Por Javier Martín Silva
Si en 1981
Manuel Vilariño hubiese decidido dedicarse a la música en vez de a la
fotografía, hoy estaríamos hablando del precursor y máximo exponente del black
metal y tildaríamos a Tomas Forsberg, más conocido como Quorthon, de plagiador
insulso. Pero esto no ocurrió, así que Suecia sigue teniendo a uno de los compositores
más importantes del metal y España puede presumir de un fotógrafo y poeta
excelente, original e innovador como es Vilariño. Aun así, la figura del
artista gallego ha sido clave en el desarrollo del black metal más melancólico,
progresivo y rico en matices como se puede observar en Kathaarsys.
Este grupo
también gallego bebe directamente de la pasión de Vilariño por la poesía, el
nihilismo, la muerte en sí y la
naturaleza gallega, fuente de su inspiración. Basta con comparar la foto del
bosque desolado por el fuego y la portada del “Verses in vain”. El nombre del
grupo tampoco parece una mera coincidencia, la catarsis es un proceso de
purificación de las emociones y esto lo logra hábilmente el artista gallego con
unas obras que no dejan indiferentes, ningún ser humano es capaz de ver los
lúgubres bosques fotografiados sin tener una sensación de bienestar y
melancolía que invitan a meditar, reflexionar sobre qué es la vida y lo efímera
que resulta. Un bosque tarda cientos de años en formarse pero sólo unos
momentos para ser destruidos y lo mismo sucede con las personas, esto es lo que
parece que Vilariño intenta transmitir con sus paisajes.
Una cualidad
importante que requiere cualquier buen artista es ser original, si además es
capaz de innovar y no estancarse en su obra entonces se trata de un gran
artista. La variedad de Vilariño a la hora de tratar la muerte, la naturaleza y
la melancolía es lo suficientemente amplia como para enmarcarlo en el segundo
grupo. Sabe cómo recrear sus preocupaciones a través de diversos elementos, ya
sea con miradas de pájaros, calaveras o escarpados acantilados, jugando con los
colores o las formas. Y es aquí donde reside su complejidad, en su capacidad
para generar las mismas sensaciones con la fotografía de la mirada de un águila
imperial, un solitario bosque, unos versos en su lengua vernácula, una vela
consumiéndose o un montón de crin de caballo que da nombre a la exposición,
“Seda de caballo”, título llamativo ya que a simple vista cuesta relacionar con
el contenido que alberga la Tabacalera, pero que encuentra su explicación en la
tristeza que le produjo la muerte de su mujer y el recuerdo que le provocaba
este material al ser el componente principal de su colchón en el que ahora
duerme en soledad.
Esta exposición
recoge algunas de sus obras más ambiciosas y que mejor le definen. Unas
fotografías que si fuesen música irían desde el black metal más crudo (los
bosques desolados) hasta uno más progresivo con elementos del jazz más
exquisito (la mirada de los pájaros), pasando por el doom (los acantilados y la
inmensidad del océano) y por las piezas de cámara (ideal como música de fondo
para escuchar sus versos). Por suerte Kathaarsys se ha encargado de que los
melómanos podamos disfrutar del Vilariño compositor que habría revolucionado la
música.
Al igual que la
música de Kathaarsys no se puede comprender en una primera audición, la
exposición de Vilariño tampoco. Las fotografías pueden parecer ruido, provocar
miedo o repulsión, pero superada esa primera impresión, a veces, generada por
los prejuicios negativos del ser humano hacia lo distinto, y tratando de
entender lo que estás observando, se caerán los velos que cubrían los sentidos
y podrás disfrutar de esta "kathaarsys" llamada "Seda de
caballo".
No hay comentarios:
Publicar un comentario