jueves, 17 de octubre de 2013

¿Arteterapia?

Elisa Jiménez Corcobado

  Cuando no encontramos las palabras necesarias para expresar lo que sentimos, lo que nos entristece, angustia, estresa, deprime, necesitamos acudir a otros vehículos de expresión para poder canalizar todo aquello que, en cierto modo, nos oprime por dentro y no nos deja ser. El arte, podría ser uno de ellos. Tal vez, a través de éste, algunos artistas logren descargar tensiones, tramitar conflictos, y por qué no, poner el grito en el cielo, haciendo partícipe al mundo de todo aquello que les inquieta y les atormenta. Tal y como comenta una especialista en arteterapia, Pagliuca: el arte supone una forma fácil y cómoda de bucear en nuestro interior, sacar los conflictos al exterior y manejarlos de un modo indirecto, transformándolos de manera creativa. Florentino Díaz, podría ser un ejemplo de esta forma de hacer arte. Este artista cacereño, jugando con la idea del espacio, utilizando materiales precarios como madera, caucho o acero inoxidable, trabajando con el dibujo, la escultura y la gráfica, introduciendo personajes con objeto caricaturesco, relacionando lo doméstico con lo político, y haciendo uso de una aguda ironía, logra plasmar su preocupación por nuestros tiempos.


  Todas estas obras escultóricas, que se están exponiendo actualmente en la galería madrileña, Astarté, parecen alejarse de la idea de belleza que, antiguamente, predominaba en las esculturas de los grandes maestros como Miguel Ángel, Donatello o Bernini. Las obras de Florentino Díaz, no son obras bellas, que hablen por sí mismas, que nos conmuevan por dentro, simplemente son obras que, tal y como dice el propio artista, pretenden ser como trozos de realidad, sacados de acá y de allá, y que no aspiran a otra cosa que a satisfacer la necesidad de decir lo que quiero y siento, en estos momentos de absoluta incertidumbre en los que la supervivencia ha pasado a ser objetivo prioritario. Por lo tanto, ¿podemos considerar arte a la obra de este artista? Hoy en día, ese afán innovador, de hacer con lo que hay lo que no hay, en ocasiones, parece alejarse de la idea de belleza, de la intensidad del arte, son obras que no hablan por sí mismas y que simplemente reflejan las emociones propias del artista provocando nada en el espectador que las contempla. Estamos inmersos en un arte demasiado conceptual, que nos lleva, inevitablemente, a plantearnos si podríamos calificar a algunas obras verdaderamente como artísticas.


  Formalmente, La casa desolada, L.M.E., deja mucho que desear, ya que se aleja de lo puramente bello, para centrarse únicamente en el concepto que quiere transmitir. Por ello, existirían muchos, que considerasen estas obras como una tomadura de pelo, ya que pueden ser vistas como simples manualidades que hasta un niño de primaria podría realizar. Aunque, por el contrario, también podría haber personas que defendiesen que lo que se muestra en esta exposición está al nivel necesario para ser considerado como arte. El debate queda abierto, solo pasen, vean y juzguen por ustedes mismos.





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