Lucía Martín Baena
Podríamos ver la vida como una taza, podríamos llenarla de té, como si fuesen hojas secas de experiencias vividas puestas en agua caliente, que dan un sabor especial a este líquido. Podríamos beber el té, porque hace frío o porque tenemos sed o porque nos gusta, y al beber este té recordaríamos todo lo vivido, cómo Proust y su magdalena. Una vez bebido y recordado todo, iríamos en busca de nuevas experiencias para poder hacer otros tés, pero hay un poso que se suele olvidar, porque a nuestro ojos no parece ser más que los restos de algo inútil y sin embargo, en ese poso se encuentran esas experiencias reducidas, almacenadas y humedecidas. Un emplasto de hierba.
Jorge Barbi, nos habla de este poso a través de su obra en un paralelismo con la sociedad del consumo y el ansia del ser humano del siglo XXI que no aprecia el valor de los objetos y se olvida pronto de lo pasado para buscar lo nuevo. Barbi se emplaza como un artista independiente a esta corriente del consumo y de la obsolescencia de los productos, considera como una aberración el sometimiento del artista a esta sociedad e irónicamente recalca cómo el tiempo en el que vive, no se ajusta al tiempo real en el que solemos vivir la mayoría. Es importante destacar, que Barbi, gallego, trabaja principalmente en su entorno, un entorno ciertamente rural y con un sentimiento de lejanía y de soledad. A través de su obra se denota esa morriña, esa melancolía por el hogar, el lugar amado.
La exposición situada en la Galería Bacelos, está dividida en dos obras que se centran en dos aspectos distintos aunque ciertamente relacionados: por un lado, nos encontramos con sus fotografías y dibujos que muestran los pasos previos a la obra de arte. En su serie ‘paso previo’ se muestran acumulaciones de objetos, que son los materiales brutos antes de tener forma. Lo que tiene de curiosa esta serie junto con otras obras en las que muestra dibujos o bocetos, es que nos introduce en una perspectiva de la labor del artista como una persona que recopila y recoge objetos. Que previamente a la obra de arte, hay un proceso íntimo de creación y de ideación de lo que va a ser la obra. Barbi nos lo muestra así, con objetos que al no haber sido transformados, van a ser olvidados, quemados por la memoria. Es una poética ciertamente pesimista pues nos recuerda al impasible paso del tiempo y del olvido que le sigue, como el epitafio de Keats ‘’ aquí yace alguien cuyo nombre fue escrito en el agua’’
A la segunda parte de la obra, yo le atribuiría la cita de Chillida ‘’ Se ve muy bien con el ojo lleno de lo que se mira’’ pues no es sino una recopilación de fotos que el artista ha ido haciendo de rastros que se ha encontrado en su camino, como pueden ser chicles pegados, improntas de herramientas a lo Man Ray, espantapájaros, botijos.... Todas estas imágenes las ha clasificado en tres apartados que a su parecer constituyen la vida y todo lo que rodea a esta, es decir, existen objetos que son ‘’productos de la necesidad’’, otros que son ‘’productos del juego’’ y por último ‘’ productos del azar’’. Barbi, tiene el ojo lleno de curiosidad humana y por ende de una manera filosófica muestra pequeñas maravillas creadas anónimamente o por azar o por necesidad o por juego.
Una obra que a pesar de ser ciertamente anecdótica nos invita a una mayor observación de lo que nos rodea.
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