jueves, 17 de octubre de 2013

¿QUÉ COÑO ESTAS MIRANDO?


Jorge Belloso Miranda

Joder, ¿qué coño estoy mirando? Esa es la primera sensación que sentí al ver las obras de Florentino Díaz pertenecientes a la exposición “La casa desolada”, en la galería Astarté, calle Monte Esquinza 8, Madrid. Visita muy recomendable para todos aquellos que no pretendan contemplar el arte únicamente como deleite visual sino que también quieran utilizarlo como terapia anti-estrés, teniendo la suerte y oportunidad de sacar luego los diablos que todos llevamos dentro y soltarlos en una crítica como esta.  No sé que derecho tendrá uno que no pinta, esculpe ni crea obras, como es mi caso, de hacer una crítica de arte, pero ya que tengo la oportunidad, no voy a desaprovechar la ocasión.

Lo que más me conmueve de esta exposición, he de decir, que no fueron las obras, las cuales no llegaron a rozar ni tan siquiera la corteza más superficial del alma de uno; indiferencia tal vez al contemplarlas, si me apuras mucho… Lo que sí que me conmovió profundamente fue la figura del artista acompañado de sus obras, sin duda, una obra más éste dentro de la galería; y fundamental para comprender todo el conjunto. Para comprender perfectamente que tiene total justificación que las obras expuestas pidan a gritos que las tapes y se desmoronen más cuanto más las miras… y es que de tal palo tal astilla, no se puede decir que esas obras no sean de Florentino Diaz; pues llevan el sello personal de la miseria, la decrepitud y la angustia. Me indigna profusamente que, profesiones tan nobles como son: la pintura, la escultura, la escritura o la música, las decapiten y desprecien personajes como Florentino Diaz, al no presentar ningún título de Bellas Artes, certificado o destreza que lo califique y ampare como artista, ya que en este caso su obra no lo hace. Me parece una falta de respeto y de honor, por parte del mismo, a tal profesión; y una vergüenza además, que tenga las agallas de “llorar” ante su obra mostrando tal panorama y carta de presentación. Yo no sé nadar y no me tiro al mar, si lo hago, antes entreno y si no; si hay que hacerlo, me ahogo pero con dignidad.


Centrándome ya en las obras, las cuales carecen de toda calidad, nivel material, artístico y muy subjetivamente, significado para mí; así si vamos a llamar a eso Arte, estoy seguro que con tales condiciones desplegadas en el párrafo anterior, se le sacaría como obra artística, mucho más partido y juego a las cajas de madera si en un mercadillo ambulante, un "gitanillo" las patalease “con mucho arte” y luego te las presentara en el contexto que les pertenece; al menos estoy seguro que sabría defenderlas y venderlas con mucha más gracia. Y aunque no tenga formación ni preparación académica, te dirá: “payo, los gitanos tenemos mucho arte, lo llevamos en la sangre”, cosa que me dio la impresión no tener Florentino Díaz; pues ni regalada metería en mi casa, ocupando espacio, una obra de este “artista”. Y ello es triste, que ni a través de las obras ni de la intervención del artista te pique el gusanillo, por mínimo que sea, de adquirir una obra. Pero finalmente, yo animo a Florentino Díaz a seguir, y le dedico un verso del poema de Henry Charles Bukowski: “Si vas a intentarlo, ve hasta el final, de lo contrario, no empieces siquiera”. Y si de verdad vas a intentarlo Florentino Díaz, yo te recomiendo genio, que hagas esculturas de pan, al menos matarás el hambre; el hierro y la madera no alimentan.

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