Inés Flórez
Lancha
Estructuras de
madera y un trasfondo reivindicativo son la esencia de la exposición de
Florentino Díaz de la galería Astarté. Hace una clara referencia a la casa y al
estado actual de España, uniendo ambos conceptos en “la casa la marca España”,
como “una ruina casi inminente”. La crítica social es abordada en cada una de
las salas de la exposición, por medio de un humor irónico y con cierta
comicidad, no sólo por las referencias a cómics de Mortadelo y Filemón, sino
también por los colores, los materiales, las referencias infantiles, e incluso,
por cada una de las obras, haciendo su arte “con humor y seriedad”. En ésta
exposición Florentino se nos presenta como un artista polifacético, siendo
escultor e instalador, aunque él mismo se define como esencialmente pintor, acercándose
al dibujo y a la gráfica, uniendo distintas formas y elementos creando cada una
de sus obras.
La silla es un
elemento a destacar en ésta exposición, no solo por su relación con el resto de
la exposición, sino más bien por la clara trayectoria que ha tenido en el arte
contemporáneo. Este mueble tan común ha sido utilizado como un elemento
artístico, teniendo también su importancia en el escaparatismo y la moda, así
como ocurre en los escaparates actuales
de Loewe, una sucesión de sillas en equilibrio presentan la marca por las
tiendas de Madrid. Esto lleva a la reflexión de la importancia de este elemento
en el arte, siendo Florentino Díaz uno de los muchos artistas que lo introduce
en una exposición. Este artista lejos de conformarse con eso, nos presenta una
nueva duda, firmando en su obra “Cada vez me parezco más a Mortadelo”
mostrándonos de nuevo su carácter cómico y haciendo cuestionarnos sobre la
relación entre ambos conceptos.
Florentino muestra
su obra no solo como arte, sino también como terapia, para hacer frente a la
situación de un país que se tambalea, y nos presenta la idea de la casa como
esencia de la persona, como “el sueño de cada uno”, pero lo hace a través de
casas desoladas y caóticas, hechas de madera encontrada en contenedores,
reflejando también “una reivindicación de lo que despilfarramos” mostrando un
enfado con la sociedad y el país. Los personajes de cómic de los años cincuenta
son una mirada a otros tiempos, una evasión a la España de la posguerra, se
trata de “un juego humorístico mezclando la seriedad del momento y estos
personajes de chiste”. Así como la bandera alemana presente en una de sus
obras, puede llevarnos a pensar sobre las diferencias de un país próspero
económicamente y uno que presenta una crisis estructural y coyuntural. Siendo
así patente el pesimismo del artista respecto al país en las distintas salas de
la exposición, y siendo parte simbólica de cada una de las obras.
“Siempre he ido a
mi aire” dice el artista en una entrevista, y es que éste arte es muy distinto
al que encontramos actualmente en otras galerías, Florentino Díaz no sigue
modas, busca una nueva dimensión, lleva una intención detrás de cada obra, un
significado que engloba toda su producción, se trata de una nueva forma de mostrar
las propias inquietudes, otra forma de conectar con el espectador, no sólo con
una dimensión artística, sino también política. Se trata de un arte que no es
puramente visual, sino que lleva consigo una clara intención crítica, que
despierta en el público una reflexión, nos lleva a pensar si ésta
reivindicación tiene su sentido o si más allá de la propia queja es necesaria
una conclusión, o una solución, se trata de un arte que no sólo atañe al
artista, sino también al espectador.
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