"Anag-Rama"
Julia Fernández Toledano
Al llegar a la
galería Max Estrella para contemplar la
exposición Amar gana de José Ramón
Amondarain voy sola, o sola en cierta medida, ya que la biografía y la
trayectoria del artista andan revoloteando y dando tumbos por mi cabeza
tratando de comprender su obra incluso antes de pasar. Cuando entro, lo que veo
es un pasillo en cuyas paredes se encuentran las primeras obras del artista. Se
trata de una colección de imágenes impresas digitalmente sobre aluminio. En
ellas encontramos conchas, caracoles de mar y moluscos que el autor identifica
con diferentes artistas por sus formas, colores, texturas... Por ejemplo, en un
mejillón y sus barbas vemos a Anselm Kiefer, a Sonia Delanuy y su policromía en
una caracola o a Leonardo y su sfumato
en otro molusco. Esta parte me resulta especialmente curiosa y pienso en cómo
Amondarain es capaz de elaborar estos símiles. Me parece una innovadora manera de
homenajear a otros artistas y la calidad de las imágenes es realmente asombrosa.
De la segunda
sala me llama la atención la serie hecha
en poliéster que da nombre a la exposición. Voy mirando y mirando hasta que me
detengo en Dar o amar / Dora Maar. Y
es entonces, y solo entonces, después de haberlas contemplado una por una,
cuando me doy cuenta del omnipresente juego de palabras. De esos anagramas de dobles
sentidos, del juego que realiza con unas pocas letras, inmortalizando de nuevo a
diferentes figuras de la historia del arte. La magia radica en que Amondarain
va más allá, en cómo ahonda mediante las palabras. Esto me hace establecer una
conexión con el día a día: tantas veces paso por un sitio, me mandan una señal,
ocurre algo, hay algo oculto, y no me doy cuenta de nada. Dentro de este mismo
espacio, y a modo de escultura, el autor nos muestra al mismísimo MNCARS
mediante una masa informe de pintura, ya que es eso lo que contiene
esencialmente: pintura. También encontramos diferentes esculturas entre las que
llama la atención especialmente una con unos candados-calavera que recuerdan a
la muerte, que nos ahoga, angustia y “cierra” nuestra vida, y me hacen evocar
la figura y reciente exposición de Vilariño.
Del final
destacan varios cuadros aunque uno en particular me llama la atención desde el
momento que lo veo al entrar, justo en frente de mí. Decido dejarlo para el
final. El óleo sobre tela Entretacto es simplemente espectacular, un “grumo
de pintura y varias pinceladas sobre una superficie lisa”. De una calidad
prácticamente táctil, donde apreciamos todo al detalle, donde el artista se
acerca a la fotografía. Es más, parece propiamente una fotografía, llegando incluso
a adquirir una dimensión tridimensional. Una tiene que alejarse y acercarse
varias veces para situarse y saber si de fotografía, pintura o escultura se
trata. Me recuerda a esas imágenes que se veían a través de un microscopio, a
esos organismos que estudiaba en secundaria en el laboratorio de biología. Parece
ser una ampliación microscópica a color de la escultura que hay justo al lado. Sin
embargo, ahora me parece que se asemeja a un verdadero paisaje lunar y en mi
cabeza solo resuena el estribillo de la Space
oddity de Bowie.
En definitiva,
se trata de una exposición dotada de una gran coherencia conceptual y gran diversidad en las formas, donde se
mezclan diferentes artes, pareciendo difícil distinguir lo que es fotografía, o
pintura, o incluso escultura. Haciendo referencia a otra obra de José Ramón
Amondarain Verdad, bondad y belleza,
es justo eso lo que nos regala el artista en esta exposición, un auténtico
anagrama sin fin.
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