“Que veinte años no es nada”
Rosa Medina
“Señales de
humo” es el título de la exposición que Jorge Barbi nos trae a la Galería
Bacelos en un doble guiño a lo que queda después del incendio que todo lo destruye
--el paso del tiempo--, y a las ideas que ese humo --sus fotografías--, nos
quieren transmitir y que, al principio, no son comprensibles para el que las
mira. Y no lo son, porque es necesario contemplarlas con calma, con ese tiempo
del que sabe disfrutar el artista, y despojados de los prejuicios sobre lo que
pensábamos debía ser una obra de arte.
Así, cuando
descubrimos que alguna de las fotografías lo son de huellas dejadas por los excrementos de las gaviotas sobre las rocas,
nos atenaza la eterna pregunta de si la obra de Barbi, Siobhan Meow, inluso Manzoni, merecen realmente la consideración de obra de arte. Y es justo en
ese momento, cuando el recuerdo de las palabras de José Jiménez “el artista
actual elabora un juego de lenguaje, cuyas claves deben ser desentrañadas para
poder interpretar sus intenciones y sentidos”, nos permite entrar y disfrutar
del sentimiento de la exposicion.
Atento al paso
de tiempo -- "todo cambia. Lo único que permanece es el paso del
tiempo, aunque ya no estemos aquí", confesaba el artista con ocasión de su
exposición en el museo de Vigo--, esa atención resulta hoy más evidente, al
elegir, veintidós años después y en el mismo lugar donde empezó, los restos
desechados de otras obras, obras que empezó y no terminó o que continuó de otra manera. Primeros
indicios de obras de arte que rescata de esa gruta, cual caverna de Altamira, y que finalmente tras muchos años, plasma en
sus fotografías, para atraparlas para siempre, para que no se vuelvan a escapar.
Junto a esos restos, los objetos que el artista ha ido
guardando, cual un nuevo Diógenes, pero no por el simple placer de acumularlos,
sino por el deseo de transformarlos en imágenes diferentes que transmitan un mensaje
distinto, a cada uno el suyo, porque supone volverlos a vivir, a disfrutar. Y
en ese proceso de contemplar, de hallar sin buscar, el artista encuentra una
nueva victoria sobre el inexorable fluir del tiempo, porque con su paciente
recogida y posterior ensamblaje, conseguirá, primero él y luego el espectador,
recuperar algo que ya estaba desechado y, por tanto, olvidado.
En su minuciosa y atenta observación de la naturaleza y
sus continuos cambios, Barbi encuentra durante los paseos por el entorno
cotidiano de su Galicia natal, cabacos, hierros, palos, piedras, objetos hechos por el hombre, y otros
por esa naturaleza que cada día le ofrece algo diferente.. Objetos que
meticulosamente recoge, almacena y, otra vez, elige, separa, singulariza,
descontextualiza, transformándolos en el momento de captarlos, en esta ocasión,
mediante la fotografía. Objetos ordenados con ese fin, porque aunque parezca
que están puestos al azar, nada es casual en su obra, sino que, como el propio
artista confiesa, son producto de muchos años de trabajo y reflexión. Objetos en
definitiva, que están al alcance de todos, pero en los que solo él sabe ver algo
diferente. Decía Ludwig Wittgenstein que “hay cosas en la vida cotidiana que
pueden convertirse en otra cosa…, los artistas utilizan los mismos materiales y les dan la vuelta para que proyecten otra
cosa”
Un orden y una reflexión que están todavía mas presentes
en la trilogía de los productos, aquellos que se derivan de la necesidad, del
juego y del azar, y que llevan al espectador a participar del placer de
contemplarlas y del juego de adivinar la razón de su emplazamiento.
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