“One second I´m a Koons fan, suddenly the Koons
is me”
Crítica a la exposición de José Ramón Amondaraín, por Diego Acevedo de la Morena
La exposición
del vasco José Ramón Amondaraín se encuentra en la galería Max Estrella,
situada en el centro de Madrid. Es una muestra de obras que son un tanto
peculiares y desconcertantes. En primer lugar observamos una serie de
fotografías que muestran dos elementos cada una. En primer lugar podemos
observar una serie de moluscos, debajo de estos los nombres de múltiples
artistas. A cada concha le asigna un nombre, como si quisiera reflejar que ha
plasmado allí una serie de nombre a los cuales él admira.
A continuación, nos
encaminamos hacia una sala más pequeña. Contemplamos un cuadro un tanto
extraño. Cuesta descifrar que es. Puede parecer que son células, pero no, se
trata de la representación de los orificios existentes en la luna, esto es, sus
cráteres. Al lado de esta obra nos encontramos un pedestal en cuya superficie
se encuentra la representación del cuadro en tres dimensiones. Posteriormente
retornamos a una sal con el mismo tamaño que la primera. Hay bastantes
elementos distintos. Lo que más llama la atención es un cuadro con dos imágenes
borrosas, una de un campo y otra de una mujer desnuda. Ambas están separadas
por la frase “We were taught to look for Truth, Goodness and Beauty”, la cual
nos hace reflexionar. Tal vez con esta exposición (y en general con su obra”
Amondaraín no busca la belleza ni lo tradicional, prefiere otro tipo de arte;
aquel que le gusta a él mismo. Tal y como ha dicho en algunas entrevistas no
busca la fama ni el éxito, en sus propias palabras “Con tal de poder hacer lo que
me gusta y vivir de eso, lo considero un lujazo”. Volviendo a la exposición, el
marco que encierra la frase citada anteriormente tiene una serie de calaveras
grises de pequeño tamaño incrustadas, lo que le convierte en un elemento un
tanto espeluznante. Pero aquí no acaba la presencia de elementos fúnebres. Nuevamente
se sitúa ante nosotros un pedestal y nuevamente encontramos diminutas calaveras
grises. Sin embargo, esta vez las calaveras están sujetas por un candado, a lo
mejor como reflejo de que de la muerte no se puede escapar.
Conforme avanzamos aparece
otra serie similar a la que nos dio la bienvenida al entrar en la galería. Se
sitúa a un lado de la sala donde nos encontramos un abundante número de grandes
bloques de piedra con palabras grabadas. De nuevo tenemos nombres de personas
conocidas y a la vez anagramas. El artista y creador de la obra ha jugado con
las letras de los personajes y con su ingenio ha logrado formar composiciones
ingeniosas. De este modo podemos encontrar anagramas tan originales y curiosos
como: MONA HATOUM/OH MAMA TU NO; FRANCIS BACON/CONFISCAN BAR; ANDY WARHOL/HOLD
ANY WAR; o SALVADOR DALÍ/LORD SALIVADA. En la pared contraria hay otro bloque
de piedra más, pero este es distinto, no es cuadrado y es de color verde. Dentro
podemos leer la inscripción: JEFF KOONS/J.F.K. EN FOSO. Tal vez Amondaraín
separa a Koons del resto de ilustres puesto que para él significa más que los
demás.
En conclusión, la exposición
de José Ramón Amondaraín nos demuestra que puede manejarse en otros géneros del
arte como la escultura y la fotografía, y alejarse de la pintura, género en el
que más destaca y al que más se ha dedicado. En mi opinión, la exposición no
transmite gran cosa a aquel que no es el
artista. Amondaraín sabe porque motivos ha realizado esas obras. Ha plasmado
ahí sus gustos personales y puede que haya querido hacer un homenaje personal a
esas figuras que le han marcado. Al fin y al cabo, Amondaraín hace arte para él
mismo.
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