BROMAS AGRADABLES
Crítica de Amar gana de José Ramón Amondaraín por Leticia García de Cárdenas
José Ramón Amondaraín expone en Max Estrella, con una serie
de obras a cuál más curiosa. Esa es la rección: curiosidad. Su serie de
fotografías de diferentes moluscos en las que al pie de la imagen se leen los
nombres de grandes artistas como Duchamp, Grosse o Turner. Resulta entretenido rayarse la cabeza para conseguir buscar
la similitud entre un mejillón y Kiefer. Amondaraín abre el telón y las
comparte con nosotros, todo lo demás, el resto del trabajo, está en manos de
los espectadores. ¿Cómo interpretar esta, dirían algunos, broma? ¿Picasso una
caracola? Sería gracioso que resucitase y nos diera su opinión acerca de su
retrato como molusco. Los románticos dirán que los artistas son como las
conchas, que al oírlas emiten el sonido del mar,que tanta paz transmite, como
lo hace La Gioconda
de Leonardo. Otros dirán que representa la inmortalidad de los artistas a pesar
del paso del tiempo (del desgaste de las olas), y el exquisito hablará de las magníficas ostras de Bretaña, y del hambre que le está entrando.
Se pueden deducir muchas relaciones metafóricas y simbólicas,
pero lo seguro es que han servido de inspiración para mi paisano, Amondaraín.
A lo largo de exposición la sonrisa esbozada está presente,
al recordar La fuente de Duchamp, o las acuarelas de Turner.Sin lugar a dudas
la galería se convierte con Amondaraín en una clase de historia de arte
contemporáneo.¿Quién dijo que no se puede hacer una obra basada en otros
artistas? He aquí, la excepción,sin ser plagio.
Lo que si considerarían plagio algunos, es la serie Amar gana, como copia o imitación al
programa sumamente aburrido Cifras y
Letras. Amar gana, no es más que un anagrama de la palabra anagrama, o sea
que nadie busque el amor entre los anagramas de todos los artistas de las obras
del vasco.Aunque si uno se lo propone, lo encuentra. Obras en blanco,
totalmente en blanco, en la que las letras, parecen decir algo, pero sólo
juegan entre ellas. Y alguna de las jugadas le sale de jaque mate a Amondaraín: Dora Maar- Dar o amar. Jugemos también a
esto: Amodaraín- nada in amor.
Letras de pop que recuerdan al símbolo de The Ramones,(valiente
contradicción pop-The Ramones) y sin
quererlo empiezas a tararear Hey, ho, lets go. ¿ Y para qué quieres más? Gracias
José Ramón.
Más obras curiosas se cuelgan en las paredes de Max
Estrella. El increíble óleo Entretacto o
Verdad, bondad y belleza dejan al descubierto
la fascinante técnica de Amondaraín, y por supuesto su talento. Cuadro en el que
parece que el fuego consume rápidamente a una calavera de plástico, una
calavera que te mira fijamente, como lo hace la verdad, la bondad y la belleza
continuamente, día a día, desde todas partes. Basta que escuches un vals de
Strauss para encontrarte con la belleza, mirar una obra de Duchamp para
hacerlo con la verdad o leer A un olmo
seco de Antonio Machado para mirar fijamente a la bondad.
Esta magnífica exposición que, puede descolocar los papeles
y desconcertar a más de un despistado que entra a Max Estrella, es un elogio y
un verdadero piropo al arte moderno, contemporáneo y conceptual. Es curioso que
a pesar de que este arte lleve presente en el mundo desde hace más de cien años
siga disgustando a gran parte del público. El arte no hay que entenderlo, las
ciencias sí. Como dijo Claude Bernard, el médico, biólogo y filósofo francés: “
El arte es yo..y la ciencia nosotros”
Y sí, Amondaraín, fuimos educados para buscar la verdad, el
bienestar y la belleza, el gran problema es que no todos están educados.
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