Esta exposición de Manuel Vilariño transmite un enorme
sentimiento de melancolía, acompañada a su vez de una intensidad pavorosa. Está centrada
principalmente en el tema de la muerte, tema relacionado con la muerte de su
mujer, pero también con su propia visión de la muerte, la brevedad de la vida
representada en las velas de sus naturalezas muertas. In ictu oculi, como en “un abrir y cerrar de ojos” la llama de la vida se apaga dando lugar
al sin sentido de la existencia. Una
obra donde Vilariño intenta transmitir su visión de la vida y las cosas que le
interesan. Predomina en la obra una actitud contemplativa, Vilariño observa lo
que acontece a su alrededor para luego poder reflexionar sobre ello, observa
minuciosamente la naturaleza, las plantas, como vuelan los pájaros, los
animales, sus miradas, que le permite estar conforme con su medio, siempre
transmitido desde un fondo poético que caracteriza a Vilariño.
Lo que realmente me cautivó en su políptico en blanco y
negro de las aves muertas, es su mirada; como Vilariño intenta transmitir la mirada a
través de los ojos del animal, que vive y siente. En particular la mirada
frontal de la lechuza que al observarla parece que comprende lo que estas
sintiendo. En su Paraíso fragmentado
aparecen los animales muertos sobre lechos de especias. Los animales aparecen
atados con una cinta roja refiriéndose a alusiones religiosas como los
escapularios de los hábitos religiosos y la resurrección. Esta pieza es una
explosión de color, donde los animales están acostados de una forma muy tierna
en la que parece que en cualquier momento van a despertar.
La tabla bwa, en la que aparece sistemáticamente una
calavera, hace alusión a un “juego
geopolítico, a partir de la muerte”, dice Vilariño, como la muerte de los africanos
en las pateras. La tabla junto con los
cánticos de fondo crea un escenario bastante siniestro que, en lo único que te
permite pensar es en la muerte. En mi
opinión, esta obra es una de las que más me impresionó, por el efecto de los cánticos y la montaña de
especias junto con la calavera que va cambiando de sitio, que me hizo pensar en
cómo la muerte es puro azar. En su obra también introduce poemas relacionados
con su mujer, la muerte y la nostalgia. Sus fotografías del mar lejano interior y las montañas de
Galicia transmiten de una forma maravillosa el silencio y la soledad. Pero a la
vez estas imágenes transmiten lo intensa y breve que es la vida. Un océano
inmenso que nos hace ver lo frágiles y pequeños que somos. Montaña negra nube blanca, si te quedas contemplándola, puede ser terrorífica la sensación que
transmite al espectador, una inmensa soledad
y tristeza en medio de un escenario
desolador y bello a la vez.
Para terminar, destacar que lo que más me impresiono fue la
imagen del bosque quemado, y al lado el video de Manuel Vilariño. Como, si
diriges tu mirada al bosque y escuchas el sonido del viento, la tierra, los pájaros
te provoca una sensación de tristeza y
soledad al ver el bosque quemado, y a su
vez un atisbo de esperanza cuando Vilariño aparece en el video plantando un
pequeño árbol. Como después de cada
desastre la vida vuelve a resurgir poco a poco. La obra de Vilariño es una obra
espiritual, muy personal donde Vilariño intenta plasmar lo que realmente le
apasiona y su visión de la vida y la muerte estrechamente relacionadas. Como
hace del arte algo enigmático, donde la obviedad de la obra desaparece dejando
paso a la imaginación y sentimientos del propio espectador.
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