por Marcia Vargas
Jorge
Barbi muestra en su obra un conjunto de restos encontrados llenos de
misterio y que en una época pretérita tuvieron un sentido de
utilidad, llegando en la actualidad a una subida de tono artístico.
Esta muestra convertida en fotografía está asociada a una dimensión
escultórica, en la que el objeto encontrado tiene el papel
protagonista complementada con unas claves conceptuales y formales de
aproximación de los límites entre idea y materia. Sus series
fotográficas tienen su origen en encuadres tomados a la naturaleza,
ya sea en plena formación de las densidades del agua batiendo contra
las rocas, o en aquellas que consigue entre miles de deposiciones de
gaviotas que evocan formas antropomórficas definidas, las cuales no
son nada frecuentes y menos sus agrupaciones que se asemejan a
pictogramas, valorando de este modo la escasa probabilidad que eleva
al pequeño hallazgo a un sentido de exclusividad. Barbi petrifica
con su objetivo revelaciones de naturaleza quimérica y excesivamente
sugerentes al ojo humano, todo esto conseguido, gracias a su
capacidad exploradora. Recoge algo engendrado en el medio físico y
pone en debate la relación entre el ser humano y la naturaleza de
forma poética.
Barbi
en Señales de humo expresa sus sentimientos con sensibilidad
y logra llegar a nuestra alma consiguiendo hacernos ver lo más
sencillo desde otra perspectiva, con un mensaje profundo que nos
permita exaltar esos pequeños momentos imperceptibles, reflejado el
tema en las tres imágenes con formas geométricas de la exposición,
cuyos ingredientes están hechos de madera y metales considerados
para cualquiera inservibles y descartados de la idea de arte, pero
que este artista aprecia. Destaca esa belleza del desorden de las
sustancias que se encuentran en el mundo por el azar y que Barbi
termina por ordenar en su lugar de trabajo, reflejando la voluntad
del hombre en coordinar y controlar el espacio en el que se mueve,
alejado de lo natural. Relaciono una de las diapositivas con una
pizarra donde se alojan bocetos del comienzo de su trabajo terminado,
donde consigue concentrar la importancia del hombre, con un tamaño
que evoca ese protagonismo, en relación con los demás elementos,
poniéndose en relevancia gracias al efecto del humo, con un
significado de la salida de los conocimientos que brotan de la cabeza
así como broto Atenea de la cabeza de Zeus. Unos conocimientos,
ideas que le empujan a realizar su disciplina, o la propia
imaginación humana que complementa la operación y que permite
interpretar el mensaje oculto en las proyecciones, pero siempre
peliagudo para la mayoría pero no imposible si uno se esfuerza en el
cometido dejando de lado la holgazanería. Por tanto, es muy
significativa la indagación en los procesos de percepción y
desciframiento, fundiéndose en la dificultad que conlleva de un
acceso sensorial al plano físico en que se disponen, pero que no es
imposible.
Al
observar estos objetos agrupados me sitúo intentando descifrar
signos jeroglíficos, planteando en consecuencia, el acercamiento más
profundo en el misterio de los enigmas arcaicos cuya sutileza logra
conservar en sí la emoción sobre la duda del origen, una cuestión
recurrente en la propia vida y que no deja indiferente a ninguno. Se
recalca la importancia de la materia prima relacionada con piezas que
formaron parte de algo, que también son clave en el proceso de su
labor. Una importancia del objeto encontrado que es considerado la
génesis de su producción artística. Los productos de la necesidad,
del juego y del azar que fueron almacenados con paciencia y que se
exponen, se relacionan con la mirada del espectador y su voluntad de
abandonarse libremente a la impresión de la obra consiguiendo un
juego entre autor y espectador.
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