Por Marta Miguel.
Parece que a Jorge Barbi
sí le hace daño el pasar de sus años. Y la manera en que lo
transmite evoca al Abuelo Cebolleta narrando sus prolongados
encuentros con la señora Naturaleza a lo largo de un considerable
número de años, o mostrando una vasta colección de attrezzos
que pese a su aparentemente mera
función de colaborar en una escena improvisada, constituyen los
personajes protagonistas de las obras. Es ahora cuando todos estos
cuentos, almacenados durante tantos años, olvidados, envejecidos,
pero nunca, nunca, anacrónicos, reciben de nuevo una luz mucho mayor
a la que sus ojos estaban acostumbrados. Es el momento de salir a
escena y viajar para descubrir los escondites del Mundo y sus
despojos visibles en las “Señales de Humo”.
Cuando
tantas y tantas personas han hecho uso del famoso refrán un
clavo saca otro clavo, apuesto a
que nunca se habrían imaginado esta expresión reflejada en
fotografía. Resulta
llamativo que gran parte de la exposición esté dedicada a ello:
clavos, utensilios varios, herramientas de trabajo, y demás
fealdades (porque ciertamente lo son) que, tas
la melancolía que invadió al artista cuando observó a sus
acompañantes anticuados,
anónimos y
privados de voz, fueron
reunidos para que formaran
sin duda bellas composiciones. De esta forma, un punzón reapareció,
y su dueño decidió que éste sacaría una chapa, y así
sucesivamente hasta que lo antiestético y lo olvidado, en pleno
proceso de descomposición en la memoria,
floreció como nunca para recordarnos que “nada es absoluto, todo
es relativo” como dijo Einstein, y que si a Jorge le apetecía
ahondar en su pena por el paso del tiempo y el olvido, así lo hizo,
matando dos pájaros de un tiro, porque el resultado final, además
es hermoso.
Caminante, son tus
huellas el camino y nada más.
Los grupos fotográficos “Producto del juego”, “Producto de la
necesidad” y “Producto del azar”, se
presentan como los pedazos de tierra que el artista le ha robado al
sendero cuando dejaba marcada su huella en él. Se trata de ir más
allá, de ver con otros ojos, de escuchar el
silencio. La relación entre
Barbi
y las “tonterías” es tremendamente íntima. Y es que el arte y
la vida del que lo crea
han de estar muy vinculados y
corresponderse el uno al otro,
así que hemos
de dar las gracias a este
artista por dejarnos ver lo invisible y prestarnos su delicada
apreciación de la importancia de lo secundario, porque nada es
importante por sí mismo, como dice el propio maestro
de esta lección de arte. ¿Cualquiera podría hacer lo que él hace?
Ciertamente sí. Pero él es feliz y lo muestra; experimenta placer
buscando el objeto perdido y, sin duda, extrae
el encanto a elementos que carecen de él,
como el azar o una barra
metálica. Y precisamente
cualquiera no puede crear lo que ha hecho este abridor de ojos a lo
bello.
Está
claro que el “racionalizador
de lo irracional” no hace más que seguir un rastro invisible. Una
marca que permite
ser vista exclusivamente por
aquel que sabe apreciar todas
sus señales. El
que no quiera ver en todo esto el dichoso término “artístico”,
que no lo haga. La cuestión
desde luego no es esa. Disfrutemos
sencillamente en la galería
Bacelos a través de las pequeñeces que hacen feliz a un artista, y
dejemos el debate a un lado, porque lo bello es bello y punto.
Hay ocasiones en las que no debemos plantearnos tantas cuestiones,
porque como ya dijo Balzac en
su día: “un
efecto esencial de la elegancia es ocultar sus medios”, así que,
gocemos de los deleitosos.
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