miércoles, 9 de octubre de 2013

Fantasías del azar o como morir dejando huella

Crítica de la exposición “Señales de humo”de Jorge BarbiPor Susana Castillo Coego.

Nuestra herencia material es recuerdo de lo que hemos sido y lo que aún nos queda por ser, de las vivencias que quedan marcadas en nuestra memoria y de las que no queremos que desaparezcan jamás. La fotografía es un medio muy común para ayudarnos a no olvidar, mantener nuestra alma en una simple imagen, carente de sentido para aquellos ajenos a ella, o llena de sentimiento que nos transmite con solo mirarla. Dispuestas en una sola sala se encuentran las fotografías que el autor ha decidido exponer en una habitación, blanca y lumínica, bastante pequeña he de decir, en la que nos muestra un trabajo fortuito y fruto de la imaginación y de la casualidad más inocente.
Señales de humo es el ejemplo de los restos de nuestra vida, lo que vamos dejando atrás y lo que nos acompañará siempre, de una forma u otra, en el camino siempre dejamos piedras que formarán parte de nuestra historia a lo largo de la propia existencia.  Jorge Barbi nos abre la puerta a un mundo de belleza hasta en lo más cotidiano de nuestra vida: inocencia en un paisaje natural es una de sus preciosas imágenes, un rincón de un precioso lago en donde los troncos de sus árboles, horizontales, son guardianes de la más preciada posesión de los niños, sus juguetes. No tiene mayor trasfondo, ni un sentido espiritual como tantos autores pretenden dar a sus obras, muchas veces sin resultado. Se trata únicamente de ver lo bello en la simpleza de la vida, nuestras huellas.
La naturaleza siempre tiene algo que mostrarnos, ya sea por medio de la belleza o a través de catástrofes, como es el caso del fuego. El pesimismo nos arrastra a la deriva en un mar de frustración en el que nos cegamos sin mirar más allá de la desesperación. Unas pocas fotos que forman parte del mural de exposición, nos muestran como un elemento tan destructivo como el fuego puede dejar belleza tras de sí, marcas de dolor pero que curiosamente llaman nuestra atención sin pensar en el daño que pudo haber supuesto. La intención de Jorge Barbi seguramente no vaya tan lejos, dudo si quiera de si realmente estas fotografías pretendían trasmitir algo, algún sentimiento; sin embargo cada persona valora lo que ve, lo que logra desnudar en las imágenes y lo que juzga a través de ellas.
Nada es eterno, todo acaba siendo olvidado. Esta es la conclusión que podríamos extraer tras examinar con profundidad la exposición de un modo subjetivo, puestos a decir que ninguna opinión podría ser objetiva respecto a estas imágenes. La eternidad es algo demasiado etéreo, nada material sobrevive a la mirada del tiempo, todo acaba siendo destruido. La fotografía es un mero pasaje más entre este triste destino, retiene momentos, hechos pasados, que se guardan en el recuerdo hasta que la memoria termina desapareciendo, sepultada en el olvido. La belleza muere con ella, y por esta razón necesitamos plasmarla en algo que pueda perdurar algo más, que nos muestre lo bello de algo que hoy día ha perdido su razón de ser. Un bosque antes de ser quemado o talado, el nido de un animal antes de ser destruido, detalles y más detalles en su esplendor, antes de ser víctimas del tiempo, algo así como una alegoría a nuestra propia vida, vejez y finalmente la muerte. Todo lo que aparece a lo largo de nuestra existencia no son más que señales de humo, que nos avanzan hacia nuestro final, a través de lo efímero y lo ficticio, definición perfecta para lo que es bello, y por tanto, corruptible. 

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