martes, 24 de septiembre de 2013

La belleza del final de una vida

La belleza del final de una vida
Por Amanda Pascual


La obra ''Seda de caballo'' de Manuel Vilariño está formada por una serie de fotografías, vídeos y esculturas a través de las cuales el autor pretende unir el silencio, la soledad y la muerte en la misma cosa y provocar con esta suma una reflexión filosófica en el espectador. Vilariño libera los sentimientos surgidos por el fallecimiento de su esposa retratando la belleza del final de una vida.

Las primeras salas de la exposición están compuestas por fotografías de animales muertos con ''los ojos puestos en la lejanía'' combinados con instrumentos oxidados y especias exóticas que dan un asombroso colorido a la imagen. En ellas, los animales (considerados seres sagrados por Vilariño) son reducidos a cuerpo inerte, a la taxidermia. Un ejemplo de estas fotografías es la composición Paraíso Fragmentado, formada por 15 elementos presentados como una metáfora de la vida.

Las otras salas que albergan la muestra de Vilariño acogen varios bodegones en blanco y negro en los que se hace referencia a la religión, que son considerados por el artista como ''panteísmo en imágenes''. Aparecen velas a medio consumir, cráneos y frutas como la granada, que pretenden ser una alegoría de la muerte y que el fotógrafo coruñés emplea para recordar al espectador que la vida es corta y dura. Las fotografías de la última sala captan paisajes de playas, bosques e icebergs, producto de la larga estancia de Vilariño en Islandia. Alguno de los paisajes también fueron fotografiados en la tierra natal del artista, Galicia, sobre todo en la Playa de la Lanzada. Hay una estancia enteramente dedicada a una de las obras favoritas del autor, llamada Abada. En esta fotografía en blanco y negro, se distingue la silueta de un rinoceronte.

Además de las fotografías, la exposición cuenta con otros materiales creados por el mismo Vilariño para acercarse más al espectador. Nada más entrar, en una sala tenuemente iluminada, encontramos un montículo de cúrcuma en polvo, una planta de color anaranjado utilizada como ingrediente del curry, que aporta un olor característico a la estancia. El montón es acompañado por una pantalla en la que se muestra una especie de tablero de ajedrez con imágenes de cráneos y por sonidos como el aullido de una ballena o la voz de una mujer. En una de las salas posteriores, se presenta una esfera de madera rodeada por mechones de crin de caballo de distintos colores. Vilariño utiliza la gran esfera para recordar a su mujer, con la que dormía sobre sábanas de seda de caballo, material que da nombre a la muestra del artista. Tras la estancia de las fotografías de los paisajes, se proyecta un vídeo de Vilariño. Quien lo grabó, le pidió al artista que hablara de sí mismo, y curiosamente Vilariño le llevó a la parte trasera de su vivienda y empezó a plantar un acebo sin pronunciar palabra.

En conclusión, toda la exposición está plagada de sentimientos lúgubres y melancólicos pero anhelantes de vida que cada espectador puede entender a su manera y puede darles un significado personal. La aportación fundamental de esta exposición es poner de manifiesto el valor de la vida y la muerte. Es importante mencionar que Vilariño no hace fotografía comercial, sino que dedica toda su obra a su difunta esposa y a sí mismo.






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