miércoles, 2 de octubre de 2013

Reflexión o contemplación



Reflexión o contemplación

Por Concepción Sanz Cuesta

La primera cuestión que vino a mi mente cuando salí de la galería Max Estrella, de disfrutar con la exposición de la obra del artista donostiarra José Ramón Amondarain, que lleva por título “Amar Gana” fue preguntarme, ¿Qué es el arte? y a continuación ¿Si no te gusta es que no entiendes? o ¿No entiendes por eso no te gusta?  Son cuestiones reiteradas y que frecuentemente nos rondan por  la mente, cuando admiramos una obra. La inclinación natural del observador es tratar de hallar una explicación a su significado. O adivinar la inspiración y el pensamiento del artista en la creación de la obra. Incluso a interpretar el presunto mensaje que el autor querría hacer llegar al público. Y nos olvidamos de disfrutar el momento. El trabajo de Amondarain forma parte del arte conceptual, donde el artista involucra e implica al espectador, no solo en la forma de percibirlo sino con su acción y participación. La idea prevalece sobre la realización material de la obra y sobre el proceso, al tener a menudo más importancia que el objeto en sí. Utiliza el lenguaje como soporte. Teoriza, para que el crítico, filósofo o espectador ejerza el oficio de éste. Es un ejercicio participativo desde el otro lado de la barrera del arte, desde el puesto de observación.  “Contra toda opinión, no son los pintores sino los espectadores quienes hacen los cuadros”, dijo Duchamp.

El respeto y las variaciones sobre la naturaleza y el ecologismo, con gran importancia en el arte conceptual, se ve reflejado en la primera parte de la exposición: la impresión digital de la colección conchas, con un claro guiño a los artistas, que menciona en cada una de las láminas. Así, las formas de cadenas montañosas, nos recuerda las obras del pintor chino Ni Zan, los colores brillantes de la alemana Katharina  Grosse,  las figuras geométricas del americano Brice Marden, identifican claramente algunas características de los autores , controvertidos e innovadores en su época, cuyo nombre acompaña a las catorce piezas de esta serie.

Amodarain tiene oficio de grabador, quedando plasmado en los anagramas con relieve, Amar gana, que da título a la exposición, donde la obra y las palabras son objetos con significado, es el mensaje y lo que representa el autor que menciona en su obra, renovando el lenguaje pictórico convencional. Es un juego, en el cual, el observador visualiza mentalmente el trabajo, vida, anécdotas de los personajes conocidos por lo que representa su nombre, en algunos casos, se ven reflejados en el espejo, o explica cómo crear una obra sin llegar a crearla realmente, obra incompleta. El poliéster de color verde intenso, honra la figura del polémico Jeff Koons, calificado de máximo representante del kitsch, arte considerado como una copia de un estilo existente, pasado de moda o de mal gusto.

Su obra pictórica representa el aspecto y la sustancia de la pintura como materia, en los cuadros de gran dimensión donde se aprecia una masa de pintura con vida propia, deshaciéndose  y a la vez con su mirada provocando al visitante. En la pieza “poner en el fondo”,  llama la atención el pedestal  de metacrilato goteando el líquido blanco, insinuando a los famosos goteados de la pintura de Jackson Pollock cuando decía “La pintura tiene una vida propia. Yo trato de dejar que aflore”.

La exposición tiene diálogo, se va a ver y a enteder, está viva, obliga a pensar, participar y opinar, no te deja impasible. Una reflexión sobre original y copia. Puede que eso pretenda el artista, o quizás solo sea producto de mi imaginación.

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