martes, 24 de septiembre de 2013

UN ENCUENTRO CON LA VIDA

UN ENCUENTRO CON LA VIDA.

Julia Fernández Toledano

Viajar es una de las grandes pasiones del espíritu aventurero.  Un viaje te aleja de la realidad semanas, meses e incluso años, o como en este caso, horas. La exposición Seda de Caballo de Manuel Vilariño es justamente eso, un viaje. Un viaje desconcertante y único, que te hace olvidar el mundanal ruido durante algún tiempo.

El artista lleva a cabo una combinación entre fotografía y poesía, dos de las artes más bellas y expresivas. Según Octavio Paz “la poesía es conocimiento, salvación, poder y abandono. Operación capaz de cambiar al mundo”. Para Susan Sontag “la fotografía es, antes que nada, una manera de mirar”. Entonces, ¿qué es si no una explosión de belleza estas dos artes combinadas?

En la primera sala, la montaña de cúrcuma transporta al visitante a la India. Además encontramos una fotografía en movimiento. Se trata de una tabla ritual africana. Junto con estos dos elementos,  escuchamos una poesía de fondo y el canto de las ballenas. Todo ello, nos da las claves de la exposición: un viaje marcado por la naturaleza y la muerte de su mujer. Se nos anticipa que su obra se está moviendo alrededor de la existencia y la inexistencia. Es más, me atrevo a hacer una comparación, al igual que la cúrcuma tiene poderes curativos para diversas enfermedades, quizá esta exposición los tenga para el alma.

Una de las cosas llamativas que se aprecia en Seda de Caballo es como en primer lugar encontramos  las obras en blanco y negro y a medida que nos adentramos va apareciendo el color, donde su máxima explosión queda reflejada en la obra “Paraíso fragmentado”. Además es digno de admirar como a medida que avanzamos en la exposición aumenta el desconcierto y el asombro, capacidad esta última que nunca debemos perder. La vida sin asombro sería pura rutina y carecería de sentido. Asombro en este caso por los colores, la manera de componer, por la belleza y la contemplación de la vida a través de la cámara de Vilariño.

En toda su obra encontramos el animal elevado a lo simbólico. Un ejemplo destacado es la “Serie de los pájaros”. Casi todos ellos están muertos y traspasan las entrañas del espectador con esa mirada animal, siendo en muchos casos el reflejo de la nuestra propia, triste y melancólica. Con esto el artista consigue romper con el espacio y el tiempo, atrapándonos por unos instantes en su obra. Las fotografías de naturalezas muertas, muy sugestivas y evocadoras, resultan especialmente interesantes. En ellas destaca principalmente un objeto, la vela con una llama frágil, que representa la vida, que puede apagarse en cualquier momento con la llegada de la muerte. Es aquí donde quien las contempla lleva a cabo una profunda reflexión sobre la vida y la muerte. En cuanto a las llamativas e imponentes fotografías de los paisajes tanto marinos como montañosos, pronto se convierten en el más fiel reflejo de nuestra tristeza. Contemplándolas se dará uno cuenta que parece  ser el propio  “Caminante ante el mar de niebla” de Fiedrich.

Finalmente encontramos un vídeo en el que vemos al artista en su día a día. Haciendo lo que le gusta, sin pronunciar palabra y transmitiéndonos así mucho más que si nos hablara. Con esto finaliza la sobrecogedora exposición de Vilariño consiguiéndonos quitar ese sabor amargo de la muerte contemplado a lo largo de toda la exposición con este último detalle esperanzador. En cualquier caso Seda de Caballo es un viaje propicio y muy recomendable para realizar, ya que sus obras eligen y atrapan a sus contempladores haciendo que éstos se encuentren  a sí mismos entre tanta incertidumbre.

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