Crítica a la exposición de Jose Ramón Amondrain por Marta Páramo Soto
Una imagen vale
mas que mil palabras y, como escuché una vez, “se necesitan palabras para hacer
esta afirmación”. Una fotografía, una pintura, una escultura, un anagrama o la
exposición “Amar gana” son al fin y al cabo “formas distintas de construir y relacionarse
con lo que tenemos entre manos” como dice nuestro artista vasco Jose Ramón
Amondrain.
Transmitir todo
aquello que tiene de anímico, sensible e inmaterial el mundo que nos rodea, es esa
la capacidad del artista que logra hacer visible lo invisible, descubrir lo
oculto y ponerlo a merced de nuestros sentidos. Sin ir mas lejos, a la galería
Max Estrella concretamente, donde Picasso, quien es para nosotros un personaje
del SXX, la figura del cubismo, el Guernica, el gran pintor que todos conocemos
se convierte además para Amondrain en una caracola, corrijo, no una simple caracola,
esa caracola que a través de su fotografía nos revela algo mas del genio
cubista. Así, mediante imágenes de conchas marinas se abre esa ventana al paraíso
de lo invisible, poniendo en marcha nuestra imaginación.
Pero como ya
hemos dicho, no es solo la fotografía capaz de representar lo invisible, se
unen a esta pintura, escultura y escritura siendo más reales que la propia
realidad que descubren. El mismo nombre de Dora Maar, es a su vez dar o amar y
es a través de los anagramas como mejor explica el artista esa idea de la realidad
escondida, incluso a la hora de dar un titulo a su exposición.
Esto está presente en otros proyectos de Amondrain,
es el caso del estudio del Guernica, o de obras de pintores contemporáneos como
Douglas Gordon o Nan Goldin, en los que busca esa “fisura” desde la que
reconducir la obra, un roto en el lienzo que le permita colarse más allá de ese
primer plano que todos vemos, para presentarnos un nuevo ángulo en una nueva
obra de arte de la que seguramente podríamos abrir una fisura más si no es ya
lo que estamos haciendo con esta interpretación de su obra.
“lo esencial es
invisible a los ojos” dijo Saint-Exupéry en su gran obra El principito. Lo esencial
es invisible y lo invisible es ese pilar en que se apoya el arte, aquello que un
buen artista es capaz de sacar fuera y dejar que se vea, una idea, un
sentimiento. Las majestuosas columnas griegas, los decorados de las cerámicas…
el uso continuo, a lo largo de las historia del arte, de materiales que permitan construir, esculpir, pintar sobre
ideas transparentes desvelando una realidad.
En contraste con
esa columna pintada de blanco que parece flotar y desvanecerse, esa columna que
representa el arte, encontramos el solido e inevitable pilar de la muerte, realidad
con la que nos topamos casi sin quererlo… esta segunda columna se encuentra allí
sin haberlo planeado, tiene que estar, la otra la ha pintado el artista para
evitar que el bloque de cemento que sostiene una calavera reste belleza a la
sala. Y así una vez más Amondrain trata de explicar esa esencia del arte a través
de su propia obra, esa creación, ya sea pintura, escultura o fotografía con la
intentamos buscar la belleza, la verdad y el bienestar aun siendo estos
efímeros como la vista de un paisaje desde un automóvil en marcha que
intentamos capturar con una fotografía.
Esta es solo una “fisura”
en la obra del artista, y se pueden hacer un millón de ellas al contemplar la exposición pero lo importante es que donde me han hecho falta 600 palabras Amondrain no ha
necesitado ni la mitad de imágenes para decir el doble, esta claro que una
imagen vale mas que mil palabras, al menos si eres un artista.
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