Crítica de la exposición La Casa Desolada, de Florentino Díaz, por Fátima M. Marín Núñez.
El historietista Francisco Ibáñez fue, mediante
sus famosos cómics, entre los que destacan Mortadelo y Filemón, con su
apariencia de simples relatos humorísticos para niños, un gran analista
camuflado de la política del franquismo. Hoy, treinta y ocho años después de la
muerte de Franco, la política española no ha cambiado gran cosa cuando
Florentino Díaz vuelve a precisar de Ibáñez para analizar, esta vez, el
gobierno de los recortes en todo excepto en paro y pobreza del señor Mariano
Rajoy. Ahora, y cada vez más, incluso tener un techo donde cobijarse se está
empezando a considerar un privilegio. Por eso, no es de extrañar que para
Florentino Díaz, su casa sea su refugio. Y al igual que lo es su casa, lo es su
arte, como queda demostrado en su última exposición, La Casa Desolada , resguardecida
entre las cuatro paredes de la galería Astarté.
Hemos dejado de
pertenecernos a nosotros mismos. No tenemos ninguna fuerza que nos proteja, no
queda hueco para el pueblo entre la corrupción de la policía y el egoísmo del
gobierno. Ya nadie cree en la justicia. En España, un juicio y condena puede
llegar a durar años, mientras que en muchos otros países, en el mismo caso, la
espera apenas dura unos meses. Poco a poco, y sin que nos demos cuenta, nos
están acorralando. "Anche se non siamo realmente dietro le sbarre, questo mondo
è una prigione con la cella un po’ più grande." Esta estrofa, perdida entre los
demás versos de la canción Si Scrive Schiavitù Si Legge Libertà, del rapero
italiano Fedez, cobra más significado que nunca. Nos creemos libres, pero
estamos limitados por cosas tan ajenas a nosotros y que no podemos cambiar que
asusta. ¿Qué nos queda? ¿A qué se supone que podemos aferrarnos? La respuesta,
como siempre, está en el arte.
Y eso es lo que
hace Florentino Díaz. La indignación como excusa para crear arte. Expresar sus
frustraciones, su visión de este mundo perdido. Sólo busca desahogarse, con un
carácter irónico y crítico, de la ruina inminente a nivel económico y moral. Sus
obras son tanto un refugio como una declaración de principios, el único himno
con letra que existe en este país hasta el momento: “Yo soy español y en paro
estoy”.
No somos capaces
de borrar la estela del franquismo. No somos capaces de superar el pasado e
imponernos a él, seguir hacia adelante. A diferencia de los alemanes, que en
apenas setenta años han sido capaces de pasar de vencidos a vencedores, tras
ser los nazistas los culpables de una de las mayores masacres bélicas de la
historia. Y ahora Alemania está a la cabeza de Europa. Y España está
subordinada a ella. Tal y como queda perfectamente reflejado en la abrumadora
obra de Florentino Díaz llamada Filemón En la Oficina del Director. Filemón
aparece representando a España, al ser uno de los personajes más característicos
de nuestro cómic y, por tanto, de nuestra cultura y forma de ser. El famoso
superintendente de las historietas de Mortadelo y Filemón, pasa a ser Alemania, reflejado
con los colores que conforman el suelo de la oficina, los mismos que conforman su
bandera.
De esta forma,
el artista nos transporta a su infancia, a la infancia de una generación que ha
sufrido lo peor de España y que está viendo cómo poco a poco, esos fantasmas
vuelven a aparecer. Y así, enseña a las nuevas generaciones, encerradas en una
nueva guerra civil psicológica de un país profundamente dividido, cómo
sobrevivir.
Unos tuvieron a Ibáñez, otros tenemos a Florentino Díaz.
Unos tuvieron a Ibáñez, otros tenemos a Florentino Díaz.
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