miércoles, 16 de octubre de 2013

Con el 6 y el 4, la cara de tu retrato

Por Concepción Sanz Cuesta

El arte no puede existir ajeno a los problemas del entorno, ni alejarse de los problemas políticos y sociales del momento. En la exposición “La casa desolada” LME, del polifacético artista Florentino Díaz, observamos una visión crítica, irónica y emocional, sobre lo doméstico, lo cotidiano, lo político. Podemos apreciar su enorme compromiso con la sociedad. Convierte lo cercano en la base de su discurso, el fundamento sobre el que expresar sus dudas, exponer sus opiniones. Es un juego y le sirve de terapia

La Galería Astarté ha confiado en este artista, fiel a su trayectoria desde la década de los 90, cuando, irónicamente, España era “La casa cómoda”. Su creación establece un diálogo entre lo público o lo exterior, y lo privado o interior, que acaba mostrando una realidad paradójica. Critica la situación política actual y al propio medio artístico, el poder de las nuevas tecnologías que han transformado profunda y radicalmente los lenguajes artísticos tradicionales. Elige materiales, imágenes o recursos primarios aparentemente simples y sencillos, cargados de sentido e información visual emocional. Representaciones tridimensionales, de formas básicas y geométricas. Dibujos como soportes y grapas como materia, cartones, metal, chapa, madera reciclada sacada de cajas de fruta y con mayor importancia histórica, puertas del Hotel Palace y del despacho de abogados en la matanza de Atocha. Florentino advierte “Lo que despilfarramos está en perfecto estado y le doy una segunda oportunidad”.

Los problemas colectivos, la entidad social, los desahucios, el tema de la casa y elementos de la misma, como la silla, son sus protagonistas como símbolo de un mundo de confrontaciones. La escultura en la pared de una silla de preescolar, “Cada día me parezco más a Mortadelo”, una reflexión sobre la memoria, con pinceladas del camaleónico personaje de los tebeos de la infancia, héroe para algunos, y tan fácil de representar (con un seis y un cuatro la cara de tu retrato). La silla tiene diferentes significados, es el trono o símbolo de poder, banquillo de los acusados, lugar de trabajo, el sitio para el relax. Muchos artistas la han tratado a lo largo de la Historia del Arte. “Una y tres sillas”, obra de Joseph Kosuth, reflexiona, “cualquier cosa material o inmaterial, puede ser empleada por el artista, siempre teniendo en cuenta que tanto la forma como la representación son sólo vehículos para la trasmisión de una idea”.

Las esculturas denominadas “Santuario”, son estructuras minimalistas de metal y caucho, espacios para no olvidar, una actitud más abstracta, más mental. Los salientes representan la dificultad del espacio para no vulnerar la mansión. Por el contrario, la doble intención del mensaje directo y reivindicativo en las piezas “soy español en paro estoy”, “Filemón en la oficina del Director”, con la bandera germana, “El marchante alemán”, silueta de España en gran parte de las obras, y la marca España, siglas de organismos internacionales como OEA, con eslóganes actuales, nos transmite el enfado que le produce la situación del país y, por extensión, del mundo.

La memoria, la historia o el compromiso tienen un espacio preferente en el trabajo heterogéneo y polifacético de Florentino Díaz. Una obra gestada en las naves del Centro de Investigación de Artes Plásticas, Jacalito (de jacal, o choza, con origen en la lengua náhuatl del México azteca), donde un grupo de artistas pioneros encontró hace años su taller. La leyenda dice que en un castillo próximo estuvo encerrado, Francisco I de Francia, amante del arte y quien paradójicamente albergó en su país a Leonardo Da Vinci en sus últimos años de vida. 

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