miércoles, 25 de septiembre de 2013

KATHAARSYS FOTOGRÁFICA

Por Javier Martín Silva 

Si en 1981 Manuel Vilariño hubiese decidido dedicarse a la música en vez de a la fotografía, hoy estaríamos hablando del precursor y máximo exponente del black metal y tildaríamos a Tomas Forsberg, más conocido como Quorthon, de plagiador insulso. Pero esto no ocurrió, así que Suecia sigue teniendo a uno de los compositores más importantes del metal y España puede presumir de un fotógrafo y poeta excelente, original e innovador como es Vilariño. Aun así, la figura del artista gallego ha sido clave en el desarrollo del black metal más melancólico, progresivo y rico en matices como se puede observar en Kathaarsys.        
Este grupo también gallego bebe directamente de la pasión de Vilariño por la poesía, el nihilismo, la muerte en sí  y la naturaleza gallega, fuente de su inspiración. Basta con comparar la foto del bosque desolado por el fuego y la portada del “Verses in vain”. El nombre del grupo tampoco parece una mera coincidencia, la catarsis es un proceso de purificación de las emociones y esto lo logra hábilmente el artista gallego con unas obras que no dejan indiferentes, ningún ser humano es capaz de ver los lúgubres bosques fotografiados sin tener una sensación de bienestar y melancolía que invitan a meditar, reflexionar sobre qué es la vida y lo efímera que resulta. Un bosque tarda cientos de años en formarse pero sólo unos momentos para ser destruidos y lo mismo sucede con las personas, esto es lo que parece que Vilariño intenta transmitir con sus paisajes.
Una cualidad importante que requiere cualquier buen artista es ser original, si además es capaz de innovar y no estancarse en su obra entonces se trata de un gran artista. La variedad de Vilariño a la hora de tratar la muerte, la naturaleza y la melancolía es lo suficientemente amplia como para enmarcarlo en el segundo grupo. Sabe cómo recrear sus preocupaciones a través de diversos elementos, ya sea con miradas de pájaros, calaveras o escarpados acantilados, jugando con los colores o las formas. Y es aquí donde reside su complejidad, en su capacidad para generar las mismas sensaciones con la fotografía de la mirada de un águila imperial, un solitario bosque, unos versos en su lengua vernácula, una vela consumiéndose o un montón de crin de caballo que da nombre a la exposición, “Seda de caballo”, título llamativo ya que a simple vista cuesta relacionar con el contenido que alberga la Tabacalera, pero que encuentra su explicación en la tristeza que le produjo la muerte de su mujer y el recuerdo que le provocaba este material al ser el componente principal de su colchón en el que ahora duerme en soledad.   
Esta exposición recoge algunas de sus obras más ambiciosas y que mejor le definen. Unas fotografías que si fuesen música irían desde el black metal más crudo (los bosques desolados) hasta uno más progresivo con elementos del jazz más exquisito (la mirada de los pájaros), pasando por el doom (los acantilados y la inmensidad del océano) y por las piezas de cámara (ideal como música de fondo para escuchar sus versos). Por suerte Kathaarsys se ha encargado de que los melómanos podamos disfrutar del Vilariño compositor que habría revolucionado la música.
Al igual que la música de Kathaarsys no se puede comprender en una primera audición, la exposición de Vilariño tampoco. Las fotografías pueden parecer ruido, provocar miedo o repulsión, pero superada esa primera impresión, a veces, generada por los prejuicios negativos del ser humano hacia lo distinto, y tratando de entender lo que estás observando, se caerán los velos que cubrían los sentidos y podrás disfrutar de esta "kathaarsys" llamada "Seda de caballo".



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