Adentrándome en la laberíntica estancia con la idea de la muerte en mi cabeza, me encontré con las miradas penetrantes de distintas aves dispuestas en blanco y negro,sus ojos me congelaron un instante haciéndome sentir por un momento culpable de su muerte. Siguiendo hacia el interior, me fijé en “Paraíso Fragmentado”, el cual daba un toque de color a tan misterioso ambiente. Animales momificados, amarrados con cordones rojos y yacentes en nichos de distintas especias de colores, que parecían querer escapar de la muerte temprana y repentina con la que se habían topado.
Más adelante,escondidas tras unos arcos, encontré algunas de las naturalezas muertas que tanto caracterizan a este fotógrafo. Todas ellas tenían en común una vela y estaban acompañadas por calaveras, frutas podridas y algún que otro insecto. Tal vez esa vela que estaba en todos ellos, quería hacernos reflexionar sobre como nuestra vida se va consumiendo poco a poco, o que por el zar, de repente, de un suspiro puede apagarse por completo para siempre.
Antes de llegar a los últimos rincones de la exposición, me topé con una gran bola hecha, parece ser, con pelo de caballo, a la que acompañaban unos bonitos poemas de Vilariño expuestos en la pared. El pelo de caballo de aquella bola de cedro, quería rememorar tiempos pasados de cuando él era niño en su Galicia natal.
Ya finalizando mi recorrido, vi unas imágenes contrapuestas, la luz y la oscuridad, la vida y la muerte. En unas de ellas preciosas playas solitarias, en las otras, montañas negras con nubes blancas. Pero en conjunto me transmitían tranquilidad a la vez que melancolía, quería estar allí paseando sin nadie a mí alrededor como si la dueña de todo aquello fuese yo. Al fondo me llamó la atención “Al Despertar”, ese increíble acantilado en colores grisáceos, el cual parecía que te invitaba a lanzarte al abismo para, o bien, acabar con los recuerdos del pasado y olvidarlo todo, o por el contrario, para sentir la libertad que tienen las aves al volar, a querer lanzarte desde allí para experimentar por un momento esa sensación. A su lado se proyectaba un video que daba por concluida la exposición, en él, el artista paseaba en soledad por un bosque gallego y plantaba un pequeño arbusto de acebo.
Dando por acabada mi visita me di cuenta de que había dejado entre los pálidos arcos del lugar, “Bestiario”, una extraña obra en la cual estaban emparejados raramente animales y herramientas. Pero fijándome más detalladamente hallé que las partes de las herramientas parecían congeniar con las partes del animal al que acompañaban, es decir, había un cierto parecido entre ellos.
Saliendo ya de la peculiar y magnífica exposición, en mi mente seguía estando plasmada la idea de la muerte. La cúrcuma que nos recibió al principio, se despedía de mí dejando solamente una frase en mi cabeza: polvo eres y en polvo te convertirás.
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