Susana Castillo Coego.
La naturaleza, una mirada, o el azar acompañado del canto de las ballenas nos transmiten intranquilidad, algo que nos inquieta y a la vez nos atrae, se trata de la muerte, principal tema de la reciente exposición de Manuel Vilariño. A la entrada, nos sorprende con un olor oriental, que proviene de un montículo amarillo hecho de Cúrcuma, especia similar al curry y original de la India. Junto a él, y en una gran pantalla, se aprecia un tablero, con piezas en forma de calavera en constante movimiento, sin duda en alusión a la muerte y al azar de la misma. Lo exótico de la sala es la unión de dos culturas, tanto la oriental en la cúrcuma como la africana en el tablero, pues define el riesgo de la supervivencia de sus gentes. Únicamente el comienzo de la exposición ya suscita el interés por el resto de su obra, atractiva y enigmática.
La naturaleza, una mirada, o el azar acompañado del canto de las ballenas nos transmiten intranquilidad, algo que nos inquieta y a la vez nos atrae, se trata de la muerte, principal tema de la reciente exposición de Manuel Vilariño. A la entrada, nos sorprende con un olor oriental, que proviene de un montículo amarillo hecho de Cúrcuma, especia similar al curry y original de la India. Junto a él, y en una gran pantalla, se aprecia un tablero, con piezas en forma de calavera en constante movimiento, sin duda en alusión a la muerte y al azar de la misma. Lo exótico de la sala es la unión de dos culturas, tanto la oriental en la cúrcuma como la africana en el tablero, pues define el riesgo de la supervivencia de sus gentes. Únicamente el comienzo de la exposición ya suscita el interés por el resto de su obra, atractiva y enigmática.
Las siguientes salas nos sorprenden con
expresivas miradas, todas ellas fotografías monocromas de diferentes aves, que parecen transmitirnos su pensamiento, melancolía.
Como si se tratara de la mirada de la Gorgona, estas aves expresan sentimientos,
a pesar de estar muertas, pues son animales tratados por la taxidermia. El
águila, sin duda símbolo imperial y de majestuosidad, no pierde estas aptitudes
aun sabiendo que no tiene vida, pues son sus ojos los que lo transmiten. Es la
esencia de esta sala: la expresividad a través de la mirada. Las siguientes
fotografías, de temas anatómicos y bestiario, representan la relación del mundo
y la tierra, la doma de los animales y su rebeldía. Es un modo de enfrentarse a
la realidad. El color y la intensidad del mismo es lo primero que destaca la
siguiente habitación, de una sola obra: Paraíso Fragmentado. Siguiendo el mismo
tema de la taxidermia, los animales de dicha obra también se encuentran
muertos, pero con ternura colocados sobre especias de vivos colores, tales como
la rojiza pimienta o el amarillo del curry. Fueron encontradas estas criaturas
en el bosque donde reside el autor, en contacto permanente con la naturaleza. La serpiente central, retorcida sobre sí
misma, nos ofrece una sensación de resurrección, como si esperásemos verla
regresar a la vida. Realmente este conjunto de fotografías inspira una serie de
sentimientos que oscilan entre la vida y la muerte, propósito principal del
autor.
Encontramos la proyección de uno de sus
escritos: Poema de Ruinas al Despertar, referencia a la fascinación por tierras
extremeñas, marcado por la muerte de su mujer. Se encuentra acompañado por un
montículo parecido al de cúrcuma de la entrada, esta vez hecho con crines de
caballo, lo que da nombre a la exposición. “La Capilla” podría ser el
título de la sala contigua. La luz de la vela, común en todas estas obras,
representa como la muerte puede apagar con sutileza una llama que siempre ha
estado encendida. Se trata de un elemento simbólico muy profundo, de carácter
narcótico. En una de las fotografías se aprecian varias granadas junto a la
vela, representando el corazón del inframundo y el nuestro propio. Todas estas
obras irrumpen en nosotros de forma emocional.
Por último, y en sincera opinión, encontramos
la más profunda de las salas. Paisajes marinos y de montaña, costa de Islandia
y tierras gallegas, género muy recurrente. La melancolía que transmiten estas
fotografías nos inspira y habla sobre un mundo triste pero de misteriosa belleza.
La última fotografía muestra un bosque quemado, símbolo de la ruina personal,
la llama de la vela que nos consume, y la nueva vida que surge tras la
devastación. El autor concluye con un vídeo dedicado a él, y su día a día. Con
sus gestos, miradas y expresiones nos comunica que el arte no es solo lo que
ves, sino el enigma que se forma en nuestra mente al contemplar hasta lo más
sencillo de la vida, o de la muerte.
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