Bajo el nombre de “La casa
desolada” encontramos la última exposición del artista Florentino Díaz, en la
que saca a la luz varios proyectos en los que actualmente está trabajando.
Listones de madera, barras de acero y sillas escolares son algunos de los
materiales que el autor ha decidido usar en sus obras. Cabe destacar que todo
esto es arrancado de un contexto urbano; la madera, la más común, fue
encontrada en típicas cajas contenedoras de fruta que cualquiera puede ver por
las calles. Por otro lado tenemos el acero, habitualmente dispuesto en otra
finalidad artística de diseño industrial, como pudiera ser la arquitectura, sin
embargo el autor los expone como escultura, es decir, olvidando su función
práctica.
El hecho de construir
viviendas con materiales pobres recogidos del plano urbano podría indicar una
protesta hacia la sociedad contemporánea, no parece evadirse de realidad
buscando lo hermoso en sus obras, sino que las carga de crítica social y
política. Lo estético parece pasar a un segundo plano como excusa para crear la
obra, sin importar el aspecto que se le ha dado, puramente infantil y carente
de la más mínima belleza, incitando casi a evitar la mirada del público. Florentino Díaz ha
intentado atraer la atención del público con toques humorísticos de la sociedad
de la época a la que pertenece. Esto es, para bien o para mal, con personajes
del cómic, pretendiendo crear una historia amena que contar a los visitantes
que contemplan estas esculturas. La imagen de Filemón, varias veces confundida
con Mortadelo por el propio Florentino, es retratada en algo parecido a una
oficina, donde vuelve a introducir una queja de este mundo moderno, algo
irónico tratándose sus obras del ejemplo de arte de mundo moderno más claro que
pueda haber.
Lo más apropiado para la
exposición hubiera sido una crítica a esta situación del arte en el mundo
contemporáneo, como se destrozan ideales de belleza con tan solo una pieza de
madera, o una inanimada barra de acero. El arte radica en la belleza relativa
de cada ser humano, común en cuanto a lo visual, y sin embargo la mentalidad
actual se centra en lo patéticamente armonioso que resulta unir una silla a la
pared y comentar lo mucho que te rememora a la infancia, algo que el espectador
ni sabe ni le interesa, pues lo que busca es la belleza, no la simbología de un
autor de nombre prácticamente desconocido. El significado del arte es sin duda
el abismo entre lo visualmente bello y lo práctico, ya como antaño hacían los
romanos, que aun siendo algo que se le daba un uso diario, era bello. Artistas,
si así es como se hacen llamar hoy en día, de la talla de Florentino y
similares, dedican sus obras a la nada, otorgan una iconografía a algo
abstracto que transmite un sentimiento si detrás te dicen lo que quieren que
signifique, y tú, que te fías de los artistas, te lo crees.
Lo que a ciencia cierta
debemos conocer es que la belleza ha muerto, y se ha llevado al arte con ella
en todos sus ámbitos. ¿Qué fue de la perfección griega? Los cánones de
proporción, la corporeidad de sus esculturas, la verdadera iconografía que
representan los dioses, e incluso temáticas mundanas y profanas que valen más
que un trozo de madera pegado a otro de forma vulgar y sin ningún tipo de
cuidado artístico. El frío mármol, la bella madera, ahora convertidos en
esclavos de lo abstracto, daño permanente al ojo y al sentimiento por lo
hermoso, actitud que el ser humano lleva buscando tanto tiempo, que parece
haberse cansado.
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