jueves, 10 de octubre de 2013

El arte, es sin duda, objeto de lo cotidiano.

Crítica de la exposición por Miriam Almohalla.

La recién inagurada galería Bacelos acoge una exposición casi biográfica del gallego Jorge Barbi. Pero empezando por el principio se trata de una exposición fotográfica en la que vemos trabajos que, a pirmera vista, todos relacionamos al movimiento “landart”. Nada más entrar vemos unas fotografías de fondo negro sobre las que encontramos una serie de objetos amontonados al azar. Estas (tres primeras fotografías) forman parte de realizaciones anteriores del artista. Son pequeñas piezas que según él mismo cuenta son de diferentes procedencias y forman parte del momento anterior en el que él construye las esculturas que ya han sido expuestas o incluso, para piezas que realizará en un futuro. Estos retazos de escultura forman parte de la propia vida del artista, olvidándose de que son arte y pasando a formar parte de sus recuerdos. Por otro lado, las siguiente fotografía (también objetos sobre fondo negro) sigue la misma línea pues se trata de objetos que Barbi ha utilizado en obras que ni siquiera han visto la luz (porque han sido rechazadas, no se acabaron, etc…). La siguiente fotografía y última en esta línea nos muestra una serie de bocetos unidos a una fotografía de una cueva. Se trata de obras que conserva y representan ese camino, a través de todos sus trabajos, para llegar al final, la salida de la cueva.

La exposición nos conduce ahora a un tipo producciones distintas. Nos encontramos ante una compilación de diferentes fotografías divididas en grupos. Estos son “Producto de la necesidad “Producto del juego” y “Producto del azar”. Con ellos el autor nos transporta al mágico mundo del concepto, cómo por ejemplo un rectángulo amarillo creado en la hierba de forma necesaria (porqué ahí había algo que no podía estar en otro lugar) además de ser eso, puede llegar ser un arte referido a las experiencias y reflejar la procedencia del artista. Cada una de estas fotografías tiene una historia que contar pues, se trata de cosas que ocurren alrededor del artista como persona y que él, con su cámara, retrata para compartir con la gente que le sigue. Además de transmirnos conceptos como “necesidad” o “azar” son fotografías que recordaremos pues, cuando recorramos zonas costeras iremos buscando esas figuras antropomórficas que crean algunos excrementos de gaviota cosa que, sin haber visto la exposición  de Barbi no hubiéramos ni pensado.


Se trata pues de una exhibición que nos abre los ojos a nuevas ideas. Pero volviendo al tema de la exposición como autobiográfica es fácil explicar el carácter de esta afirmación pues no vemos, como en anteriores muestras, unas esculturas aparentemente carentes de conexión con el artista. Se trata así, de un período de la vida del artista en imágenes. Vemos esos años anteriores en los que Jorge se dedicaba a recoger pequeñas piezas de madera, o tuercas para realizar sus montajes o cómo, por ejemplo, paseando por las inmediaciones de su hogar encontró unas botellas dejadas en ramas que ahora nos muestra como fotografía. Por otro lado, y a modo de información final nos es difícil asimilar esta exposición en un movimiento artístico. Si bien hablábamos de landart es algo que va más allá, es decir, no es la imagen por la naturaleza si no la imagen al servicio de los acontecimientos naturales que fascinan al artista. Éste será pues el dilema que nos plantea Jorge Barbi de forma indirecta.

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