miércoles, 16 de octubre de 2013

Mi casa es mi Santuario

Crítica de la exposición “la casa desolada” de Florentino Díaz por Gabriel Izquierdo de la Puebla

Desde hace muchos años, el arte ha ido derivando poco a poco en distintos géneros artísticos: el género pictórico, los géneros literarios, los géneros musicales y cinematográficos hasta el siglo XX, en el cual se ha comenzado a desarrollar un arte que ha ido cambiando con lo establecido buscando la originalidad y rompiendo con el arte figurativo. Es lo que se denomina arte abstracto.

Yo como aprendiz de arte universitario todavía no estoy muy familiarizado con este tipo de arte pero gracias a la visita que realicé a la exposición de Florentino Díaz y junto con las que ya vi hace poco de Vilariño, Barbi y Amondaraín me han ido introduciendo poco a poco en este mundillo.

El artista extremeño Florentino Díaz nos muestra en la Galería Astarté el concepto de “la casa” y “lo político”, es decir, lo que pretende el artista con su exposición es transmitir a todos los que vayan a visitarla el siguiente mensaje: “No hay nada como el hogar”. Con esto lo que quiere reflejar es la idea de la casa como un lugar cómodo y confortable ya que desgraciadamente tal y como está la situación económica hay muchas personas en este país que no pueden gozar de dicho privilegio y se ven obligados a quedarse sin algo tan valioso como es su hogar con todo lo que conlleva sufrir esa pérdida.

La obra comienza con un conjunto de maquetas de unas casitas a medio construir realizadas con piezas recicladas de puertas tiradas a la basura en las que aparecen personajes del cómic de los años 50-60, quizá Florentino los eligió por que eran sus favoritos en su niñez.

Estas miniobras son una reivindicación de lo que despilfarramos debido a que la mayoría de las puertas estaban en perfecto estado. No sabemos apreciar lo que tenemos cuando hay gente que daría lo que fuese por tener la mitad de nuestros bienes materiales. Yo destacaría una en particular que representa, a mi juicio, a un hombre que llega a su casa del trabajo y la encuentra vacía, sin comodidades, sin familia y sin nada, puede representar la lucha diaria de un trabajador que se esfuerza pero nada consigue.

En frente, en la misma sala, se encuentran unas estructuras metálicas a las que el artista ha denominado “santuario”. Estos santuarios hacen referencia a lo prohibido y a lo privado, me explico, antiguamente los santuarios eran lugares de culto a los dioses y solo podían pasar ciertas persona, como los sacerdotes y esta decorado con pinchos que rodean el marco asemejando, o por lo menos lo interpreto yo así, a esas mansiones de ricos con esas puertas con rejas indicando que es una propiedad privada.

En la pared tenemos fotos de formato pequeño en el que se representan trajes que se pone el propio artista para trabajar e incluye una serie de cubiertos como elementos decorativos.

Pasando por un estrecho pasillo llegamos al corazón de la galería en donde el autor nos expone con cajas de naranjas recicladas varios modelos de curiosas casitas, en una de ellas nos enseña su visión sobre como sería una oficina en la que aparece el cómico Filemón y en la otra, cuyo título es “el Marchante Alemán” no he conseguido vincular la construcción con el nombre asignado. Otra obra destacable de Florentino me invita a trasladarme de nuevo al colegio al contemplar esa silla infantil con el mítico Mortadelo.

En esta exposición Florentino nos aclara que su interés por el arte no está creado pensando en la venta de sus obras, sino en el deleite personal que recibe realizando un trabajo que le apasiona.


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