miércoles, 25 de septiembre de 2013

SUN TZU NUNCA TUVO QUE ENFRENTARSE A UN BOHEMIO

Un recorrido por Manuel Vilariño

Alvaro Orosa Talarewitz

Nunca  pudo imaginarse Sun Tzu en su  tiempo,  la temible figura del “bohemio”, que hoy se alza en contraposición a sus lecciones universales sobre el triunfo absoluto en la batalla metafórica de la vida. Pero no se trata de cualquier bohemio. Es la figura de aquél bohemio enfundado en sus gafas de pasta, el  pelo engominado (o mejor dicho encerado, porque al parecer hay una diferencia sustancial…)y su foulard de marca desfasado para aparentar una indiferencia por los estereotipos de la sociedad.
Es como el Spiderman de Stan Lee que se ha visto forzado a una evolución en la que queda reducido a una extraña especie entre hipster y otra cosa, quedando en un camino a medias que no consigue otra cosa que arrancarnos un suspiro de exasperación y una exclamación al cielo de “¿pero qué  habéis hecho?” .Este bohemio que creyéndose artista nos ofrece algo que él llama arte, cuando en realidad no es más que la exaltación de su propia imagen. Esta figura del pseudo artista capta todas las miradas, mientras que el verdadero artista, el artista con letras mayúsculas, excéntrico, vital, puro… una autentica paja de Marx sobre la cara de Kant, queda relegado a un segundo plano a la espera de que aquellos que desean ver arte, lo encuentren.
Quizás bajo la alargada sombra de este esperpéntico personaje  enmascarado que es el pseudo artista fue donde crecieron los “musgos en la humedad de la tierra” que Vilariño nos muestra con tanta belleza. La rebeldía, el rupturismo, la frescura, la originalidad, la locura, el sedentarismo en confrontación con la nostalgia, nos mueve a desear ese ímpetu creativo, a abandonar lo cómodo, y abrazar lo ajeno.¿ Cómo puede enfrentarse Sun Tzu o cualquier otro a esto?
Al comienzo de la exposición, uno avanzaba indiferente y despistado,  viendo con tristeza que no va a ninguna parte, cuando de pronto choca con las montañas, difusas no solo por la niebla, resaltadas y a la vez mimetizadas con el fondo. “Repetir no sabría cómo entré, pues me vencía el sueño el mismo día en que el veraz camino abandoné” al decir de Dante. La calma serena de las playas de Islandia y Galicia nos transportan a las riveras plutonianas de la noche de Poe, con su cuervo en el hombro como única compañía. Con la arena en orilla, las olas en los pies, la brisa en el pelo, la luna en el cielo, el refugio en la niebla, en esa isla marchita, en ese mar sin alma…  Al alejarnos de todos esos paisajes, nos preguntarnos  si alguna vez volveremos a ver algo similar.
¿Qué hace a las palabras en un papel ser literatura para dejar de ser simples frases?, ¿qué hace hace al sonido ser  música para dejar de ser ruido?, ¿qué hace del  óleo pintura y no solamente color? ¿Qué hace a estas fotos arte y no simples fotos?  ¿Qué es el arte? El arte es todo  lo que nos mueve, nos inspira, nos otorga unos valores cardinales ya sean  estéticos o simbólicos, rupturistas o tradicionalistas, vitales o decadentes o cualquier otro valor que se nos ocurra.

Como últimas palabras hacia el artista podría decir que a pesar de que mi critica sea favorable, no soy una figura pública, y por ello quizás no consiga incitar a otros muchos a que participen de su arte, o que por lo extravagante de su propuesta no sea reconocido en la medida que se merece, pero sin duda Vilariño repiqueteando a Rilque ha demostrado  “la evidencia de que usted está llamado a ser artista. De ser así, acepte ese destino y sopórtelo con toda su carga y grandeza” que es lo que hace sin duda alguna Vilariño.

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