TUMBAS
DE COLORES
Por
Marcia Vargas
Como punto de
partida un montículo de cúrcuma natural de la India con virtud en la medicina
ayurvédica y beneficiosa para distintas enfermedades como el cáncer de
estómago. Al fondo la tabla africana bwa, enfocada en plena oscuridad,
representando esa ruta a la muerte. Estos dos elementos se conjuntan con cantos
de ballenas y un poema del norteamericano Ezra Pound, muy querido por Vilariño.
Observo entonces un contraste simbólico entre la cúrcuma, un alimento
reconocido como medicina, un método de posible salvación, un temporal
alargamiento de la vida hasta ese final inevitable, y la tabla bwa
personificando la muerte como un juego que intermedia entre el mundo de los
vivos y el de los espíritus. Manuel Vilariño nos hace saborear lo que vamos a
ir viendo a lo largo de nuestro avance por la Tabacalera, terminando con su
intento de hacernos llegar a sus poesías mediante sus fotografías. Conforme se
va realizando el recorrido vamos viendo el blanco y negro y el color que
conviven en toda la muestra aunque el descolorido alcanza mayor protagonismo.
Podría ser un contraste entre alegría y tristeza. Las especias coloridas
reflejarían una posible esperanza, aportando una pizca de alegría y ese blanco
y negro que recuerda a las primeras fotografías, el negro relacionado con la
muerte y siendo el blanco símbolo de fe y pureza.
Esta muy
presente la naturaleza muerta, el mismo admite su obsesión hacia ella. Sus
bodegones presentan composiciones clásicas, la granada abierta que representa
el corazón del inframundo y las velas que dan ese carácter espiritual, las
cuales con sólo una gota de fuego y luz, nos trasladan a todo lo que su magia y
encanto encierran. Presto atención a los pájaros con esa mirada fija y
petrificante, que parece observarnos desde el más allá, esto a la vez hace que
el espectador se involucre con la obra. Esa mirada haciendo alusión al mito de
las gorgonas que producen terror en tu interior desarrollando inquietud. Los
animales marinos, serpientes, aves y otros están colocados junto a elementos de
nuestra vida cotidiana, comunicándonos un mensaje de que lo creado por el
hombre esta inspirado en la propia naturaleza. Me viene a la cabeza todo el tiempo
que pudo llevarle a elaborar paraíso fragmentado este trabajo articulado
sobre un espacio en blanco, una analogía al pintor que empieza a dar sus
primeras pinceladas sobre un lienzo. Percibo un cierto agrado estético y a la
vez siento pavor al ver esos cadáveres de animales, algunos atados como no
pudiendo escapar de su triste final. Y es que tal vez sea la última parada del
viaje de todos los seres vivos que dependemos del cosmos. Para este artista y poeta el paisaje natural es un misterio, lo que hace plantearse interrogantes
sobre la desaparición, preguntas retóricas que no conocen respuestas. Los
paisajes lejanos que vemos son anteriores a la aurora así vamos formando parte
de él como si estuviéramos presentes por lo que al observarlo da esa esa sensación
de acercarse a montañas y océanos, y a lo desconocido y lo salvaje.
El artista
parece querer poner sus ojos sobre los nuestros y que vaguemos por su mente
para así comprender su particular visión de los animales, de los paisajes, de
las naturalezas muertas y finalmente a visiones significativas como la
dimensión de la melancolía y la presencia sombría de la muerte. Intenta por tanto
mezclarse con la naturaleza, quiere disfrutarla como a la vez sufrir con ella
en la soledad. Esa naturaleza de la que casi nos hemos alejado siguiendo el
camino del asfalto, olvidándonos de lo esencial y de nuestro talante natural.
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