Las puertas de cristal transparentes de la Galería Max
Estrella (situada en el centro de Madrid) ya nos permiten ver los primeros
pasillos en los que albergan las últimas creaciones artísticas de José Ramón
Amondaraín. Esta vez el artista nos invita a jugar, a pensar, a descubrir qué
es lo que ocultan sus obras, que a simple vista parece sencillas.
Para empezar, nos da la bienvenida con una colección de
numerosas impresiones digitales sobre aluminio de caracoles de mar y moluscos,
que a primera vista parecen elementos marinos sin ningún carácter especial.
Pero no es así, porque debajo de ellos encontramos los nombres de otros
artistas famosos como son Picasso, Leonardo, Matisse o Turner, entre otros. Y
es aquí cuando me pregunto, ¿Qué tienen que ver estos autores con unas conchas?
Bueno, pues se me ocurrieron varias opciones: o bien, el fotógrafo las ha
relacionado con ellos porque quizás los admire, o bien, la forma, la textura o
los colores de los moluscos tiene que
ver con la personalidad o con algún rasgo distintivo que caracterice a cada uno
de los artistas.
En la sala contigua, me llamó la atención una serie de
bloques de poliéster blanco pegados a la pared, en los que estaban grabados de
nuevo nombres de artistas, acompañados por palabras que me parecían sin
sentido. Pero me di cuenta, de que en realidad el autor jugaba a descifrar
palabras mediante esos nombres, por ejemplo: Andy Warhol lo transformó en Hold
and War, a Salvador Dalí en Lord Salivada, Dora Maar era Dar o Amar y Antoni
Tapiés era Tienta Pasión… y así con algunos más. En la pared contraria, grabado
en una especie de mancha verde aparecía solitario el nombre de Jeff Koons el
cual tradujo a J.F.K En Foso. Tal vez Amondaraín le tiene más aprecio que los
demás y por eso lo ha puesto separado de ellos. Aquello eran a lo que llamamos
anagramas, y justamente de esa palabra
‘anagrama’, viene el título de la original exposición: “Amar Gana”. Era todo un
juego de palabras.
En la última estancia, situada al fondo, me impacto un gran
lienzo pintado al óleo que daba la sensación de ser una fotografía. Eran como
grumos y pinceladas de pintura dadas de forma espontánea, que se habían dejado
secar y habían logrado ese aspecto. En
mi mente se discutían todo tipo de interpretaciones, desde pisadas, agujeros de
un queso, hasta huellas de dedos. Hasta
que reparé en que a lo que más se parecía era a los cráteres de la Luna. Ya que
eran formas de gran tamaño, con profundidad, distribuidas en un espacio dentro
de un gran marco irregular.
Dando mi última vuelta general por allí, me
fijé en un candado cerrado que contenía en su interior a dos calaveras. Lo cual
me sorprendió ya que no tenía nada que ver con la temática y el contexto de las
demás obras. Tal vez José Ramón quería representar con esto, una realidad: que
desde que nacemos estamos encadenados a la muerte, ya que tarde o temprano
algún día moriremos y nadie podrá impedirlo.
En conclusión, el artista vasco José Ramón Amondaraín nos ha
enseñado como es capaz de trabajar con sus tres técnicas preferidas: la
pintura, la escultura y la fotografía. Gracias a ello nos ha hecho pasar un
buen rato (por lo menos a mí) entreteniéndonos con sus rebuscados juegos de
palabras y haciéndonos estrujar nuestra cabeza para adivinar de qué se trataban
sus obras, que al principio parecían sencillas, pero que al final han logrado
transmitir mucho más.
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