CRITICA “SEÑALES DE HUMO” DE JORGE BARBI
Paloma Simó
Jorge Barbi se presenta en esta
nueva exposición como el fruto de muchos años de trabajo recopilados en un
mismo espacio, que nos demuestra el sacrificio de los artistas para crear sus
obras, en las que se reflejaría muy bien la frase “le ha costado dolor, sudor y lagrimas”, dolor por la perdida de la
cosecha como en su obra “Necesidad”, sudor por el calor sofocante de la playa
como en su obra “Diversión” y lágrimas debido al familiar de esa lápida de
letras caídas en su obra “Azar”. Barbi es un artista de producción propia,
contemporáneo, pero sin seguir ninguna tendencia. En “Señales de humo” Barbi quiere
tener un reencuentro con Madrid, y los madrileños, enseñando sus trabajos
realizados durante los últimos veintitrés años. Al entrar en la pequeña y
blanquecina galería de la calle Fourquet nº 6, tenemos un gran contraste, obras
de un fondo oscuro en las paredes de la derecha y obras de un gran colorido en
las paredes de la izquierda.
Las primeras obras de un tono
oscuro, recordando a la oscuridad transmitida en las pinturas negras de Goya,
aparecen objetos variados como en una mesa de escritorio cuando se ha ido la
luz y no ves los objetos con exactitud, o si de unas radiografías en busca de
un extraño objeto se trataran. Tantos objetos diferentes reunidos crean un
conjunto solamente entendible desde el punto de vista de Barbi, teniendo en
cuenta que cada uno de ellos se trata de un elemento que ha encontrado o se le
ha aparecido de pronto y los ha usado para crear nuevas obras, algunas no
llegaron a nada y otras las tiró tras fotografiarlas por aburrimiento de
tenerlas. Poco a poco vamos haciendo un viaje a través de estos oscuros cuadros
descubriendo miles de cosas que nos lleva a preguntar si eso es arte, nadie lo
sabe, puede que si o puede que no, solamente sabemos que esos objetos expuestos
ahí lo están por algún motivo, el motivo principal es que Barbi ya no tiene
complejos, hace lo que él quiere y le gusta, intentando que su “público”
entienda lo mismo que él quiere expresar.
Pasando a las obras coloridas
encontramos centenares de pequeñas fotos unas al lado de otras, distribuidas en
tres grupos. Así, cada grupo, representa un tipo de uso de lo representado en
las fotos. El grupo de fotografía de la diversión, de la necesidad y del azar. En
“Diversión” podemos encontrar imágenes desde botellas de colores metidas en las
ramas de árboles en la playa, que recuerdan a las vidrieras de una catedral
gótica, hasta la colección de piezas mecánicas en el corcho de un taller
realizada por un mecánico; todas las imágenes son fruto de la intención de
divertirse sin ninguna otra finalidad. Pasamos al conjunto de fotografías
denominado “Necesidad”, aquí ya contemplamos las acciones fotografiadas cuya
única función era la necesidad de algo; así una lechuza transformada en
espantapájaros o una muralla, recordando a la muralla china, donde se
acorralaban a los lobos en Galicia, son objeto de la necesidad del hombre al
realizarlos. Finalmente encontramos el grupo de “Azar” en el que Barbi nos
muestra sus conocidas cagadas de gaviota semejantes a formas humanas o un pato
que ha muerto atragantado por intentar comerse un pez más grande de lo que le
cabe en el pico. Con todo esto Barbi nos transmite la sensación de que el mundo
que nos rodea es arte, incluso haciéndonos sentir que cada uno de nosotros
llevamos un artista dentro que debemos sacar ahora o en un futuro.
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