Sofía Abelaira Barrera Orosa.
Manuel Vilariño, Premio Nacional de Fotografía en 2007, nos
presenta su exposición “Seda de caballo” en Tabacalera. Según entras a la
exposición ya te embriaga esa atmósfera siniestra que muestra el artista. Toda
la obra plasma la siniestralidad y lo misterioso, nos trasporta a lo más
profundo de cada ser, nos provoca la reflexión sobre lo inevitable, la muerte. La
obra de Vilariño transmite una profunda carga emocional, sus obras podrían
describirse como poesía visual o poesía representada. Su obra está marcada por
la muerte de su mujer además de los viajes que realiza, por ejemplo, a la India.
Nada más entrar a la sala principal encontramos un fuerte aroma de una especia,
la cúrcuma, especie de la India. Realiza una excelente mezcla de los blancos y
negros juntos con las obras en color resaltando las especias.
La obra podría dividirse en fotografías en blanco y negro y
a color. Su profunda siniestralidad se puede observar en los primeros cuadros
de la exposición donde la imagen del rostro de los pájaros en blanco y negro
nos mira fijamente, parecen advertirnos de lo inevitable del final. Muestran el
misterio de lo desconocido, son reyes de los cielos y vuelan y observan miles
de cosas, esas fotografías aparte de misterio transmiten una fuerte admiración.
Otras obras en blanco y negro son las cabezas y las distintas maneras de
mezclarlas con otros elementos, por ejemplo, la cabeza que muestra la masa
muscular con una serpiente colgando de una oreja. La genialidad de mezclar
elementos cotidianos con una parte del cuerpo de los animales en blanco y
negro. Nos invoca de nuevo a pensar en lo cotidiano de la vida mezclado con la
muerte.
La obra más majestuosa sin duda es ``El paraíso fragmentado’’
donde la mezcla de colores y los animales muertos provoca una confusa sensación
entre placer y miedo. Enmarca a los animales muertos con especias de distintos
colores, entre los que se encuentra la cúrcuma. Provoca la inevitable sensación
de la fragilidad de la vida, coloca a las animales en el centro de las
especias, como si fuera un corazón. En las sucesivas fotografías vuelve a recurrir
a los animales muertos mezclados con las especias. Uno de los que más
impresiona es “Cruz de luz partida” es
la imagen de un esqueleto de una serpiente sobre una cruz de alguna especia. Es
un gran representante de las naturalezas muertas, en las que una vez más vuelve
a representar la muerte con una vela y distintos materiales como una granada,
un escarabajo o incluso una calavera. La imagen de la vela nos embriaga y nos
trasporta, nos incita a la reflexión. Las imágenes de los animales difuminadas representan
toda su poesía y el misterio que esta encierra. Las fotografías de los paisajes
sencillamente son maravillosas, muestran rebeldía como si nunca hubieran sido
dominados por el hombre. Las imágenes de las montañas negras con niebla nos
trasportan hacia otra dimensión como si nos encontráramos perdidos, sin rumbo.
Manuel Vilariño es un poeta que expresa su arte mediante la
fotografía. Sus obras pueden resultar algo macabras o siniestras. Sus
fotografías están marcadas por la muerte o lo perecedero, todo tiene su fin. Representan
la simpleza de las cosas cotidianas como pueden ser las especias o las
herramientas y las transforma. Las imágenes no pueden hablar pero sin embrago
nos gritan, nos cuentan una historia, a cada uno la suya. Es un gran viaje
hacia un mundo desconocido al que nos invita con su arte.
Escucho a solas
Las fallas interiores de
la muerte. Manuel Vilariño.
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