jueves, 10 de octubre de 2013

CAMINANTE, NO HAY BELLEZA, SE HACE BELLEZA AL CONTEMPLAR

Por Marta Miguel.


Parece que a Jorge Barbi sí le hace daño el pasar de sus años. Y la manera en que lo transmite evoca al Abuelo Cebolleta narrando sus prolongados encuentros con la señora Naturaleza a lo largo de un considerable número de años, o mostrando una vasta colección de attrezzos que pese a su aparentemente mera función de colaborar en una escena improvisada, constituyen los personajes protagonistas de las obras. Es ahora cuando todos estos cuentos, almacenados durante tantos años, olvidados, envejecidos, pero nunca, nunca, anacrónicos, reciben de nuevo una luz mucho mayor a la que sus ojos estaban acostumbrados. Es el momento de salir a escena y viajar para descubrir los escondites del Mundo y sus despojos visibles en las “Señales de Humo”.

Cuando tantas y tantas personas han hecho uso del famoso refrán un clavo saca otro clavo, apuesto a que nunca se habrían imaginado esta expresión reflejada en fotografía. Resulta llamativo que gran parte de la exposición esté dedicada a ello: clavos, utensilios varios, herramientas de trabajo, y demás fealdades (porque ciertamente lo son) que, tas la melancolía que invadió al artista cuando observó a sus acompañantes anticuados, anónimos y privados de voz, fueron reunidos para que formaran sin duda bellas composiciones. De esta forma, un punzón reapareció, y su dueño decidió que éste sacaría una chapa, y así sucesivamente hasta que lo antiestético y lo olvidado, en pleno proceso de descomposición en la memoria, floreció como nunca para recordarnos que “nada es absoluto, todo es relativo” como dijo Einstein, y que si a Jorge le apetecía ahondar en su pena por el paso del tiempo y el olvido, así lo hizo, matando dos pájaros de un tiro, porque el resultado final, además es hermoso.

Caminante, son tus huellas el camino y nada más. Los grupos fotográficos “Producto del juego”, “Producto de la necesidad” y “Producto del azar”, se presentan como los pedazos de tierra que el artista le ha robado al sendero cuando dejaba marcada su huella en él. Se trata de ir más allá, de ver con otros ojos, de escuchar el silencio. La relación entre Barbi y las “tonterías” es tremendamente íntima. Y es que el arte y la vida del que lo crea han de estar muy vinculados y corresponderse el uno al otro, así que hemos de dar las gracias a este artista por dejarnos ver lo invisible y prestarnos su delicada apreciación de la importancia de lo secundario, porque nada es importante por sí mismo, como dice el propio maestro de esta lección de arte. ¿Cualquiera podría hacer lo que él hace? Ciertamente sí. Pero él es feliz y lo muestra; experimenta placer buscando el objeto perdido y, sin duda, extrae el encanto a elementos que carecen de él, como el azar o una barra metálica. Y precisamente cualquiera no puede crear lo que ha hecho este abridor de ojos a lo bello.


Está claro que el “racionalizador de lo irracional” no hace más que seguir un rastro invisible. Una marca que permite ser vista exclusivamente por aquel que sabe apreciar todas sus señales. El que no quiera ver en todo esto el dichoso término “artístico”, que no lo haga. La cuestión desde luego no es esa. Disfrutemos sencillamente en la galería Bacelos a través de las pequeñeces que hacen feliz a un artista, y dejemos el debate a un lado, porque lo bello es bello y punto. Hay ocasiones en las que no debemos plantearnos tantas cuestiones, porque como ya dijo Balzac en su día: “un efecto esencial de la elegancia es ocultar sus medios”, así que, gocemos de los deleitosos.

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