miércoles, 16 de octubre de 2013

Mortadelo y Filemón en la oficina de la superintendente Alemania.

Crítica de la exposición La Casa Desolada, de Florentino Díaz, por Fátima M. Marín Núñez.

El historietista Francisco Ibáñez fue, mediante sus famosos cómics, entre los que destacan Mortadelo y Filemón, con su apariencia de simples relatos humorísticos para niños, un gran analista camuflado de la política del franquismo. Hoy, treinta y ocho años después de la muerte de Franco, la política española no ha cambiado gran cosa cuando Florentino Díaz vuelve a precisar de Ibáñez para analizar, esta vez, el gobierno de los recortes en todo excepto en paro y pobreza del señor Mariano Rajoy. Ahora, y cada vez más, incluso tener un techo donde cobijarse se está empezando a considerar un privilegio. Por eso, no es de extrañar que para Florentino Díaz, su casa sea su refugio. Y al igual que lo es su casa, lo es su arte, como queda demostrado en su última exposición, La Casa Desolada, resguardecida entre las cuatro paredes de la galería Astarté.

Hemos dejado de pertenecernos a nosotros mismos. No tenemos ninguna fuerza que nos proteja, no queda hueco para el pueblo entre la corrupción de la policía y el egoísmo del gobierno. Ya nadie cree en la justicia. En España, un juicio y condena puede llegar a durar años, mientras que en muchos otros países, en el mismo caso, la espera apenas dura unos meses. Poco a poco, y sin que nos demos cuenta, nos están acorralando. "Anche se non siamo realmente dietro le sbarre, questo mondo è una prigione con la cella un po’ più grande." Esta estrofa, perdida entre los demás versos de la canción Si Scrive Schiavitù Si Legge Libertà, del rapero italiano Fedez, cobra más significado que nunca. Nos creemos libres, pero estamos limitados por cosas tan ajenas a nosotros y que no podemos cambiar que asusta. ¿Qué nos queda? ¿A qué se supone que podemos aferrarnos? La respuesta, como siempre, está en el arte.

Y eso es lo que hace Florentino Díaz. La indignación como excusa para crear arte. Expresar sus frustraciones, su visión de este mundo perdido. Sólo busca desahogarse, con un carácter irónico y crítico, de la ruina inminente a nivel económico y moral. Sus obras son tanto un refugio como una declaración de principios, el único himno con letra que existe en este país hasta el momento: “Yo soy español y en paro estoy”.

No somos capaces de borrar la estela del franquismo. No somos capaces de superar el pasado e imponernos a él, seguir hacia adelante. A diferencia de los alemanes, que en apenas setenta años han sido capaces de pasar de vencidos a vencedores, tras ser los nazistas los culpables de una de las mayores masacres bélicas de la historia. Y ahora Alemania está a la cabeza de Europa. Y España está subordinada a ella. Tal y como queda perfectamente reflejado en la abrumadora obra de Florentino Díaz llamada Filemón En la Oficina del Director. Filemón aparece representando a España, al ser uno de los personajes más característicos de nuestro cómic y, por tanto, de nuestra cultura y forma de ser. El famoso superintendente de las historietas de Mortadelo y Filemón, pasa a ser Alemania, reflejado con los colores que conforman el suelo de la oficina, los mismos que conforman su bandera.

De esta forma, el artista nos transporta a su infancia, a la infancia de una generación que ha sufrido lo peor de España y que está viendo cómo poco a poco, esos fantasmas vuelven a aparecer. Y así, enseña a las nuevas generaciones, encerradas en una nueva guerra civil psicológica de un país profundamente dividido, cómo sobrevivir. 

Unos tuvieron a Ibáñez, otros tenemos a Florentino Díaz. 

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