"La materia no se destruye sólo se transforma"
decía el físico francés Antoine Lavoisier en su "Ley de la conservación de
la materia", y el artista gallego Jorge Barbi parece estar completamente
de acuerdo con esta afirmación puesto que su obra, expuesta en la galería Bacelós,
está formada principalmente por fotografías a materiales de los que se deshizo
a lo larga de prolífica carrera. Donde la mayoría de las personas ven restos de
objetos inservibles y cosas curiosas en las que no nos fijaríamos demasiado,
Barbi ve arte. Él mismo reconoce que podemos considerar sus fotos como arte o
como cualquier otra cosa, pero lo que no podemos negar es que estas obras son
parte de su vida y de la nuestra.
La exposición está compuesta por dos partes, la
primera son tres fotografías de metales herrumbrosos, oxidados, inútiles, que
Barbi recogió de las playas gallegas que se recorre de manera casi diaria en
busca de elementos que emplear para su trabajo. Otra foto muestra un montón de
objetos descolocados en una especie de caverna en cuyo interior el sol proyecta
sombras, creando una imagen de gran parecido a la idea de Platón de que esas
cosas no son más que burdas imitaciones de los objetos auténticos que se sitúan
a la salida de la caverna.
El segundo grupo está dividido a su vez en tres
partes, cada una de ellas representan situaciones, lugares u objetos creados
por diversión/juego, necesidad o azar, ya que según Barbi, todo lo que existe
en la vida es debido a alguna de estas tres opciones. En "Producto del
juego" encontramos chicles pegados en paredes, objetos punzantes que
habían pinchado ruedas, restos de un concurso de espantapájaros y las últimas
cenizas de una hoguera de San Juan, imágenes que hemos visto miles de veces en
nuestra vida diaria, a las que nunca hemos dado la más mínima importancia y que
han sido producidas por mera diversión, sin ninguna clase de obligación, el
placer por el placer. "Producto de la necesidad" reúne cosas tan
dispares como estacas para un vallado, fosas de lobos (2 muros que convergen en
un foso redondo) o un espantapájaros, elementos necesarios para proteger
terrenos, ganado o campos de cultivo de la naturaleza y el propio ser humano.
"Producto del azar" se presenta como la compilación de fotos más
curiosa de toda la exposición, improntas de objetos tras un incendio en su
propia casa, trozos de jabón mordisqueados por roedores, excrementos de gaviota
con forma de figura humana (perteneciente a un conjunto de fotografías no
expuestas en la galería Bacelós) y surcos formados riachuelos que simulan bosques
sombríos, todo ello sin ningún tipo de intervención por parte del hombre.
"Señales de humo" es un pequeño homenaje
de Jorge Barbi a la paciencia y al propio Barbi, por sus 22 años de espera, de
recorrer playas, bosques y campos en busca de lo cotidiano y llamativo,
tratando de hacer inmortal todo aquello que desaparecerá sí o sí en un tiempo
no muy lejano. Con esta exposición se hace justicia con un artista al que le
gustan que las cosas perduren en un mundo en el que todo es efímero, y más las
obras de los artistas que se enfrentan a un olvido inmediato tras su
presentación a un público que sólo se preocupa por el consumo masivo y continuo.
"Señales de humo" es un título perfecto que representa de forma
precisa todo lo que la exposición alberga, un canto al taoísmo y especialmente
a su segundo ideograma, el de la longevidad, una vez que se es feliz lo
importante es perdurar para siempre.
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