A medida que vamos avanzando o evolucionando en la vida
conocemos cosas nuevas y encontramos nuevos retos, aspiraciones más ambiciosas,
es decir, recorremos nuevos caminos, “caminante no hay camino se hace camino al
andar” como nos diría el poeta Antonio Machado. Pero, qué hay de todo aquello
que dejamos atrás, todo lo que no puede continuar con nosotros por ese camino o
simplemente lo desechamos para conseguir cosas nuevas.
En esta exposición de
Jorge Barbi esta idea de los sueños abandonados queda fijada en algunas de sus
fotografías, en las que vemos objetos, o deseos ya anclados en un pasado, todo
ello rodeado de una cortina de humo reflejando así de forma metafórica, cómo
todo aquello que un día era suyo y que él quería se marcha, se disipa, se
deshace en el pasado como el humo en el viento. Esto es de gran relevancia ya
que el nombre de la propia obra es “Señales
de humo”. Mientras caminaba por la pequeña galería mi atención se centró en
los grandes mosaicos que cubren parte de las paredes. Siempre me han gustado
ese tipo de composiciones, ya que te permiten poner cosas muy diversas y
diferentes entre sí pero que queden en una perfecta armonía, además el colorido
de los mosaicos en contraste con las paredes blancas de la galería hacía ver un
colorido y una luminosidad que incluso te podían parecer imágenes divertidas. En
estos mosaicos Barbi jugaba con tres temáticas distintas: la primera era el
azar, y quizá sea la que más curiosa me pareció, como de cosas simples podemos
interpretar otras totalmente distintas, como algunos objetos o cosas por
cuestiones de azar parecen algo distinto, por ejemplo como unos excrementos de gaviota
pueden parecer antiguas pinturas rupestres. Otro tema es la necesidad, en este
conjunto de imágenes, bajo mi punto de vista, muestra como el ser humano se
sirve de la naturaleza para su propio beneficio, también creo que intenta
transmitir cómo, cuando un individuo tiene necesidad de algo, surgen esas
capacidades de invención, como por ejemplo hacer un espantapájaros con una
patata y plumas. Por último nos presenta una serie cuyo asunto trata del juego.
Son una serie de imágenes que no nos muestran nada más allá del juego visual o la
simple diversión del artista como algunos juegos tradicionales como es el ejemplo
de las botellas clavadas en las finas ramas.
Una de las primeras cosas que me transmitió esta obra es que
no se necesita esa erudición que se cree necesaria en ocasiones en el mundo del
arte, sino que con cosas simples de la vida cotidiana también se pueden crear
grandes fotografías, podemos servirnos de cosas simples que el mundo en el que
vivimos nos aporta. También creo que es una provocación hacia el espectador,
incitándole a creer que se puede hacer arte con muy poco. Crea una sensación de
pensar que cualquier cosa que te encuentres puede ser arte, o simplemente una
buena imagen te hace pensar ¿por qué una hoja, por ejemplo, no puede tener una
fotografía y que sea bastante bonita?
Tras ver esta exposición creo que todos deberíamos
reflexionar sobre lo que hemos dejado que se esfumase a lo largo de nuestro
recorrido por la vida y si ha merecido la pena, pero no solo eso, también
deberíamos apreciar más las pequeñas cosas de la vida, ya que algo tan grotesco
y rudo quizás como una roca, también tiene su encanto.
No hay comentarios:
Publicar un comentario