miércoles, 25 de septiembre de 2013

La imagen según un ciego, la poesía de un mudo

La imagen según un ciego, la poesía de un mudo

Por Inés Luca de Tena.

La exposición del fotógrafo Manuel Vilariño títulada “Seda de Caballo”  y situada en c/Embajadores 51. Madrid, nos transporta desde la primera sala a un lugar lúgubre donde nos enfrentamos a una oleada de sensaciones provocadas por el incesante canto de unas ballenas que en un primer momento generan pánico a lo desconocido, el color amarillo de una montaña de una especia india llamada curcuma nos inspira un escapismo romántico a tierras orientales y en contraposición a esta ultima sensación, una pantalla en la que se proyectan de manera incesante imágenes de calaveras hace posible que sea palpable la presencia de la muerte o la fugacidad del tiempo mientras el canto de las ballenas nos hace partícipes de la vida y la montaña de curcuma hace que experimentemos en nuestras carnes el tópico del “locus amoenus” .

En algunas de las obras de Manuel Vilariño como “El políptico de las aves” se hace añicos el más profundo sueño de los hombres: volar. Ya que las aves están muertas y nos interpelan con una mirada melancólica que genera en nosotros una preocupación interna que nos separa de nosotros mismos para adentrarnos en temas que afectan a la naturaleza como por ejemplo la contaminación. Así mismo en “El bestiario” se observa la relación entre el hombre y la naturaleza pero esta vez de un modo crítico ya que junto a los animales muertos encontramos herramientas oxidadas como una hoz que pretende acusar al hombre de segador de la vida y la naturaleza.

En esta exposición encontramos dos fotografías borrosas, ambas junto a un poema, obra del mismo autor, una de las fotografías corresponde a un rinoceronte y la otra un búho, junto a esta última encontramos un verso que dice: “En la campana de la noche hay un búho dormido, una llama, una ceniza, nada.” Este verso nos ayuda a interpretar la imagen como una alegoría de que en el momento mas oscuro de un día (la noche) la naturaleza duerme, pero aun está viva, es una llama, sin embargo pronto muere, se convierte en ceniza, en nada. De este modo Vilariño consigue que nos adentremos en el abismo, el vacío de la muerte.


Finalmente nos devuelve la esperanza con una fotografía de animales muertos rodeados de una tumba de especias, junto a las cuales hay una cruz, como símbolo de la resurrección a una nueva vida. Y con un vídeo final Manuel Vilariño logra quedar impregnado en nuestra memoria cavando un agujero recordándonos la muerte para únicamente plantar un árbol y acabar entregándonos el secreto de que la vida, está en nuestras manos.

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