miércoles, 9 de octubre de 2013

DE MEIGAS Y OTRAS HISTORIAS


Crítica a la exposición de Jorge Barbi, por Natalia Platard de Quenin

Meigas, brujas y demás forman parte de esa tradición oral que resiste al paso del tiempo. El retorno a unas raíces ancestrales que evocan no sólo al diálogo entre hombre y naturaleza, sino también, a la fugacidad del mismo. Así es la obra de Barbi, un juego en el que se va a producir una transformación del paisaje. Metamorfosis que será efímera, como los hechizos de una nigromántica o el tiempo que tardaremos en contar una fábula. Obra de la que podremos disfrutar durante este mes de octubre en la Galería Bacelos.

Señales de Humo, es una recopilación de las señas de identidad de Barbi: el azar, el paso del tiempo, sus juegos con el lenguaje y Galicia. Podríamos hablar de una exposición dividida en dos pero, con un solo objetivo, el de recordar al espectador que lo único que perdura es la idea de que nada perdura. Tres Mosaicos de fotografías nos presentan la inclinación que el artista ha tenido siempre por retocar la naturaleza. En esos guiños constantes al Land Art, podemos presenciar su archivo de imágenes más personal. Más de veinte años, en los que Barbi se ha visto impulsado a retratar una escena para la posteridad. Imágenes que nos están contando la historia del hombre y su acción en la naturaleza, recordándonos que todos, en mayor o menor medida, dejamos huellas en nuestro paso por la vida. Son huellas que desaparecen con el paso del tiempo, a la velocidad con que se esfuman esas señales de humo de las que nos hablaba el artista. Una conversación con la madre tierra, que nos indica que todos somos capaces de hacer arte. Todo dependerá de los ojos con que queramos acercarnos a esa modificación del paisaje. Desde luego, Barbi es capaz de encontrar belleza en sitios insospechados y plasmarla para que no quede en el olvido. Es el elixir extraído de paisajes gallegos, del campo y la playa, que servirán no sólo para mostrar lo evidente, sino que además le permitirá extraer elementos que serán utilizados para elaborar un lenguaje propio. Así, nos encontramos con una serie de fotografías en las que a través del negro, resalta una serie de objetos hechos en piedra, madera y hierro, materiales del campesino. Materiales que nos ha dado la naturaleza y que hemos convertido en utensilios que nos ayudarán, no sólo en nuestras tareas cotidianas, pero también, en ese proceso de continuas intromisiones en lo natural, del que no podremos desprendernos nunca. Herramientas que tuvieron un uso y recuerdan a un trabajo artesano. El artista en si es un artesano, artesano de lo estético. Así nos lo recuerda con dos obras en las que se reincide en esa idea de fugacidad, en las que probablemente nos esté hablando de su propia brevedad. Obras en las que se ha construido un lenguaje a través de un collage de imágenes, donde alude a piezas pasadas como “Sendas de Caballo” o “Dos Bolas en el Desierto”, entre otras.

Nos encontramos ante un período en el que todo parece tener una duración menor, en el que la obsolescencia programada ha superado la barrera industrial. Con una maravillosa sensibilidad, Barbi nos lo recuerda, nos ayuda a ir más allá, a plantearnos nuestra razón de ser y el sentido de nuestro paso por el mundo. Pero también, nos habla de la belleza, de nuestra inevitable interacción con la naturaleza y, de la posibilidad de encontrar y de hacer en dicha interacción un momento sublime. Parecería que habláramos de Art Brut.

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