jueves, 17 de octubre de 2013

¿Dónde vive la Marca España?

Lucía Martín Baena



La casa es un espacio que nos acoge y nos envuelve, es una pequeña frontera entre lo público y lo privado. En la casa tienen lugar una parte íntima de nuestras vidas, las escenas cotidianas retratadas por Vermeer y otros pintores holandeses del siglo XVII, que nos muestran que lo que ocurre dentro de las casas, es un fenómeno social y que por tanto reflejan la situación de los ciudadanos desde un plano interior. A medida que las sociedades cambian, estas escenas costumbristas cambian también, y ¿Por qué no utilizar este escenario para hacer una crítica social?

 Florentino Díaz, artista extremeño, ha dado siempre una prioridad especial a este espacio que solemos hacer nuestro con tanta facilidad. Las casas son un marco dónde el individuo refleja su personalidad y sus preocupaciones, dónde el individuo es más libre, es rey de su casa. Sin embargo, actualmente, debido a la crisis ya no económica, si no también política y social, aquellos individuos que no se han visto con las posibilidades de pagar su vivienda, han sido deshauciados, despojados de este lugar tan importante para él, el estado y los bancos, nos han recordado que NO somos tan reyes de nuestra casa como creíamos y que todo este lugar donde reflejamos nuestra personalidad, queda anulado y sometido ante el llamado Dios Dinero, que nos recuerda aquellos versos de Alberti: Poderoso caballero es Don Dinero. Entonces, Florentino, decide mediante un trabajo escultórico reflejar esta idea dejando que la casa hable, haciéndola inhabitable, de una forma esquemática y tridimensional, en un trabajo de hierro soldado al que define como ‘la casa del futuro’, en el que parece imposible la estancia, o mediante tablas de madera, en sus trabajos llamados ‘Casa desolada’ que nos recuerda al título de la novela de Dickens y que al igual que Dickens, hace un crítica directa a la situación de la sociedad actual.

 La crítica mediante la sátira está reflejada de manera simbólica, el elemento del comic y sus personajes es vital, un Mortadelo y Filemón que nos recuerda la proximidad de la situación actual con los años cincuenta y con aquella España cañí y rancia que Florentino Díaz teme tanto y que parece estar cada vez más próxima a la realidad, con su  afición por el fútbol y la comercialización de algo llamado Marca España que no hace más que vender este producto rancio al exterior. Estas obras se disfrutan como los cómics, pero dejan esa huella de crítica que pretenden una reivindicación de la movilidad social y de la indignación ante lo que está aconteciendo. Uno disfruta observando estas obras, sobre todo por que resulta un alivio encontrar apoyos igualmente indignados ante la situación actual y que sobre todo, están dedicando su trabajo y centrando su obra a este tema tan preocupante como son los deshaucios.

El uso de los materiales reciclados, muy habitual en la obra de Florentino, es del todo interesante pues a parte de recordarnos lo importante que es reciclar y la utilidad que se le puede dar a materiales usados, nos ofrece una visión de una obra escultórica, hecha de partes de puertas de distintos lugares o de cajas de frutas lo que nos dice que los materiales solo mueren  si no les das un uso, lo que vuelve a ser una crítica a la sociedad de consumo que se basa en el usar y tirar cuando los materiales aún tienen muchas utilidades y posibilidades diferentes.

 Olvidado quedan Le Corbusier y sus cinco puntos, Florentino Díaz nos dice que la arquitectura de la casa es secundaria, lo fundamental es tener una y esa necesidad tan importante para el individuo como es el tener un espacio personal, está siendo arrebatada, mientras algunas figuras políticas viven en áticos de lujo y si el deber de los políticos es representar y proteger a los ciudadanos, ¿Por qué ocurre esto?

No hay comentarios:

Publicar un comentario