miércoles, 9 de octubre de 2013

Que veinte años no es nada


“Que veinte años no es nada”
Rosa Medina

“Señales de humo” es el título de la exposición que Jorge Barbi nos trae a la Galería Bacelos en un doble guiño a lo que queda después del incendio que todo lo destruye --el paso del tiempo--, y a las ideas que ese humo --sus fotografías--, nos quieren transmitir y que, al principio, no son comprensibles para el que las mira. Y no lo son, porque es necesario contemplarlas con calma, con ese tiempo del que sabe disfrutar el artista, y despojados de los prejuicios sobre lo que pensábamos debía ser una obra de arte.

Así, cuando descubrimos que alguna de las fotografías lo son de huellas dejadas por los excrementos de las gaviotas sobre las rocas, nos atenaza la eterna pregunta de si la obra de Barbi, Siobhan Meow, inluso Manzoni, merecen realmente la consideración de obra de arte. Y es justo en ese momento, cuando el recuerdo de las palabras de José Jiménez “el artista actual elabora un juego de lenguaje, cuyas claves deben ser desentrañadas para poder interpretar sus intenciones y sentidos”, nos permite entrar y disfrutar del sentimiento de la exposicion.

Atento al paso de tiempo -- "todo cambia. Lo único que permanece es el paso del tiempo, aunque ya no estemos aquí", confesaba el artista con ocasión de su exposición en el museo de Vigo--, esa atención resulta hoy más evidente, al elegir, veintidós años después y en el mismo lugar donde empezó, los restos desechados de otras obras, obras que empezó y no  terminó o que continuó de otra manera. Primeros indicios de obras de arte que rescata de esa gruta, cual caverna de Altamira,  y que finalmente tras muchos años, plasma en sus fotografías, para atraparlas para siempre, para que no se vuelvan a escapar.
Junto a esos restos, los objetos que el artista ha ido guardando, cual un nuevo Diógenes, pero no por el simple placer de acumularlos, sino por el deseo de transformarlos en imágenes diferentes que transmitan un mensaje distinto, a cada uno el suyo, porque supone volverlos a vivir, a disfrutar. Y en ese proceso de contemplar, de hallar sin buscar, el artista encuentra una nueva victoria sobre el inexorable fluir del tiempo, porque con su paciente recogida y posterior ensamblaje, conseguirá, primero él y luego el espectador, recuperar algo que ya estaba desechado y, por tanto, olvidado.

En su minuciosa y atenta observación de la naturaleza y sus continuos cambios, Barbi encuentra durante los paseos por el entorno cotidiano de su Galicia natal,  cabacos,  hierros, palos,  piedras, objetos hechos por el hombre, y otros por esa naturaleza que cada día le ofrece algo diferente.. Objetos que meticulosamente recoge, almacena y, otra vez, elige, separa, singulariza, descontextualiza, transformándolos en el momento de captarlos, en esta ocasión, mediante la fotografía. Objetos ordenados con ese fin, porque aunque parezca que están puestos al azar, nada es casual en su obra, sino que, como el propio artista confiesa, son producto de muchos años de trabajo y reflexión. Objetos en definitiva, que están al alcance de todos, pero en los que solo él sabe ver algo diferente. Decía Ludwig Wittgenstein que “hay cosas en la vida cotidiana que pueden convertirse en otra cosa…, los artistas utilizan los mismos materiales  y les dan la vuelta para que proyecten otra cosa”

Un orden y una reflexión que están todavía mas presentes en la trilogía de los productos, aquellos que se derivan de la necesidad, del juego y del azar, y que llevan al espectador a participar del placer de contemplarlas y del juego de adivinar la razón de su emplazamiento.
  

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