Reflexión o contemplación
Por Concepción Sanz
Cuesta
La primera cuestión que vino a mi mente cuando salí de la
galería Max Estrella, de disfrutar con la exposición de la obra del artista
donostiarra José Ramón Amondarain, que lleva por título “Amar Gana” fue
preguntarme, ¿Qué es el arte? y a continuación ¿Si no te gusta es que no
entiendes? o ¿No entiendes por eso no te gusta? Son cuestiones reiteradas y que frecuentemente
nos rondan por la mente, cuando
admiramos una obra. La inclinación natural del observador es tratar de hallar
una explicación a su significado. O adivinar la inspiración y el pensamiento
del artista en la creación de la obra. Incluso a interpretar el presunto
mensaje que el autor querría hacer llegar al público. Y nos olvidamos de
disfrutar el momento. El trabajo de Amondarain forma parte del arte conceptual,
donde el artista involucra e implica al espectador, no solo en la forma de
percibirlo sino con su acción y participación. La idea prevalece sobre la
realización material de la obra y sobre el proceso, al tener a menudo más
importancia que el objeto en sí. Utiliza el lenguaje como soporte. Teoriza,
para que el crítico, filósofo o espectador ejerza el oficio de éste. Es un
ejercicio participativo desde el otro lado de la barrera del arte, desde el
puesto de observación. “Contra toda
opinión, no son los pintores sino los espectadores quienes hacen los cuadros”,
dijo Duchamp.
El respeto y las variaciones sobre la naturaleza y el
ecologismo, con gran importancia en el arte conceptual, se ve reflejado en la
primera parte de la exposición: la impresión digital de la colección conchas,
con un claro guiño a los artistas, que menciona en cada una de las láminas.
Así, las formas de cadenas montañosas, nos recuerda las obras del pintor chino
Ni Zan, los colores brillantes de la alemana Katharina Grosse, las figuras geométricas del americano Brice
Marden, identifican claramente algunas características de los autores ,
controvertidos e innovadores en su época, cuyo nombre acompaña a las catorce
piezas de esta serie.
Amodarain tiene oficio de grabador, quedando plasmado en los
anagramas con relieve, Amar gana, que da título a la exposición, donde la obra
y las palabras son objetos con significado, es el mensaje y lo que representa
el autor que menciona en su obra, renovando el lenguaje pictórico convencional.
Es un juego, en el cual, el observador visualiza mentalmente el trabajo, vida,
anécdotas de los personajes conocidos por lo que representa su nombre, en
algunos casos, se ven reflejados en el espejo, o explica cómo crear una obra
sin llegar a crearla realmente, obra incompleta. El poliéster de color verde
intenso, honra la figura del polémico Jeff Koons, calificado de máximo representante
del kitsch, arte considerado como una copia de un estilo existente, pasado de
moda o de mal gusto.
Su obra pictórica representa el aspecto y la sustancia de la
pintura como materia, en los cuadros de gran dimensión donde se aprecia una
masa de pintura con vida propia, deshaciéndose
y a la vez con su mirada provocando al visitante. En la pieza “poner en
el fondo”, llama la atención el
pedestal de metacrilato goteando el
líquido blanco, insinuando a los famosos goteados de la pintura de Jackson
Pollock cuando decía “La pintura tiene una vida propia. Yo trato de dejar que
aflore”.
La exposición tiene diálogo, se va a ver y a enteder, está
viva, obliga a pensar, participar y opinar,
no te deja impasible. Una reflexión sobre original y copia. Puede que eso
pretenda el artista, o quizás solo sea producto de mi imaginación.
No hay comentarios:
Publicar un comentario