OH,
PLEASE DON'T DROP ME HOME BECAUSE
IT'S NOT MY HOME, IT'S THEIR HOME, AND I'M WELCOME NO MORE.
Crítica a la exposición “ La casa desolada L.M.E” de Florentino Díaz.
Por: Sara Selas.
Un cuadrado y un triángulo es lo primero que traza un ser
humano en sus primeros años de vida, quizá porque lo más importante para él sea
(Después de sus padres y hermanos)
aquellas dos formas geométricas que conforman su lugar fijo, su nido, donde volverá después de dar un paseo por el
parque, después de la guardería, del colegio, de la universidad, y más tarde
del trabajo. Antonio gala, dice en uno de sus libros que una casa es el lugar
donde uno es esperado. Y es que ¿Dónde nos pueden esperar mejor? Pero el concepto de casa va más allá de esas cuatro
paredes de forma geométrica coronadas por un triangular tejado. Una casa es el
recinto “ amurallado” donde los inquilinos que viven en ella son totalmente
libres y naturales, es su pequeño mundo,
donde reglas, leyes y normas las imponen ellos mismos.
Lo que nos muestra el
cacereño artista, Florentino Díaz, este otoño en la Madrileña galería de arte,
con nombre de diosa Mesopotámica, Astarté, es el lado frio, oscuro y desolador,
pero a la vez actual y cotidiano del
concepto de casa, se trata del D-E-S-A-H -U-C-I-O. Florentino expone en la primera sala de su
exposición unas estructuras realizadas con claras maderas que él mismo recogió
en las basuras, de lugares como el
emblemático número 55 de la calle Atocha o el hotel Palace. Tablas de madera unidas por clavos, forman
casas sin tejado, sin alma, sin vida.
Parece mentira que en España, hayamos alcanzado la terrible
cifra de 200 desahucios al día, mientras políticos como “ señorito” Bárcenas o
la propia monarquía del país con Urdangarin al mando, se metan al bolsillo( o
maletín) miles y millones de euros de la sociedad, cuando lo que cagan estos “señoritos”
bien trajeados, son billetes de 500 euros. Vemos todos los días programas
dedicados a los desahucios en cadenas como Cuatro, pero parecen ser otro
reality show más, y cambiamos de canal,
pero esas tablas “florentinas” no dejan desapercibido
a nadie, consiguen helarte la sangre, te hacen ver de cerca al huracán. Estos bloques de madera se encuentran
tatuados con rostros de personajes del cómic de los años 50, que claramente
reflejan la actitud de los políticos ante esta desgarradora situación, también
con un señor trajeado con maletín que cada miembro del público puede
identificar con quien le de la gana,
pero no cabe lugar a dudas de quién se trata. En el suelo de la sala yace una
estructura de hierro negro, frío, punzante agrio y doloroso, que no deja de ser
un reflejo de lo que suponen los desahucios. En las paredes hay colgadas fotos
de monos de trabajo casi hundidos por el peso de los clavos que forman la
España de nuestros días.
La siguiente sala muestra unas fotografías de casas y
despachos cubiertos de grapas que se apoderan punzantes e inamovibles de las
habitaciones representadas. Más y más
casas de madera desoladas, algunas de ellas con palabras como ARTE, o PARO, una
silla de colegio ahorcada en la pared, ahorcada como nos ahorcan las noticias
de la TV, día tras día.
Está claro que esta exposición no es estéticamente una
bella, pero ni mucho menos lo es el mar
de horror en el que se encuentra sumergido nuestro país, y del que parece
IMPOSIBLE salir.
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