El arte no puede existir ajeno a los problemas del entorno, ni
alejarse de los problemas políticos y sociales del momento. En la exposición
“La casa desolada” LME, del polifacético artista Florentino Díaz, observamos
una visión crítica, irónica y emocional, sobre lo doméstico, lo cotidiano, lo
político. Podemos apreciar su enorme compromiso con la sociedad. Convierte lo
cercano en la base de su discurso, el fundamento sobre el que expresar sus
dudas, exponer sus opiniones. Es un juego y le sirve de terapia
La Galería Astarté ha confiado en este artista, fiel a su
trayectoria desde la década de los 90, cuando, irónicamente, España era “La
casa cómoda”. Su creación establece un diálogo entre lo público o lo exterior,
y lo privado o interior, que acaba mostrando una realidad paradójica. Critica
la situación política actual y al propio medio artístico, el poder de las
nuevas tecnologías que han transformado profunda y radicalmente los lenguajes
artísticos tradicionales. Elige materiales, imágenes o recursos primarios
aparentemente simples y sencillos, cargados de sentido e información visual
emocional. Representaciones tridimensionales, de formas básicas y geométricas.
Dibujos como soportes y grapas como materia, cartones, metal, chapa, madera
reciclada sacada de cajas de fruta y con mayor importancia histórica, puertas
del Hotel Palace y del despacho de abogados en la matanza de Atocha. Florentino
advierte “Lo que despilfarramos está en perfecto estado y le doy una segunda
oportunidad”.
Los problemas colectivos, la entidad social, los desahucios,
el tema de la casa y elementos de la misma, como la silla, son sus
protagonistas como símbolo de un mundo de confrontaciones. La escultura en la
pared de una silla de preescolar, “Cada día me parezco más a Mortadelo”, una
reflexión sobre la memoria, con pinceladas del camaleónico personaje de los
tebeos de la infancia, héroe para algunos, y tan fácil de representar (con un
seis y un cuatro la cara de tu retrato). La silla tiene diferentes
significados, es el trono o símbolo de poder, banquillo de los acusados, lugar
de trabajo, el sitio para el relax. Muchos artistas la han tratado a lo largo
de la Historia del Arte. “Una y tres sillas”, obra de Joseph Kosuth,
reflexiona, “cualquier cosa material o inmaterial, puede ser empleada por el
artista, siempre teniendo en cuenta que tanto la forma como la representación
son sólo vehículos para la trasmisión de una idea”.
Las esculturas denominadas “Santuario”, son estructuras
minimalistas de metal y caucho, espacios para no olvidar, una actitud más
abstracta, más mental. Los salientes representan la dificultad del espacio para
no vulnerar la mansión. Por el contrario, la doble intención del mensaje
directo y reivindicativo en las piezas “soy español en paro estoy”, “Filemón en
la oficina del Director”, con la bandera germana, “El marchante alemán”,
silueta de España en gran parte de las obras, y la marca España, siglas de
organismos internacionales como OEA, con eslóganes actuales, nos transmite el
enfado que le produce la situación del país y, por extensión, del mundo.
La memoria, la historia o el compromiso tienen un espacio
preferente en el trabajo heterogéneo y polifacético de Florentino Díaz. Una
obra gestada en las naves del Centro de Investigación de Artes Plásticas, Jacalito
(de jacal, o choza, con origen en la lengua náhuatl del México azteca), donde
un grupo de artistas pioneros encontró hace años su taller. La leyenda dice que
en un castillo próximo estuvo encerrado, Francisco I de Francia, amante del
arte y quien paradójicamente albergó en su país a Leonardo Da Vinci en sus últimos
años de vida.
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