Un recorrido por Manuel Vilariño
Alvaro Orosa Talarewitz
Nunca pudo imaginarse
Sun Tzu en su tiempo, la temible figura del “bohemio”, que hoy se
alza en contraposición a sus lecciones universales sobre el triunfo absoluto en
la batalla metafórica de la vida. Pero no se trata de cualquier bohemio. Es la
figura de aquél bohemio enfundado en sus gafas de pasta, el pelo engominado (o mejor dicho encerado,
porque al parecer hay una diferencia sustancial…)y su foulard de marca
desfasado para aparentar una indiferencia por los estereotipos de la sociedad.
Es como el Spiderman de Stan Lee que se ha visto forzado a
una evolución en la que queda reducido a una extraña especie entre hipster y
otra cosa, quedando en un camino a medias que no consigue otra cosa que
arrancarnos un suspiro de exasperación y una exclamación al cielo de “¿pero qué
habéis hecho?” .Este bohemio que
creyéndose artista nos ofrece algo que él llama arte, cuando en realidad no es
más que la exaltación de su propia imagen. Esta figura del pseudo artista capta
todas las miradas, mientras que el verdadero artista, el artista con letras
mayúsculas, excéntrico, vital, puro… una autentica paja de Marx sobre la cara
de Kant, queda relegado a un segundo plano a la espera de que aquellos que
desean ver arte, lo encuentren.
Quizás bajo la alargada sombra de este esperpéntico
personaje enmascarado que es el pseudo
artista fue donde crecieron los “musgos en la humedad de la tierra” que
Vilariño nos muestra con tanta belleza. La rebeldía, el rupturismo, la
frescura, la originalidad, la locura, el sedentarismo en confrontación con la
nostalgia, nos mueve a desear ese ímpetu creativo, a abandonar lo cómodo, y abrazar
lo ajeno.¿ Cómo puede enfrentarse Sun Tzu o cualquier otro a esto?
Al comienzo de la exposición, uno avanzaba indiferente y
despistado, viendo con tristeza que no
va a ninguna parte, cuando de pronto choca con las montañas, difusas no solo
por la niebla, resaltadas y a la vez mimetizadas con el fondo. “Repetir no
sabría cómo entré, pues me vencía el sueño el mismo día en que el veraz camino
abandoné” al decir de Dante. La calma serena de las playas de Islandia y
Galicia nos transportan a las riveras plutonianas de la noche de Poe, con su
cuervo en el hombro como única compañía. Con la arena en orilla, las olas en
los pies, la brisa en el pelo, la luna en el cielo, el refugio en la niebla, en
esa isla marchita, en ese mar sin alma…
Al alejarnos de todos esos paisajes, nos preguntarnos si alguna vez volveremos a ver algo similar.
¿Qué hace a las palabras en un papel ser literatura para
dejar de ser simples frases?, ¿qué hace hace al sonido ser música para dejar de ser ruido?, ¿qué hace del
óleo pintura y no solamente color? ¿Qué
hace a estas fotos arte y no simples fotos? ¿Qué es el arte? El arte es todo lo que nos mueve, nos inspira, nos otorga
unos valores cardinales ya sean estéticos o simbólicos, rupturistas o
tradicionalistas, vitales o decadentes o cualquier otro valor que se nos ocurra.
Como últimas palabras hacia el artista podría decir que a
pesar de que mi critica sea favorable, no soy una figura pública, y por ello
quizás no consiga incitar a otros muchos a que participen de su arte, o que por
lo extravagante de su propuesta no sea reconocido en la medida que se merece,
pero sin duda Vilariño repiqueteando a Rilque ha demostrado “la evidencia de que usted está llamado a ser
artista. De ser así, acepte ese destino y sopórtelo con toda su carga y
grandeza” que es lo que hace sin duda alguna Vilariño.
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