La casa es el lugar sagrado de cada uno, e
independientemente del poder adquisitivo de cada persona, cada cual intenta
hacer de su vivienda un espacio perfecto en el que refugiarse del mundo
exterior. El artista extremeño Florentino Díaz nos muestra en la galería
Astarté sus ideas acerca de la casa, pero a un nivel nacional, de España como
casa en ruinas debido a la mala gestión y a la dependencia que sufre el país de
Europa. Trata con cierto humor un tema bastante delicado en la situación actual
y su resultado no es del todo satisfactorio, por no decir que sus obras
escultóricas apenas consiguen representar vagamente su intención de sutil
crítica.
En primera instancia nos encontramos con estructuras de
madera reciclada de puertas de hoteles viejas que el propio Florentino Díaz
recogió, la crítica se encuentra en figuras, siluetas, sombras sin rostro de unos
personajes con un maletines haciendo alusión a la corrupción tan presente hoy
día, que se ha convertido en algo rutinario y las ironías sobre el tema abundan
en todas partes, por lo que pierde un elemento importante en todo arte
ORIGINALIDAD. La originalidad es lo que falta en toda la exposición, que solo aparece en ciertos momentos
puntuales. En la misma sala se encuentra el grupo de "Santuarios, espacios
para el no habitar", metal con cualquier forma menos la de un hogar,
aunque esto se trata de justificar con
la comparación de estas estructuras con la mente, el último refugio del ser
humano. Unas cuantas fotografía de su mono de trabajo completan una sala que
deja un poco indiferente al espectador.
Un pasillo que une las dos salas principales presenta en un
lado imágenes de habitaciones con personas que son apuñaladas por cuchillos
fabricados con grapas, haciendo alusión a que por culpa de los elevados precios
de las hipotecas, la casa es nuestra asesina, nuestra propia perdición. Al otro
lado aparecen varios mapas de España formados por trozos de madera recolectada
una vez más por el artista extremeño, se puede leer LME, La Marca España que no
tiene lugar en un país que se encuentra en una situación prácticamente
insoportable, en un país roto y desolado por cuestiones tanto internas como
externas que lo convierten en el hazmerreir mundial.
En la última sala nos encontramos con las obras más
interesantes de toda la exposición, esculturas cuya figura destacada es el famoso
personaje de Francisco Ibáñez, el supuesto cerebro de la pareja más emblemática
del cómic español, Filemón. Por fin Florentino Díaz alcanza el objetivo de
realizar una crítica ácida, gracias a introducir al torpe de Filemón, porque si
España fuese una persona sería, sin dudas, el jefe de Mortadelo y viceversa.
Tan sencillo como que Filemón se considera una persona importante e inteligente
que achaca sus males al bonachón de Mortadelo, pero no es más que un inútil
subordinado de la TIA, cuyos tropiezos provocan la risa de lo lamentables e
inverosímiles que son. "Filemón en el despacho del director" se
levanta como la pieza clave de la exposición, con esa simple maqueta realizada
con cajas de frutas que montan un pequeño despacho, cuyo suelo no es otro que
la bandera de Alemania y la silueta ,que con cara embobada espera recibir
órdenes, es la de Filemón a.k.a. España. Completan la sala más estructuras
metálicas de la serie de los santuarios a los que añade trozos de caucho negro para
mostrar la opacidad de la mente. Mortadelo y Filemón salvan una exposición con
claras intenciones, cuyo fallo reside en la falta de frescura a la hora de manifestarse.
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