Crítica de la exposición por Miriam Almohalla.
La recién inagurada galería Bacelos acoge una exposición
casi biográfica del gallego Jorge Barbi. Pero empezando por el principio se
trata de una exposición fotográfica en la que vemos trabajos que, a pirmera
vista, todos relacionamos al movimiento “landart”. Nada más entrar vemos unas
fotografías de fondo negro sobre las que encontramos una serie de objetos
amontonados al azar. Estas (tres primeras fotografías) forman parte de
realizaciones anteriores del artista. Son pequeñas piezas que según él mismo
cuenta son de diferentes procedencias y forman parte del momento anterior en
el que él construye las esculturas que ya han sido expuestas o incluso, para
piezas que realizará en un futuro. Estos retazos de escultura forman parte de
la propia vida del artista, olvidándose de que son arte y pasando a formar
parte de sus recuerdos. Por otro lado, las siguiente fotografía (también
objetos sobre fondo negro) sigue la misma línea pues se trata de objetos que
Barbi ha utilizado en obras que ni siquiera han visto la luz (porque han sido
rechazadas, no se acabaron, etc…). La siguiente fotografía y última en esta
línea nos muestra una serie de bocetos unidos a una fotografía de una cueva. Se
trata de obras que conserva y representan ese camino, a través de todos sus
trabajos, para llegar al final, la salida de la cueva.
La exposición nos conduce ahora a un tipo producciones
distintas. Nos encontramos ante una compilación de diferentes fotografías
divididas en grupos. Estos son “Producto de la necesidad “Producto del juego” y
“Producto del azar”. Con ellos el autor nos transporta al mágico mundo del
concepto, cómo por ejemplo un rectángulo amarillo creado en la hierba de forma
necesaria (porqué ahí había algo que no podía estar en otro lugar) además de
ser eso, puede llegar ser un arte referido a las experiencias y reflejar la
procedencia del artista. Cada una de estas fotografías tiene una historia que
contar pues, se trata de cosas que ocurren alrededor del artista como persona y
que él, con su cámara, retrata para compartir con la gente que le sigue. Además
de transmirnos conceptos como “necesidad” o “azar” son fotografías que
recordaremos pues, cuando recorramos zonas costeras iremos buscando esas
figuras antropomórficas que crean algunos excrementos de gaviota cosa que, sin
haber visto la exposición de Barbi no
hubiéramos ni pensado.
Se trata pues de una exhibición que nos abre los ojos a
nuevas ideas. Pero volviendo al tema de la exposición como autobiográfica es
fácil explicar el carácter de esta afirmación pues no vemos, como en anteriores
muestras, unas esculturas aparentemente carentes de conexión con el artista. Se
trata así, de un período de la vida del artista en imágenes. Vemos esos años
anteriores en los que Jorge se dedicaba a recoger pequeñas piezas de madera, o
tuercas para realizar sus montajes o cómo, por ejemplo, paseando por las
inmediaciones de su hogar encontró unas botellas dejadas en ramas que ahora nos
muestra como fotografía. Por otro lado, y a modo de información final nos es
difícil asimilar esta exposición en un movimiento artístico. Si bien hablábamos
de landart es algo que va más allá, es decir, no es la imagen por la naturaleza
si no la imagen al servicio de los acontecimientos naturales que fascinan al
artista. Éste será pues el dilema que nos plantea Jorge Barbi de forma
indirecta.
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