El Arte de la Queja
Por María de
Jesús Sarubbi
Un hogar
inhabitable es lo que presenta el escultor Florentino Díaz en su exposición “La
Casa Desolada”. Es lo que para él se ha
vuelto España. O quizás siempre lo fue, si observamos las obras anteriores de
este artista, siempre enfocado en el arte de crítica social. Díaz ya ha
expresado su juicio sobre la remodelación de la M-30 en Madrid y la ribera del
Rio Manzanares, sobre la conquista de América, etc. Aquí, en la Galería
Astarté, es el turno de la crisis actual. A través de pequeñas casas
construidas en madera reciclada intenta transmitir su descontento. Casas vacías
donde el hombre, cuando aparece, es una mera caricatura dibujada o tallada en
la pared, una sombra que no ocupa espacio, que está pero no está, que quiere
vivir pero no le dejan. También acentúa este mensaje en una serie de
fotografías de salones vacíos
intervenidas con grapas y sombras humanas que fueron más que dibujadas,
casi talladas a golpes de carbonilla negra, con el énfasis propio del enojo y
la angustia. Forma extraña de representar la situación de una España en paro,
donde muchas casas ya no están vacías sino llenas de sus habitantes sin rutina
laboral, que esperan una llamada, una
oportunidad.
Las
esculturas de pared también tienen su lugar entre las obras seleccionadas para
esta exposición. Tanto en esta serie de esculturas como en la serie de las
casas, Díaz utilizó maderas recicladas de las puertas de edificios emblemáticos
como fueron el Hotel Palace y Atocha 55. Los textos que incluye en estas piezas
y que aluden directamente al paro, a la corrupción y a “La Marca España” cargan
aun más de significado a la materia prima utilizada y enfatizan su mensaje. Sus
estructuras de acero inoxidable y caucho están impregnadas de dramatismo. Las púas
sobresalen amenazantes subrayando la idea de ruina y desolación y guiando la
mirada hacia los cuadrados negros, que parecen resumir su visión del problema
que aqueja al país.
A través de
una serie de 3 fotografías de uniformes de operarios de fabrica colgados de un
muro y rodeados de cubiertos, pareciera que el artista intenta simbolizar un
armario de la casa donde la ropa de trabajo pende vacía, sin actividad y sin el
sustento que permita tener algo para comer.
Como Mario
Benedetti, Diaz parece decir:” No cabe duda. Ésta es mi casa/aquí sucedo, aquí/me
engaño inmensamente/Ésta es mi casa detenida en el tiempo. (…) Tengo millones
de huéspedes/que ríen y comen/copulan y duermen,/juegan y piensan,/millones de
huéspedes que se aburren/y tienen pesadillas y ataques de nervios.(…)Pero a mi
casa la azotan los rayos/y un día se va a partir en dos/Y yo no sabré dónde
guarecerme/
porque todas las puertas dan afuera del mundo.”La casa de Díaz es una casa abandonada, desierta, habitada solo por sombras oscuras, por espectros de seres humanos. Es una casa de corrupción, de leyenda negra, de pesimismo y de soledad. Por suerte no es la casa de todos los españoles que intentan hacer del lugar donde habitan un sitio acogedor. Y quizás por eso la casa de Díaz está vacía: porque nadie quiere vivir en el pesimismo y la queja, en la destrucción y la desolación. Pero tal vez tenga miedo de salir de ella, enfrentarse al mundo y pelear por hacerlo mejor…tal vez prefiera seguir mirando por su ventana, desde adentro, desde la seguridad de su desamparo. Goethe decía que para conocer a alguien hay que ir a su casa. Y esta es la de Florentino Díaz.
porque todas las puertas dan afuera del mundo.”La casa de Díaz es una casa abandonada, desierta, habitada solo por sombras oscuras, por espectros de seres humanos. Es una casa de corrupción, de leyenda negra, de pesimismo y de soledad. Por suerte no es la casa de todos los españoles que intentan hacer del lugar donde habitan un sitio acogedor. Y quizás por eso la casa de Díaz está vacía: porque nadie quiere vivir en el pesimismo y la queja, en la destrucción y la desolación. Pero tal vez tenga miedo de salir de ella, enfrentarse al mundo y pelear por hacerlo mejor…tal vez prefiera seguir mirando por su ventana, desde adentro, desde la seguridad de su desamparo. Goethe decía que para conocer a alguien hay que ir a su casa. Y esta es la de Florentino Díaz.
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