Crítica
a la exposición de José Ramón Amondarain, por Carlos Lorenzo Mouronte
En
la Antigüedad Clásica las personas creían en la existencia del alma, la cual no
solo iba al Hades sino que también podía ser condenada o no según los actos
conllevados en vida. Según la mitología nórdica y germánica, la muerte era el
mayor de los honores ya que lucharías y beberías con los dioses en el palacio
de Thor, el Valhalla, situado en la ciudad de Asgard gobernada por Odín. En
cada cultura, cada religión, cada etapa de la historia, ha habido un respeto
por la muerte y una necesidad de seguir adelante. En la exposición de José
Ramón Amondarain llamada Amar gana
situada en la galería Max Estrella podemos ver la intención del artista de
plasmar en una imagen el “alma abstracta” de sus obras.
Esta
exposición nos sumerge en un caos de hiperrealismo y surrealismo que confluyen en un mismo nivel. En uno de los cuadros podemos ver una masa uniforme que nos
recuerda a la creación del mundo según la mitología griega y romana, donde al
principio todo era Caos y no existía ningún orden. El artista crea una relación
con su otro lienzo donde podemos ver un relieve de formas sinuosas y alargadas
que recuerdan al río Estigia donde todas las almas de los muertos eran
conducidas hacia el Hades. Nos muestra y nos explica como las personas, aún cogiendo
caminos diferentes, acabamos en un mismo punto tarde o temprano. Esta serie
transmite un desorden en el interior del artista donde sus pensamientos surgen
desordenada y alborotadamente y luchan por salir. Podemos ver como la escultura
y la fotografía se convierte en su mejor baza con una técnica pictórica que
permite crear una profundidad asombrosa e increíble llegando a simular las tres
dimensiones.
Otra
colección llamativa son las tablillas de yeso donde se ve la composición de
distintas frases sacadas de los nombres de distintos artistas famosos que ha
habido durante la historia. La falsa identidad y la hipocresía son reflejadas
en estas tablillas donde vemos que esas frases no tienen que ver con el
artista. Con esta serie nos descubre el mundo en sí, desnudo, impuro, frágil. Nos
enseña la realidad de las cosas donde nada es lo que parece y a su vez, es la verdad
más pura y dolorosa. También nos muestra el arte, el cual es un enigma que se
forma en nuestra mente y el cual solo la imaginación podrá resolver. Una piedra
que esconde multitud de secretos. Negra, como la oscuridad de la ignorancia
pero misteriosa como el universo que la envuelve.
¿Cuán
profundo puede ser un agujero? Esa es la pregunta que nos hacemos mientras
observamos una vasija de cerámica. La imaginación, ese elemento perdido por la mayoría
de los hombres nos abre múltiples puertas a diferentes posibilidades. Frutas,
verduras, agua, vino, o simplemente nada. Tantas son los resultados de esta ecuación
que fascina con solo observar su interior. Poco a poco vamos avanzando hacia un
cuadro fotográfico y un pilar, los cuales están vinculados entre sí. En el cuadro llegamos a leer una frase: “We were taught to look for Truth, Goodness and
Beauty”. De
nuevo, el artista nos demuestra una característica del mundo, el materialismo. Nos
condenamos a una búsqueda casi imposible en la que nunca seremos felices. Vive la
vida. Ese es el mensaje que nos transmite y el cual nos hace reflexionar.
El
mar. Un inmenso charco de agua salada donde vive la mayoría de la fauna marina.
De esta fauna trata su última colección. Conchas. Nos muestra que algo tan
insignificante puede llegar a parecerse tanto a nosotros con sus formas y
colores.
No hay comentarios:
Publicar un comentario