LA NUEVA ERA PERVERSA
Julia Fernández Toledano
Paradójico y curioso resulta el título que da
Florentino Díaz a su última exposición en Madrid: “La casa desolada”. Estas
tres palabras quedan retumbando y resonando en mi cabeza mientras contemplo,
siento, admiro y escucho la obra y al mismo artista.
Lo primero que veo al entrar son unas pequeñas
maquetas de casas destartaladas realizadas con puertas recicladas, tratando de ir
contra todo lo que despilfarramos. Aparentemente simples puertas pero con
grandes historias. Encontradas en la basura y a las que Florentino Díaz ofrece
una segunda oportunidad. En varias de ellas, vemos la silueta de un hombre que
porta un maletín donde se pueden leer las letras LME (La marca España). Imagínense.
Como bien el artista dice, la casa es aquello con
lo que todos fantaseamos de niños pensando cómo será la nuestra propia. Es ese
espacio donde evadirnos del mundo, nuestro rincón más íntimo. Viendo la obra me
pregunto ¿si me quitasen la casa, que me quedaría? Entonces pienso en el
complejo entramado que nos rodea y en especial en los desahucios. Familias
enteras que se quedan sin sus espacios más íntimos, ésos con los que yo y otros
tantos fantaseamos pero ya convertidos en realidad. No importa ni la edad, ni
los años, ni el sexo. No nos importa nada salvo lo nuestro propio triunfo y
bienestar. Pero como bien dice Martín Niemöller: “Primero se llevaron a los
comunistas, pero a mí no me importó porque yo no lo era; enseguida se llevaron
a unos obreros, pero a mí no me importó porque yo tampoco lo era, después
detuvieron a los sindicalistas, pero a mí no me importó porque yo no soy
sindicalista; luego apresaron a unos curas, pero como yo no soy religioso,
tampoco me importó; ahora me llevan a mí, pero ya es demasiado tarde”.
También me llaman la atención unas maquetas con
formas más abstractas y conceptuales y que el artista relaciona con la ruina.
Además sobresalen unos pinchos que representan la dificultad, esos que parece
que a una nunca le van a pinchar pero que en cualquier momento podemos tener
clavados en nuestro propio costado, o en el de una hermana, un vecino o un
conocido.
Asimismo encontramos cuatro fotos, en formato
reducido, del uniforme de trabajo del artista. Por encima de él vemos unas
piezas metálicas. En la primera fotografía éstas están colocadas
aleatoriamente, en la segunda a modo de armas revolucionarias, después formando
el mapa de España y por último formando tres palabras: “la marca España”. Además vemos otras maquetas
realizadas con cajas de fruta donde podemos apreciar la bandera del país que
lleva la voz cantante y que ajusta y dirige
Europa superstar, Alemania, y
a Mortadelo y Filemón. En ellas también leemos, y prácticamente cantamos, esa
melodía que dice: “yo soy español, español, español”. Yo soy español, no
trabajo, no tengo casa, el Gobierno y los medios me manipulan pero soy español
y no pasa absolutamente nada mientras mi
selección de fútbol siga ganando todos los partidos. Con el fútbol me viene el
lema romano a la cabeza “pan y circo”. En mi opinión, un escapismo bastante
criticable.
Sin duda lo que más admiro de Florentino Díaz es su
compromiso social, político y moral sin querer llevarlo a cartel. Como él dice,
hace lo que hace simplemente para desahogarse, para decir con su arte aquello que
no puede callar más y que si expresásemos con palabras sería bastante más
desagradable
Pienso, como Trosky, que "el arte y la cultura
forman otro frente de lucha; escritores y artistas son sus soldados."
Gracias soldado por tus palabras, tus
obras y tu compromiso.
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