa y provocar con esta suma una reflexión
filosófica en el espectador. Vilariño libera los
sentimientos surgidos por el fallecimiento de su esposa retratando la
belleza del final de una vida.
Las
primeras salas de la exposición están compuestas por fotografías
de animales muertos con ''los ojos puestos en la lejanía''
combinados con instrumentos oxidados y especias exóticas que dan un
asombroso colorido a la imagen. En ellas, los animales (considerados
seres sagrados por Vilariño) son reducidos a cuerpo inerte, a la
taxidermia. Un ejemplo de estas fotografías es la composición
Paraíso Fragmentado, formada por 15 elementos presentados
como una metáfora de la vida.
Las
otras salas que albergan la muestra de Vilariño acogen varios
bodegones en blanco y negro en los que se hace referencia a la
religión, que son considerados por el artista como ''panteísmo en
imágenes''. Aparecen velas a medio consumir, cráneos y frutas como
la granada, que pretenden ser una alegoría de la muerte y que el
fotógrafo coruñés emplea para recordar al espectador que la vida
es corta y dura. Las fotografías de la última sala captan paisajes
de playas, bosques e icebergs, producto de la larga estancia de
Vilariño en Islandia. Alguno de los paisajes también fueron
fotografiados en la tierra natal del artista, Galicia, sobre todo en
la Playa de la Lanzada. Hay una estancia enteramente dedicada a una
de las obras favoritas del autor, llamada Abada. En esta
fotografía en blanco y negro, se distingue la silueta de un
rinoceronte.
Además
de las fotografías, la exposición cuenta con otros materiales
creados por el mismo Vilariño para acercarse más al espectador.
Nada más entrar, en una sala tenuemente iluminada, encontramos un
montículo de cúrcuma en polvo, una planta de color anaranjado
utilizada como ingrediente del curry, que aporta un olor
característico a la estancia. El montón es acompañado por una
pantalla en la que se muestra una especie de tablero de ajedrez con
imágenes de cráneos y por sonidos como el aullido de una ballena o
la voz de una mujer. En una de las salas posteriores, se presenta una
esfera de madera rodeada por mechones de crin de caballo de distintos
colores. Vilariño utiliza la gran esfera para recordar a su mujer,
con la que dormía sobre sábanas de seda de caballo, material que da
nombre a la muestra del artista. Tras la estancia de las fotografías
de los paisajes, se proyecta un vídeo de Vilariño. Quien lo grabó,
le pidió al artista que hablara de sí mismo, y curiosamente
Vilariño le llevó a la parte trasera de su vivienda y empezó a
plantar un acebo sin pronunciar palabra.
En
conclusión, toda la exposición está plagada de sentimientos
lúgubres y melancólicos pero anhelantes de vida que cada espectador
puede entender a su manera y puede darles un significado personal. La
aportación fundamental de esta exposición es poner de manifiesto el
valor de la vida y la muerte. Es importante mencionar que Vilariño
no hace fotografía comercial, sino que dedica toda su obra a su
difunta esposa y a sí mismo.
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