Entre a una sala oscura en la que
en el suelo había arena amarilla la cual tenía un foco que la alumbraba, al
principio no entendía que hacia esa
arena allí pero al terminar la exposición supe lo que significaba y frente a
esta se proyectaba un video algo peculiar. Allí empezaba la muestra que sin
duda me llamo mucho la atención con la variedad de fotografías que exhibía el
artista, las cuales tenían algo en común a pesar de ser diferentes entre sí. El
lugar en donde este artista exponía sus obras fue otro de los aspectos que me
llamo la atención, un espacio en el que se podía ver lo pulcro de las obras y
lo deteriorado del edificio haciendo un contraste. Manuel Vilariño nos da a conocer
su exposición titulada “Seda de caballo” en la que predomina la naturaleza
muerta en un aspecto que yo jamás había visto, podríamos decir que muestra una
naturaleza “muerta” literal, presentando cuerpos de animales sin vida y frutas
podridas, además de encontrar fotografías de animales, habían de
paisajes del mar y de la tierra y una escultura de pelos de caballo.
Al comenzar el recorrido
encontramos la primera serie de fotografías en las que se puede observar distintas vistas y tipos de cabezas
humanas “muertas”, esqueletos y maniquíes, otra serie muy parecida a esta es a
la que el autor titulo Bestiario en
la que se hallan animales junto con una herramienta de la cual concluí que cada
herramienta tenía un parecido al animal. Más adelante me encontré con una de
las obras que mas me llamo la atención y de las que tiene los colores más
intensos al igual que diferentes texturas visuales, en la que Manuel Vilariño
hace fotos a animales muertos algunos atados con una cuerda, encima de arena de
distintos colores, así como otras tres obras; Crucifixión de los siete cielo, Crucifixión de luz partida y Cruz de luz borrada. Una escultura de pelos de caballo se
planta ante mí en la que al lado, en la pared, está proyectado un poema el cual
parece ser del propio artista , esta obra produjo en mi, una sensación
completamente opuesta al resto de las obras; y para terminar la exposición, encuentro
una serie de fotografías de paisajes un tanto oscuros y misteriosos, tranquilos
pero espeluznantes , por un lado de paisajes de montañas nubladas en blanco y
negro y por otro lado del mar en las cuales se muestra un ambiente bastante
tranquilo, así como otra serie de fotografías en las que tienen en común una
vela que parece estar recién encendida junto con unos objetos “muertos”,
frutas, esqueletos y un insecto en los que podemos apreciar su estado y textura.
Muchas más obras también fueron expuestas en la sala, las cuales no nombro,
pero que cada una en si tiene un mensaje
distinto.
Para poder salir del lugar de
nuevo pasamos por la sala de la entrada, en la que se encontraba la arena
amarilla amontonada y allí fue donde me di cuenta de lo que se trataba, ya que
en las obras de los animales muertos veíamos esa misma arena aunque de diversos
colores, me di cuenta que esa arena pertenecía a las fotografías y esta vez mi interés
ante ella fue distinto.
Lo interesante de esta exposición
es que la mayor parte de estas fotografías son propias, no son simples capturas
de un momento cotidiano o casual sino que él arma su obra antes de crearla
haciendo la foto, siendo en este caso originales y que mostrando esta
naturaleza muerta la exhibe como inmortal al capturar el momento. Cada uno de
esos elementos el artista los hace suyo.
Por Fabiola Albornoz.
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