miércoles, 9 de octubre de 2013

Bailar con pies de azar.

Lola Martínez Velacoracho.


   Puede parecer que todos somos capaces de hacerlo, que todos lo hemos hecho. Todos hemos sido niños y hemos salido una tarde al campo y hemos llegado a casa cargados de objetos encontrados, de tesoros que guardar en una vieja caja de hojalata que en ocasiones anteriores había sido destinada a guardar esos otros tesoros que eran las pastas caseras que se reservaban para las visitas. También de niños, y de mayores todavía, hemos jugado a buscar figuras en las nubes y a esperar a ver en qué se convertían, como hacía el personaje de Juan Luis Galiardo en la película Familia de Fernando León de Aranoa. Y seguro que incluso, nos puede parecer que somos unos artistas cada vez que encontramos algo curioso, excitante o freaky y le hacemos una foto para ponerle un filtro y colgarla inmediatamente en Instagram. Para que así todo el mundo contemple nuestro gusto exquisito por lo exótico, nuestra curiosa visión de los objetos cotidianos o nuestra capacidad asombrosa por saber ver una realidad que a los demás se les escapa…
   Y eso podría parecer la exposición Señales de humo de Jorge Barbi, fotografías tomadas por cualquiera de nosotros con una cámara de móvil. Imágenes que la “chiripa” te brinda para que tú te apoderes de ellas. Pero detrás de la exposición de la Galería Bacelos hay un método, un sistema, una pasión por el encuentro del accidente, de la casualidad. La disciplina del paseo como rutina de trabajo, de búsqueda. La obsesión por el encuentro, por observar cómo la naturaleza, el tiempo, la vida y las personas deformamos y reformamos las cosas, los lugares, los rincones. Ya dijo Ovidio: "La casualidad siempre es actual; ten echado tu anzuelo. En el remanso donde menos lo esperes, estará tu pez”. Y Barbi lleva a casi proceso científico el catalogar “sus peces”; por producto de la necesidad, producto del juego y producto del azar. Y así deja constancia de sucesos finitos, haciendo poesía de lo efímero, dejando que los objetos cuenten historias para las que no fueron diseñados. Como el propio autor dice: "Más que sacar el jugo de las cosas busco destilar la esencia de los elementos que utilizo. Soy un paseante que recoge cosas pero detrás de cada una de las series que realizo hay años de trabajo y reflexión".
   Entonces tú te preguntas qué estás viendo, por qué esos objetos aparentemente cotidianos te llevan a lugares a lo que nunca antes te habían llevado, por qué todo empieza a tomar una dimensión de juego, de sueño, de divertido retorcimiento de la realidad en la que entras sin problemas y hace que quieras más. Y de pronto has caído en sus redes, estás seducido. "Seducido por lo real".  
   Y uno se plantea si entonces es el artista el que hace la magia o la magia está. Y que siendo la naturaleza la maga, qué hacemos los demás mortales que no vemos nada. Y que si uno vive en el mismo mundo que Barbi por qué la casualidad en forma de obra de arte no se cruza en nuestro camino. Quizás el secreto está en lo que dijo Friederich Nietzsche: "Librar todas las cosas de la servidumbre de un fin. En las cosas encuentro yo esta seguridad bienaventurada; Que todas bailan con pies de azar".

   Por lo tanto, en ello basa Barbi su trabajo en los objetos encontrados, en su misterio y su poesía, en los paseos sin tregua, en la recolección. Ya lo dice él: "En la vida llega un momento en el que hay que olvidarse de todo lo que rodea al mundo del arte y dedicarse a hacer lo que quieres hacer".

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