Con el arte en los talones
Julia Fernández Toledano
¿Qué es el arte? ¿Para qué sirve? ¿Cómo se
interpreta? ¿Dónde podemos encontrarlo? Son preguntas que la mayoría de las
personas se hacen alguna vez en la vida. Para Dino Formaggio, «arte es todo
aquello que los hombres llaman arte». Para Marcel Duchamp, «el arte es la idea»
mientras que para John Ruskin «el arte es expresión de la sociedad». Para otros
simplemente es un chiste bastante infortunado: “morirse de frío”. Todas estas
preguntas afloran y se acentúan en la galería Bacelos contemplando la
exposición Señales de Humo de Jorge
Barbi.
En este caso,
tenemos el privilegio de ver, escuchar e incluso sentir al artista siendo él
mismo quien da las pautas de lo que es en sí su obra, de lo que para él es el
arte y dónde se encuentra, diciendo así de forma consciente o inconsciente lo
que es en realidad la vida. El arte, al igual que la vida, se encuentra en el
día a día de una persona, en lo que a mí puede llegar a parecerme
insignificante e incluso molesto, en el juego, en el azar, en la necesidad, en
el encuentro de algo inesperado, en el tiempo anterior, en el mundo de la
naturaleza y en el humano.
Su brillantez
radica en que es capaz de mostrarnos ese arte oculto y tan cercano a nosotros.
Gracias a las señales de humo que nos
envía, ninguno de nosotros volverá a pasar inadvertido por un taller, por el
campo, por el jardín de su casa o por delante del mar sin acordarse de su obra,
sin acordarse de él.
Barbi divide
la galería en varias partes: un primer lugar donde encontramos pinturas con
fondos oscuros. Algunas de ellas hacen referencia a su paso por Madrid en
varias ocasiones anteriores. Allí se encuentran pintados y ubicados en un
espacio obras que ya había expuesto antes en la capital. Pinturas que muestran
el paso previo, el tiempo anterior, tan importante o más que el tiempo presente
porque ¿habrían podido existir los proyectos ya presentados sin lo que hoy nos
muestra el artista en estas pinturas?
Otro cuadro
juega con la imagen de la gruta, ese gran almacén donde van a parar muchas de
las cosas que ya no sirven, nuestros grandes proyectos frustrados, que iban a
ser pero que finalmente no fueron, ese gran almacén que existe tanto a nivel
físico como simbólico. También se aprecia en ellos un humo que representa lo
efímero, la velocidad con la que suceden las cosas, lo que queda del trabajo
que poco a poco se va destruyendo, de ese trabajo que alguien contempla
ensimismado pero que pronto se olvida de él.
Por otro lado,
encontramos fotografías que se pueden dividir en todas las acciones que
llevamos a cabo en nuestra vida y que pueden resumirse en base a tres impulsos:
lo que sucede como “Producto del juego”, lo que sucede como “Producto de la
necesidad” y lo que sucede como “Producto
del azar”. Las combinaciones de cada una de las tres piezas resultan muy
llamativas ya que al ver tantas fotografías expuestas tan próximas, una no sabe
por dónde empezar a contemplar la obra porque quisiese verlo y localizarlo todo
de inmediato. Además hacen que me pregunte: ¿Esto es arte? ¿Unas botellas de
plástico ensartadas en un palo y moviéndose por el viento? ¿Una mesa llena de
maderas? ¿Los hierros que pinchaban las ruedas de unos coches? ¿Las cagadas de
unos cuantos pájaros son arte? Pero Barbi responde a esta pregunta: sí, para él
sí, y como él dice eso es lo realmente importante.
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