Elisa Jiménez Corcobado
Cuando no encontramos las palabras
necesarias para expresar lo que sentimos, lo que nos entristece,
angustia, estresa, deprime, necesitamos acudir a otros vehículos de
expresión para poder canalizar todo aquello que, en cierto modo, nos
oprime por dentro y no nos deja ser. El arte, podría ser uno de
ellos. Tal vez, a través de éste, algunos artistas logren descargar
tensiones, tramitar conflictos, y por qué no, poner el grito en el
cielo, haciendo partícipe al mundo de todo aquello que les inquieta
y les atormenta. Tal y como comenta una especialista en arteterapia,
Pagliuca: el arte supone una forma fácil y cómoda de bucear en
nuestro interior, sacar los conflictos al exterior y manejarlos de un
modo indirecto, transformándolos de manera creativa.
Florentino Díaz, podría ser
un ejemplo de esta forma de hacer arte. Este artista cacereño,
jugando con la idea del
espacio, utilizando materiales precarios como madera, caucho o acero
inoxidable, trabajando con el dibujo, la escultura y la gráfica,
introduciendo personajes con objeto caricaturesco, relacionando lo
doméstico con lo político, y haciendo uso de una aguda ironía,
logra plasmar su preocupación por nuestros tiempos.
Todas
estas obras escultóricas, que se están exponiendo actualmente en la
galería madrileña, Astarté, parecen alejarse de la idea de belleza
que, antiguamente, predominaba
en las esculturas de los
grandes maestros como Miguel
Ángel, Donatello o Bernini. Las obras de Florentino Díaz, no son
obras bellas, que hablen por sí mismas, que nos conmuevan por
dentro, simplemente son obras que, tal y como dice el propio artista,
pretenden ser como trozos de realidad, sacados de acá y de allá, y
que no aspiran a otra cosa que a satisfacer la necesidad de decir lo
que quiero y siento, en estos momentos de absoluta incertidumbre en
los que la supervivencia ha pasado a ser objetivo prioritario.
Por lo tanto, ¿podemos
considerar arte a la obra de este artista?
Hoy en día, ese
afán innovador, de hacer con lo que hay lo que no hay, en
ocasiones, parece
alejarse de la idea de
belleza, de la intensidad del
arte, son obras que no hablan por sí mismas y que simplemente
reflejan las emociones propias del artista provocando nada
en el espectador que las contempla. Estamos inmersos en un arte
demasiado conceptual, que nos lleva, inevitablemente, a plantearnos
si podríamos calificar a
algunas obras verdaderamente
como artísticas.
Formalmente,
La casa desolada, L.M.E.,
deja mucho que desear, ya que
se aleja de lo puramente bello, para centrarse únicamente en el
concepto que quiere transmitir. Por ello, existirían muchos, que
considerasen estas obras como una tomadura de pelo, ya que pueden ser
vistas como simples manualidades que hasta un niño de primaria
podría realizar. Aunque, por el contrario, también podría haber
personas que defendiesen que
lo que se muestra en esta exposición está al nivel necesario para
ser considerado como arte. El debate queda abierto, solo pasen, vean
y juzguen por ustedes mismos.
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