Joder,
¿qué coño estoy mirando? Esa es la primera sensación que sentí al ver las obras
de Florentino Díaz pertenecientes a la exposición “La casa desolada”, en la galería
Astarté, calle Monte Esquinza 8, Madrid. Visita muy recomendable para todos
aquellos que no pretendan contemplar el arte únicamente como deleite visual
sino que también quieran utilizarlo como terapia anti-estrés, teniendo la
suerte y oportunidad de sacar luego los diablos que todos llevamos dentro y
soltarlos en una crítica como esta. No sé
que derecho tendrá uno que no pinta, esculpe ni crea obras, como es mi caso, de
hacer una crítica de arte, pero ya que tengo la oportunidad, no voy a desaprovechar
la ocasión.
Lo
que más me conmueve de esta exposición, he de decir, que no fueron las obras,
las cuales no llegaron a rozar ni tan siquiera la corteza más superficial del
alma de uno; indiferencia tal vez al contemplarlas, si me apuras mucho… Lo que
sí que me conmovió profundamente fue la figura del artista acompañado de sus
obras, sin duda, una obra más éste dentro de la galería; y fundamental para
comprender todo el conjunto. Para comprender perfectamente que tiene total justificación
que las obras expuestas pidan a gritos que las tapes y se desmoronen más cuanto
más las miras… y es que de tal palo tal astilla, no se puede decir que esas
obras no sean de Florentino Diaz; pues llevan el sello personal de la miseria,
la decrepitud y la angustia. Me indigna profusamente que, profesiones tan nobles
como son: la pintura, la escultura, la escritura o la música, las decapiten y
desprecien personajes como Florentino Diaz, al no presentar ningún título de
Bellas Artes, certificado o destreza que lo califique y ampare como artista, ya
que en este caso su obra no lo hace. Me parece una falta de respeto y de honor,
por parte del mismo, a tal profesión; y una vergüenza además, que tenga las
agallas de “llorar” ante su obra mostrando tal panorama y carta de presentación.
Yo no sé nadar y no me tiro al mar, si lo hago, antes entreno y si no; si hay
que hacerlo, me ahogo pero con dignidad.
Centrándome
ya en las obras, las cuales carecen de toda calidad, nivel material, artístico
y muy subjetivamente, significado para mí; así si vamos a llamar a eso Arte, estoy
seguro que con tales condiciones desplegadas en el párrafo anterior, se le sacaría
como obra artística, mucho más partido y juego a las cajas de madera si en un
mercadillo ambulante, un "gitanillo" las patalease “con mucho arte” y luego te
las presentara en el contexto que les pertenece; al menos estoy seguro que
sabría defenderlas y venderlas con mucha más gracia. Y aunque no tenga
formación ni preparación académica, te dirá: “payo, los gitanos tenemos mucho
arte, lo llevamos en la sangre”, cosa que me dio la impresión no tener
Florentino Díaz; pues ni regalada metería en mi casa, ocupando espacio, una
obra de este “artista”. Y ello es triste, que ni a través de las obras ni de la
intervención del artista te pique el gusanillo, por mínimo que sea, de adquirir
una obra. Pero finalmente, yo animo a Florentino Díaz a seguir, y le dedico un
verso del poema de Henry Charles Bukowski: “Si
vas a intentarlo, ve hasta el final, de lo contrario, no empieces siquiera”.
Y si de verdad vas a intentarlo Florentino Díaz, yo te recomiendo genio, que
hagas esculturas de pan, al menos matarás el hambre; el hierro y la madera no
alimentan.
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