jueves, 17 de octubre de 2013

EFECTIVAMENTE, EL FIN DE LA HISTORIA NO HA LLEGADO



Crítica de la exposición de Florentino Díaz, por Natalia Platard de Quenin

Al entrar en la Galería Astarté nos topamos con una serie de mensajes ocultos, relacionados todos con la otra cara de nuestro Mundo Actual. En alusión a Charles Dickens, Florentino Díaz nos recuerda lo imposible que resulta zafarse de las trampas que acompañan a la sociedad industrial. Estos años de crisis han permitido resaltar los más obvios defectos de un sistema, que también tiene consecuencias escondidas. Consecuencias visibles e invisibles, que Florentino Díaz pretende presentar con su exposición La Casa Desolada L.M.E. Nos encontramos ante dos facetas de un facsímil que han sido construidas con sus habituales: madera, acero y caucho. Así, sobrepasando una vez más una suerte de estructuralismo escultórico, tenemos el manejo de un lenguaje que pretende no ser demasiado evidente.

Primero, nos centraremos en los aspectos más evidentes de su reivindicación. A lo largo de la galería están repartidas sus piezas de madera reciclada. Madera que proviene de unas puertas centenarias del Hotel Palace. Puertas rescatadas por el artista, en esa dicotomía entre lujo y objeto desechado, alude al cambio constante, a una cultura de rápido reemplazo, hacia la que nos vemos abocados por el consumismo. Es la presentación del hombre moderno, apareciendo en distintos ambientes, pretendiendo recrear el mundo oficinesco, con sillas, mesas, bombines o maletines. Ese hombre troquelado, esclavo de un destino, convertido en víctima de las circunstancias. Es el hombre español, que se ve acosado por el paro, la corrupción; la supervivencia es su sino. En tono caricaturesco, se reparten las figuras por pequeñas habitaciones que reproducen construcciones que veremos en acero. Estructuras metálicas, de las que sólo podremos hablar una vez hayamos hecho una parada por un punto de transición.

Transición marcada por sus fotografías. Empezamos con cuatro que permiten ver el juego recurrente que hace el artista, entre materiales duros y blandos. Bajo un conjunto de lo que asumimos como ropa de trabajo, que no llega a ser un mono, tenemos el retrato impersonal del español común, en lo que a su vez es un autorretrato de Díaz. Rodeado por cubiertos metálicos, nos habla de la situación de supervivencia a la que éste se ve sometido. De manera inmediata por la actual situación de crisis económica y, en general, por la corriente de un sistema que no superó los males decimonónicos y sólo se produjo su evolución. A su vez, tenemos una serie de fotografías, que haciendo una especie de collage, mezcla dibujo y grapa. Nos transporta a habitaciones y despachos, con la aparición recurrente de ese personaje caricaturesco, que nos recuerda a Filemón. Son los espacios contemporáneos que han cambiado.

Estructuras de acero, a veces adornadas con caucho, nos recuerdan a las habitaciones de las fotografías, o a esos escenarios presentes en las piezas de madera. Parecieran las estructuras de un edificio pendiente de iniciar su relleno, ya sea con ladrillo, hormigón, madera… Es la representación de la pérdida de esos espacios privados, de cómo la sociedad que nació con las historias de Dickens ha acabado por confundir lo que es público. Redes Sociales, Realities, son los mejores ejemplos de cómo la evolución tecnológica nos ha empujado a una incapacidad de distinción entre que debería y que no debería ser expuesto.

A través de una muestra que tiende al minimalismo, Florentino Díaz consigue presentarnos una crítica brutal de la sociedad actual. Relatos presentados en tono conceptual, que invitan a reflexionar sobre el presente y el futuro. Al finalizar la vista, nos vemos invadidos por un sentimiento de desazón e impotencia. Parece que no tenemos alternativa. Seríamos ese autorretrato del hombre programado, el que sigue el camino establecido para “triunfar” y que termina viéndose traicionado.

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