Crítica a la exposición de Jorge Barbi, por Diego Acevedo de la Morena
La exposición Señales de humo del gallego Jorge Barbi
supone su vuelta a las galerías madrileñas tras más de dos décadas. Expone su
obra en la galería Bacelos. En sus propias palabras, se trata de una exposición
sin ningún mensaje claro. Son obras antiguas distribuidas en tres series y recopiladas
ahora para ser expuestas.
Las tres
series se ubican en una única sala de color blanco, donde las fotografías se
colocan de forma ordenada inspirando paz y tranquilidad, igual que el propio
artista. La primera serie se llama Pasos
previos, y estas fotografías apreciamos herramientas y elementos de
trabajos sobre un fondo negro. Posteriormente encontramos la serie Señales de humo, en la que todo desaparece.
Se trata de objetos encontrados por el artista y que aún no ha utilizado para
crear arte. También trabajos descartados que nunca llegaron a terminarse. Acaso
la fotografía más llamativa de la serie es aquella en la que aparecen multitud
de objetos artísticos en una cueva oscura que se abre ligeramente en una parte
y deja entrever las salas de un museo. Esto refleja la cantidad de trabajos que
los espectadores nunca llegamos a ver. Por ejemplo, la cantante Mónica Naranjo
ha dicho en varias ocasiones que para un disco se componen una media de unas
treinta o cuarenta canciones de las cuales solo se seleccionan unas cuantas. Y
así pasará con todas las artes. Verdaderas joyas condenadas, que se quedan en
un cajón para no ser rescatadas nunca del olvido.
Volviendo a la
exposición, comenzamos una serie de muestras fotográficas colocadas a modo de
mosaicos y compuestas por más de una treintena de imágenes. En total son tres
los mosaicos que componen esta serie y Barbi los ha denominado Producto de la necesidad, Producto del juego y Producto del Azar. Son fotografías
cotidianas, cercanas de la vida. El artista no ha colocado los elementos así a
propósito, él simplemente se ha topado con esas casualidades y las ha
fotografiado. Esta serie se ha realizado paso a paso, es el fruto de años de ir
haciendo fotografía tras fotografía. Jorge Barbi relaciona aquí arte y
naturaleza. Se nota que es un artista muy vinculado a su tierra y con un fuerte
apego a la tierra, el mismo apego que la famosa Scarlett O´Hara sentía hacía su
querida Tara en la célebre Lo que el
viento se llevó. Para Barbi donde hay vida, hay arte. Nos refleja también
que en el rincón más inhóspito de la tierra e incluso en la tontería más grande
e insignificante del mundo (como bien puede ser una cagada de gaviota) existe
arte. Este es el arte de la mirada, de contemplar todo y disfrutar de cualquier
aspecto de la naturaleza por pequeño que sea. Y es que al fin y al cabo los
detalles más pequeños de la vida son los que más nos satisfacen y los que no
puedes comprar. La primera vez que hacemos algo en la vida es fascinante y
todos pagaríamos por volver a sentirnos así. Un ejemplo de ello es cuando vemos
grandes películas del cine en blanco y negro como El crepúsculo de los Dioses, Un
tranvía llamado deseo o ¿Qué fue de
baby Jane? (esta última de la grandísima Bette Davis); películas que
siempre impactan la primera vez que se ven y nunca vuelves a tener esas
emociones.
Finalmente
querido lector, he de decirte que merece la pena ver la exposición de Jorge
Barbi, una exposición muy vitalista y cuanto menos curiosa; así que no dejes de
ir a la calle Doctor Fourquet. ¿Quién sabe cuándo volverá Barbi a exponer en la
capital?
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