jueves, 26 de septiembre de 2013

TUMBAS DE COLORES



TUMBAS DE COLORES
Por Marcia Vargas

Como punto de partida un montículo de cúrcuma natural de la India con virtud en la medicina ayurvédica y beneficiosa para distintas enfermedades como el cáncer de estómago. Al fondo la tabla africana bwa, enfocada en plena oscuridad, representando esa ruta a la muerte. Estos dos elementos se conjuntan con cantos de ballenas y un poema del norteamericano Ezra Pound, muy querido por Vilariño. Observo entonces un contraste simbólico entre la cúrcuma, un alimento reconocido como medicina, un método de posible salvación, un temporal alargamiento de la vida hasta ese final inevitable, y la tabla bwa personificando la muerte como un juego que intermedia entre el mundo de los vivos y el de los espíritus. Manuel Vilariño nos hace saborear lo que vamos a ir viendo a lo largo de nuestro avance por la Tabacalera, terminando con su intento de hacernos llegar a sus poesías mediante sus fotografías. Conforme se va realizando el recorrido vamos viendo el blanco y negro y el color que conviven en toda la muestra aunque el descolorido alcanza mayor protagonismo. Podría ser un contraste entre alegría y tristeza. Las especias coloridas reflejarían una posible esperanza, aportando una pizca de alegría y ese blanco y negro que recuerda a las primeras fotografías, el negro relacionado con la muerte y siendo el blanco símbolo de fe y pureza.

Esta muy presente la naturaleza muerta, el mismo admite su obsesión hacia ella. Sus bodegones presentan composiciones clásicas, la granada abierta que representa el corazón del inframundo y las velas que dan ese carácter espiritual, las cuales con sólo una gota de fuego y luz, nos trasladan a todo lo que su magia y encanto encierran. Presto atención a los pájaros con esa mirada fija y petrificante, que parece observarnos desde el más allá, esto a la vez hace que el espectador se involucre con la obra. Esa mirada haciendo alusión al mito de las gorgonas que producen terror en tu interior desarrollando inquietud. Los animales marinos, serpientes, aves y otros están colocados junto a elementos de nuestra vida cotidiana, comunicándonos un mensaje de que lo creado por el hombre esta inspirado en la propia naturaleza. Me viene a la cabeza todo el tiempo que pudo llevarle a elaborar paraíso fragmentado este trabajo articulado sobre un espacio en blanco, una analogía al pintor que empieza a dar sus primeras pinceladas sobre un lienzo. Percibo un cierto agrado estético y a la vez siento pavor al ver esos cadáveres de animales, algunos atados como no pudiendo escapar de su triste final. Y es que tal vez sea la última parada del viaje de todos los seres vivos que dependemos del cosmos. Para este artista y poeta el paisaje natural es un misterio, lo que hace plantearse interrogantes sobre la desaparición, preguntas retóricas que no conocen respuestas. Los paisajes lejanos que vemos son anteriores a la aurora así vamos formando parte de él como si estuviéramos presentes por lo que al observarlo da esa esa sensación de acercarse a montañas y océanos, y a lo desconocido y lo salvaje.

El artista parece querer poner sus ojos sobre los nuestros y que vaguemos por su mente para así comprender su particular visión de los animales, de los paisajes, de las naturalezas muertas y finalmente a visiones significativas como la dimensión de la melancolía y la presencia sombría de la muerte. Intenta por tanto mezclarse con la naturaleza, quiere disfrutarla como a la vez sufrir con ella en la soledad. Esa naturaleza de la que casi nos hemos alejado siguiendo el camino del asfalto, olvidándonos de lo esencial y de nuestro talante natural.

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