Crítica a la exposición “ señales de humo” de Jorge Barbi.
Por : SARA SELAS
Algo se ha estado prendiendo en el nº6 de la madrileña calle, Doctot Fourquet, durante
este último mes. Se trata de la vida del
artista gallego, Jorge Barbi, mezclada, fundida y retorcida por el fuego como a
cámara lenta. La vida de la gran mayoría
de seres humanos que habitan la tierra, arderá en el fuego a la velocidad de la
luz, será algo que ocurra tan rápido que ni si quiera podrá ser apreciado por los sentidos, se consumirá tan deprisa como eligieron ellos
vivirla, a mil por hora. Walt Withman dijo “No permitas que la vida te pase a ti sin que la
vivas” A nadie o a casi nadie le interesa
vivirla en reposo y tranquilidad, por eso tenemos la suerte de poder ver
transformada en arte la vida de una persona cuyo día a día se basa en esto, La
vida tranquila.
La vida está
construida única y exclusivamente por emociones, emociones que transmiten personas
cercanas, ajenas, idealizadas, oníricas… y los objetos materiales a los
que se les da un valor sentimental
especial y no tan especial, pero que forman parte de cualquier persona al igual
que lo hace su brazo, su pierna, o los pelos de la cabeza. Barbi nos muestra en
una de sus primeras obras unos instrumentos de metal y unos bocetos de dibujo como
cosas efímeras, sin transcendencia, que se prenderán en la hoguera, pero que
estuvieron ahí y que son elementos previos a su obra, son su vida. La vida
tranquila está ligada al proceso de observación, la meditación y el descubrimiento.
Jorge Barbi, es el ojo del águila que mediante la espera sigilosamente quieta y
el espionaje de la naturaleza encuentra en la cotidianidad, ARTE , el arte del
detalle, el arte que no se puede ver, el escondido, el oculto, el casi
invisible, aquel que nos ofrece la sencillez de la vida y que las manos traidoras
de la velocidad nos impiden ver como si se tratasen de un negro antifaz.
Esta exposición es un conjunto de ese arte
misterioso ligado a la casualidad y a la observación, con tres obras formadas
por un amplio conjunto de fotografías. La palabra, “ juego” corona la primera
obra, que con un “ oca a oca y tiro porque me toca” nos hace saltar de imagen
en imagen, a cada cual más sorprendente, pasando por hogueras de san juan en
una playa, botellas de cristal que unos ancianos dejaron colgadas de unos
palos, casas abrazadas por letreros de colores, juguetes olvidados en un bosque
por sus infantes dueños, “pincharruedas”
que un mecánico recogió y con cuidado las fue colgando una a una sobre
un corcho… Las fotografías de la segunda son la necesidad transformada en arte,
si unos tacos de madera con formas geométricas azuladas provocadas por insecticidas y aislantes químicos, una patata
apuñalada por plumas que hace la función de espantapájaros y piezas de metal
ordenadas según sus formas y tamaños que yacen sobre una inmensa mesa, no les
parece un arte es que han perdido la cabeza.
Para cerrar
esta alegoría a la vida tranquila, ¿Por qué no un poco de azar? El azar se
transforma en arte en muchas ocasiones, arte que se ha metamorfoseado en cagada
de paloma con forma de un elegante señor, en las cicatrices que un incendio
dejó en el cajón de una mesa, en los caminos que trazan los bígaros por las
rocas de una playa, en una lápida a la que se le han caído algunas de las
letras de su epitafio, en las estelas de dos aviones que hicieron el amor en el
aire…
El arte es
juego es necesidad, es azar, es VIDA.
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